Aragón guarda celosamente pueblos preciosos, donde la geografía se torna salvaje y la piedra caliza se funde contra el verdor de los valles. A poco más de una hora de Zaragoza, escondido en el fondo de un valle de la comarca del Campo de Daroca, se alza Anento. Mientras los viajeros se decantan por destinos del norte o satura las calles de la cercana e imponente Daroca, este pequeño pueblo de apenas cien habitantes se mantiene protegido de las miradas indiscretas. Y en sus calles, casi da la sensación de que el tiempo ha decidido pasar de largo sin hacer ruido.

Como sucede con la comarca de Matarraña, en esta pequeña localidad la acción del ser humano ha sabido convivir en relativa armonía con la naturaleza. Catalogado oficialmente como uno de Los Pueblos Más Bonitos de España, este rincón aragonés es un laberinto de fachadas de colores arcillosos y ocres que se funden con la tonalidad de los acantilados que lo cobijan. Si buscas una escapada auténtica que te desconecte del mundo real y te sumerja en un entorno medieval, Anento es el destino que estabas buscando.

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Qué ver en Anento

En Anento la belleza más pura se encuentra en sus calles empedradas, donde los vecinos han decorado con mimo cada esquina con macetas repletas de flores que contrastan con los tonos rojizos y terracotas de las fachadas.

Una parada obligatoria es la Iglesia de San Blas, un templo de origen románico levantado en el siglo XIII que destaca por la sobriedad de su arquitectura y por las sucesivas ampliaciones góticas y mudéjares que enriquecieron el edificio con el paso de los siglos. Sin embargo, su mayor tesoro se encuentra en el interior: el espectacular retablo mayor dedicado a San Blas, la Virgen de la Misericordia y Santo Tomás Becket.

Datado en el siglo XV y atribuido al maestro Blasco de Grañén, una de las figuras más destacadas de la pintura gótica aragonesa, está considerado uno de los retablos góticos más importantes de Aragón. Su extraordinaria riqueza cromática, la delicadeza de sus detalles y sus imponentes dimensiones justifican por sí solos la visita a Anento, pues resulta asombroso descubrir una obra de semejante valor artístico en una iglesia de apariencia tan modesta.

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Miguel Sotomayor//Getty Images

Para los amantes de la historia y las panorámicas de vértigo, la subida al Castillo de Anento es un recorrido imprescindible. Situado en lo alto del cerro que domina el valle, los restos de esta fortaleza del siglo XIV nos hablan de la época en la que el pueblo era una plaza fuerte fronteriza durante la Guerra de los Dos Pedros, un combate que tuvo lugar entre las coronas de Aragón y Castilla.

Aunque el tiempo ha hecho mella en su estructura, todavía se conserva parte de su muralla, sus fosos excavados en la roca y la torre del homenaje. Desde este punto la vista del pueblo se despliega ante nosotros. Al fondo, la inmensidad del valle cerrado por las montañas, convierten el paisaje en una de las postales más sobrecogedoras del interior de Aragón.

Sin embargo, el verdadero icono y el rincón más mágico de la localidad se encuentra extramuros: el sendero que conduce al Aguallueve. Se trata de un espectacular manantial subterráneo que brota de forma a través de las paredes de roca caliza y crea un curioso microclima húmedo.

El agua cae en forma de fina lluvia sobre una gran balsa, dando vida a un tapiz kárstico cubierto de musgo, helechos y pequeñas grutas interiores que parecen el hogar de criaturas mitológicas. Es un paseo circular, llano y apto para todos los públicos, que parte desde el propio casco urbano y que no te arrepentirás de realizar.

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Dónde comer cerca de Anento

En este rincón zaragozano, la gastronomía se basa en el recetario tradicional aragonés, donde las carnes de pasto, las verduras de la huerta del Jiloca y los guisos reconfortantes se cocinan sin florituras Y no es por falta de técnica, sino porque no las necesitan, pues aquí se trabaja con una materia prima extraordinaria.

Para disfrutar de una comida reparadora, lo mejor es acercarse hasta Daroca. Uno de nuestros sitios favoritos allí es el restaurante de la Posada del Almudí. Situado en pleno corazón histórico del municipio, este restaurante ocupa un magnífico edificio del siglo XV que conserva todo el encanto de la villa medieval. Su ambiente acogedor se complementa con un servicio cercano y familiar, de esos que hacen sentir al viajero como en casa desde el primer momento.

La propuesta gastronómica apuesta por el producto de proximidad y los sabores de la comarca, sirviendo una cocina casera elaborada con esmero. En sus menús, no faltan platos tan deliciosos como los pimientos del piquillo con chipirones, la berenjena asada, las ensaladas de ahumados o de codorniz escabechada, y carnes tan sabrosas como las carrilleras estofadas, el jarrete o el solomillo de cerdo en salsa de longaniza.

Los postres merecen una mención especial: la tarta de queso y los yogures caseros conquistan a todo aquel que los prueba. La relación calidad-precio, el trato amable de los propietarios y la cuidada atención al detalle convierten este establecimiento en una parada muy recomendable para quienes desean descubrir la gastronomía tradicional aragonesa en un entorno cargado de historia.

Qué comprar cerca de Anento

Muy cerca de Anento, en la histórica Daroca, se encuentra una de esas paradas que ningún amante de la gastronomía debería pasar por alto. La Pastelería Manuel Segura es un auténtico templo del dulce tradicional, con un escaparate repleto de especialidades artesanas que convierten la elección en una tarea imposible.

Su producto más emblemático es la almojábana, uno de los dulces más representativos de la localidad. Elaborada siguiendo la tradición de la zona, se ha convertido en el recuerdo gastronómico por excelencia para quienes visitan este rincón de Zaragoza y desean llevarse a casa un pedazo de su identidad culinaria. Junto a ella destacan también las populares rosquillas de Daroca, perfectas para compartir en familia o acompañar un café.

La variedad es otro de los grandes atractivos de la pastelería. Entre sus elaboraciones más valoradas se encuentran propuestas como el bizcocho de coco, de textura tierna y su sabor equilibrado, así como creaciones que combinan ingredientes tradicionales como la almendra, la yema o el chocolate. Cada visita invita a descubrir nuevos sabores y a dejarse sorprender por una larga trayectoria dedicada a la repostería artesanal.

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Cortesía de la Pastelería Manuel Segura

Dónde dormir cerca de Anento

Para dormir, volvemos a la cercana Daroca, a la Posada del Almudí: un reformado edificio del siglo XV, que combina el encanto de la arquitectura histórica con las comodidades que busca el viajero actual. Sus habitaciones, amplias, luminosas y cuidadosamente mantenidas, destacan por su limpieza y confort, ofreciendo un espacio perfecto para descansar tras recorrer las calles medievales y el patrimonio monumental de la ciudad.

A pesar de encontrarse en el centro histórico, el entorno es sorprendentemente tranquilo, lo que contribuye a una estancia relajada y agradable. Además, el trato es cercano, familiar y atento, y el desayuno, abundante y variado. Sin duda, merece la pena pasar la noche aquí y, por qué no, aprovechar para visitar la bella Daroca.