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Cuando nuestros hijos se independizan, nos enfrentamos a ciertas cuestiones. Para empezar, ¿qué hacemos con la casa? ¿Nos mudamos al campo o seguimos en la ciudad? ¿Cómo encontrar una vivienda lo bastante pequeña para dos personas, pero con espacio de sobra para recibir a nuestros hijos y amigos? Los clientes de la interiorista británica Lucy Cunningham eran un mar de dudas cuando decidieron contactarla. "Sabían que no querían comprar una casa enorme en la que acabaran sintiéndose perdidos, pero necesitaban sitio suficiente para que sus tres hijos pudieran venir a quedarse", cuenta.
A pesar de que los tres hijos de la pareja eran todavía adolescentes, no querían mudarse varias veces en poco tiempo, sino que preferían pensar ya en el momento en que los chicos volaran del nido. Tras ver algunas opciones, encontraron una granja en ruinas que había formado parte de una antigua finca en West Sussex, unos de los condados más famosos y codiciados de toda Inglaterra. "Era preciosa y aislada, con vistas de 360 grados sobre campos y prados abiertos", recuerda Lucy Cunningham. Era una casa con potencial para convertirse en un escenario de Orgullo y prejuicio, la serie basada en el libor de Jane Austen que Netflix estrena este otoño.
La reforma integral también incluyó el paisajismo, con una piscina en el patio
Aunque el entorno era espectacular y se trataba de una casa catalogada, la propiedad al completo precisaba una restauración profunda. "Todo se estaba cayendo a pedazos. La casa necesitaba ventanas nuevas, puertas nuevas y un tejado nuevo", confiesa Lucy Cunningham. Para devolverle su esplendor original y conservar su carácter en medida de lo posible, los clientes contrataron al arquitecto Ian Adam-Smith."Tuvimos que mover escaleras y añadir una gran ampliación de cocina con puertas Crittall para aprovechar esas vistas tan amplias", detalla la interiorista.
La reforma integral también afectó al paisajismo. Para empezar, se añadió una piscina en el patio. A continuación, se cambió la ubicación del camino de entrada, y, por último, el equipo excavó el talud que había detrás de la casa y que proyectaba sombra sobre la propiedad, bloqueando buena parte de la luz natural. "Al retranquear ese desnivel, conseguimos meter mucha más luz en la casa sin tocar el edificio en sí", expone Lucy Cunningham.
Durante todo el proceso, los clientes vivían en una casa de alquiler decorada en tonos neutros, lo que apenas dejaba pistas sobre sus gustos reales, así que Lucy Cunningham tuvo que investigar a fondo qué visión tenían realmente para el inmueble. El encargo, resume, era "crear ese equilibrio agradable entre historia y autenticidad, combinado con elementos nuevos que hicieran cómoda la vida moderna". La casa terminada debía tener "sanitarios tradicionales y un dosel a media altura, pero también un sistema de iluminación ultrasofisticado".
Los cuadros que pintó una de las abuelas de la familia guiaron la decoración
Lucy Cunningham comenzó haciendo inventario de los muebles de sus clientes, decidiendo qué piezas conservar y cuáles retapizar para la nueva casa. A partir de ahí fue situando cada cosa en los planos y en la distribución de cada estancia. "Lo maravilloso, además, es que una de las abuelas de la familia era pintora, así que llegaban al proyecto con todo este arte increíble que habían heredado", añade. Esas pinturas se convirtieron en piezas clave dentro de los distintos ambientes, guiando la decoración.
Hubo, claro, un obstáculo añadido: "Desnudamos la casa por completo, así que teníamos que asegurarnos de que nada pareciera demasiado nueva o plana", dice la interiorista. Por suerte, los clientes tenían muchas ganas de llenar la casa de color y estampados, así que Lucy Cunningham pudo hacer lo que mejor sabe hacer: espacios acogedores y llenos de capas. "Usamos mucho papel pintado y machihembrado para que todo se sintiera cálido y confortable en medio de tanta obra nueva". Además, se instalaron suelos de madera recuperada, una herrería cuidada para las barras de cortina y los tiradores de puerta, y textiles antiguos por toda la casa.
La casa cuenta con varias salas de estar donde los tapizados marcan el tono
"Hay varias salas de estar en este proyecto, y ha sido muy divertido darle a cada espacio su propia personalidad", declara Lucy Cunningham. En el estudio, por ejemplo, el hueco bajo el ventanal se aprovechó para instalar un rincón de lectura, con un banco tapizado en tela de Jasper at Michael Smith. A continuación, un antiguo escritorio de madera invita a teletrabajar o estudiar en un ambiente de calma y sosiego.
En el salón principal, los protagonistas de la zona de TV son el sofá rinconera con tapizado a rayas blancas y rojas –en una tela Le Gracieux de Tissus d'Hélène–, y el reposapiés tapizado en tonos verdes con el modelo Toledo de Carlos García. Por otro lado, en el salón de recepción, los grandes ventanales inspiraron una paleta pensada para acompañar esa luz, rematada con un puf tapizado en tela de Colefax and Fowler.
El resto de la actual casa mantiene ese tono clásico y nostálgico: las paredes de la cocina están empapeladas con el modelo Wallflower Woad de William Morris, sobre un suelo de piedra caliza de Panoramics y una alfombra sueca antigua de Lorfords; en la despensa, la carpintería se pintó en el tono Mason Pink de Edward Bulmer, y en la trascocina domina el verde Card Room Green de Farrow & Ball. Y es que de la granja en ruinas que Lucy Cunningham y Adam-Smith heredaron queda, hoy, muy poco. Tan solo las vistas de 360 grados sobre los prados, que nunca dejaron de ser el verdadero punto de partida del proyecto.
















