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Aunque muchos propietarios afrontan una reforma con la intención de darle un toque contemporáneo a sus casas, otros prefieren recuperar el encanto de épocas pasadas y hacer que lo mejor de ayer y hoy convivan en perfecta armonía. Este es precisamente el reto que asumió el equipo de Ozerova Studio al hacerse cargo de este proyecto.
Ubicado en el histórico barrio de Zamoskvorechye, este piso forma parte de un complejo residencial de Moscú con varios edificios y zonas comunes, entre las que se encuentran jardines privados, cenadores y parques infantiles. Un magnífico enclave que combina tranquilidad, numerosos servicios y excelentes comunicaciones con el resto de la ciudad.
Diálogo entre historia y modernidad
La vivienda, de 78 metros cuadrados, forma parte de un conjunto de edificios construidos en la década de 1930 según los principios de la arquitectura posconstructivista, un estilo que combina elementos clásicos, como columnas y cornisas, con estructuras modernas y asimétricas. A partir de este contexto, la decoradora Svetlana Ozerova desarrolló un interior basado en una paleta cromática de tonos claros y medios, materiales naturales y piezas de líneas discretas y elegantes.
"El objetivo principal del proyecto fue crear un interior elegante con una atmósfera atemporal, delicada y acorde con el espíritu del lugar", explican desde el estudio de interiorismo. Un reto que obligó a replantear la distribución de la vivienda e hizo necesario resolver importantes desafíos estructurales durante todo el proceso de reforma.
"Inicialmente, el piso tenía una distribución diáfana, pero presentaba importantes limitaciones derivadas de una columna portante y pilastras con capiteles de hormigón armado, así como por la disposición de las instalaciones técnicas. Además, tuvimos que trabajar con techos bajos, luchando por cada centímetro a la hora de diseñar el sistema de ventilación y aire acondicionado", afirma Svetlana Ozerova.
La simetría como hilo conductor del proyecto
A la hora de crear la nueva distribución de la vivienda, el estudio de interiorismo se basó en el método de diseño axial, según el cual los diferentes espacios se organizan en torno a una línea imaginaria o eje central. "Todas las estancias tienen un eje de simetría que conduce hacia la luz o hacia algún elemento que invita a la contemplación, y todas tienen una forma regular", explican.
Este planteamiento se percibe desde el primer momento, pues en el recibidor se instalaron unos armarios empotrados simétricos. Lacados en un intenso color burdeos, como gran parte de las paredes, ofrecen mucho espacio para guardar en su interior, al tiempo que integran también la lavadora y la secadora. La estancia se ha equipado además con un espejo frente a la puerta de entrada que amplía visualmente los metros y lámparas ahumadas acanaladas.
Desde el vestíbulo se abre un pasillo luminoso y pintado en colores más serenos y relajados. Un espacio doméstico y tranquilo, desde el que se tiene acceso a distintas estancias del piso, como el salón y la cocina. Otro armario empotrado resuelve las necesidades de almacenaje, mientras que una consola y varios cuadros ponen la nota más decorativa.
Zonas de día independientes pero bien conectadas
A la izquierda del acceso a la vivienda, unas puertas correderas de doble hoja con cristal estriado marcan la transición hacia el luminoso salón, el espacio más amplio de la casa. Orientado hacia la ventana, unas cortinas de lana fría en una suave tonalidad mantequilla se encargan de reflejar la delicada luz del día cuando el sol se abre paso entre las nubes.
El salón se organiza de forma muy funcional, con el mueble del televisor –con módulos suspendidos y baldas de distinto tamaño para libros y elementos decorativos– frente al sofá en blanco roto. Perfectamente delimitada por una alfombra, la zona de asientos se completa con dos elegantes butacas, en verde botella y marrón oscuro, que añaden una nota de color y convierten este ambiente en el lugar perfecto para recibir a familiares y amigos y mantener agradables conversaciones.
Además del elegante suelo de madera en espiga, llama la atención del salón la lámpara de araña de cristal blanco y el piano situado junto a la apertura al exterior. Una lámpara de pie situada a su lado crea la iluminación adecuada para tocarlo cuando cae la tarde. "Según los comentarios de la clienta, de momento lo único que apetece hacer en el salón es contemplar el interior, de lo fascinante que ha quedado", comenta Svetlana Ozerova.
Una doble puerta conduce hasta el acogedor comedor con las paredes pintadas en un color gris verdoso. Una mesa redonda con cuatro sillas y un aparador con fondo de espejo e incrustaciones de raíz de álamo, creado para el proyecto a partir de prototipos de muebles similares de la década de 1930, amueblan la estancia. Sobre la mesa cuelga una delicada lámpara inglesa de porcelana, que recuerda a las tradicionales pantallas de tela.
El comedor puede comunicarse con la cocina o independizarse de ella gracias a otra doble puerta corredera de cristal que, una vez abierta, queda completamente oculta en los tabiques. Así, la luz natural fluye hasta la cocina, pese a no disponer de una ventana propia. La cocina también conecta directamente con el pasillo central de la vivienda a través de un singular hueco redondeado.
Con un vistoso suelo bicolor y una distribución en paralelo, la estancia se ha equipado con armarios de suelo a techo en un tono gris bastante oscuro, mientras que unos cajones chapados, ideales para guardar especias o pequeños utensilios de cocina, se encuentran bajo los módulos superiores. La encimera fabricada en madera de un intenso tono coñac y nogal fue una petición expresa de los propietarios.
La intimidad del hogar
La vivienda cuenta con un único dormitorio, conectado a un vestidor al que se accede desde el salón. Ambas estancias están decoradas en tonos piedra que crean una atmósfera muy relajada. En la zona de descanso, la cama está enmarcada por armarios empotrados que albergan dos prácticas hornacinas que hacen las veces de mesitas de noche. Frente a la cama hay una cómoda con inserciones de chapa de haya, también diseñada al estilo del mobiliario de los años 30 para este proyecto.
Finalmente, desde el pasillo se accede también a dos cuartos de baño que reciben luz natural gracias a las inserciones en la parte superior de las puertas. El más pequeño está destinado a los invitados –se ha incluido una pequeña bañera a petición de la propietaria– y el más amplio organiza sus funciones en tres áreas diferenciadas: una con el lavabo y el espejo, otra con la ducha y una tercera destinada al inodoro.
La personalización fue una de las grandes prioridades del proyecto. Las puertas pintadas a mano se diseñaron expresamente para la vivienda, al igual que buena parte del mobiliario: los armarios de cocina, los armarios empotrados, el mueble del salón o el bajolavabo. Los propietarios, una pareja culta y de gran sensibilidad, completaron el interior con una cuidada selección de obras de arte repartidas por todo el piso. El resultado es un hogar refinado y elegante, capaz de recuperar el espíritu del lugar sin renunciar a las necesidades de la vida contemporánea.



















