Cuando una hija cumple dieciséis años, la casa que servía para la infancia empieza a quedarse pequeña, no en metros, sino en formas de habitarla. Madre e hija necesitan compartir tiempo y mesa, pero también disponer cada una de su propio territorio. De esa doble exigencia, vida en común y autonomía, nace Casa Kanela, una reforma integral planteada para una familia de dos en la que conviven una gran zona social y dos dormitorios en suite independientes.

El proyecto, firmado por el estudio Irantzu Hurtado Interiorismo, perseguía dividir la vivienda en dos grandes áreas sin que ninguna perdiera luz natural ni amplitud. Así, la organización se apoya en espacios abiertos y conectados, con la luz como elemento que ordena el recorrido. Entre la vida social y el refugio privado, un arco de medio punto funciona como pieza de transición, una frontera amable que separa sin cerrar.

salón con papel pintado con motivos en espiga y salida a la terraza
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Claves de la reforma: abrir espacios y priorizar la luz natural

La intervención reorganiza la planta en torno a dos usos bien diferenciados. En la zona de día se ha levantado un gran núcleo social que une el salón con la cocina-comedor, sin tabiques ni barreras visuales que resten amplitud. Los grandes ventanales dejan entrar la luz a raudales y, desde el propio recibidor, ya se intuye la vista al mar que preside el salón. Dos terrazas con orientaciones distintas amplían la sensación de espacio y acompañan el paso de las horas.

Buena parte del carácter de la casa está en los materiales. La madera de roble recorre los pavimentos de toda la vivienda y brinda continuidad de una estancia a otra, además de protagonizar el mobiliario a medida, desde el frente de cocina hasta el mueble del salón. La paleta se mueve en tonos neutros y arena, con papeles pintados de texturas orgánicas –el motivo de espiga del salón, de Casamance, es uno de los más llamativos– que añaden profundidad a las paredes.

En la cocina se han elegido encimeras de gran formato que refuerzan esa idea de superficies limpias, sin juntas a la vista. En los baños, en cambio, el revestimiento cerámico de pequeño formato se dispone en vertical para ganar altura visual. Es una casa de gestos medidos, donde los materiales nobles hacen el trabajo y la decoración se mantiene serena.

Recibidor, salón y cocina abierta al comedor

El recibidor adelanta el tono del resto de la casa. Desde él se aprecian las distintas zonas de la vivienda y esa vista al mar que tira del recorrido hacia el salón. Una consola de chapa de hierro, una lámpara de sobremesa de pie latonado y un cuadro abstracto en tonos verdes, de Bazar Bilbao, dan la bienvenida sin recargar la entrada.

El salón se organiza alrededor de piezas de diseño clásico-moderno. La chaise longue LC4 de Le Corbusier convive con un sofá de líneas contemporáneas en tonos crudos de Kave Home, mientras las mesitas auxiliares de Kave Home y Aromas del Campo y un gran puf a rayas en negro, blanco y arena, de Bazar Bilbao, cierran la composición. Una alfombra XL reúne la zona de lectura con el estar y da unidad al conjunto.

Sobre esa base neutra, los textiles de patrones geométricos, de Gastón y Daniela y Güell Lamadrid, y un par de obras abstractas con pinceladas en amarillo mostaza y negro agregan los pocos golpes de color del conjunto. La luz técnica empotrada se combina con piezas más decorativas, como el ventilador de aspas de madera de nogal y las lámparas de sobremesa con base de cerámica de Aromas del Campo. Por último, una de las paredes va revestida con el papel de textura espiga de Casamance.

cocina con isla y mesa de comedor integrada
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En la cocina con isla central, funcional y contenida, todo gira en torno a un gran bloque de trabajo en tonos neutros que suma, en uno de sus lados, taburetes de cuero trenzado para las comidas informales. Las columnas de madera esconden los electrodomésticos y mantienen una imagen limpia que enlaza con el comedor anexo. A través de una de esas columnas se accede a una zona independiente de lavandería y plancha, resuelta en los mismos tonos topo y madera de nogal de la carpintería.

Dos suites independientes con baño propio

La parte privada se reparte en dos suites amplias, pensadas para que madre e hija tengan cada una su espacio. El dormitorio principal destaca con un cabecero de lino a rayas grafito y crudo, diseñado por el estudio con tela de Bárbara Osório, que cruza la pared de lado a lado y levanta la altura visual de la habitación. El papel texturizado de Coordonné viste el resto del dormitorio, donde las mesitas y el banco son de Kave Home y los textiles, de Zara Home y Linatura.

dormitorio con cabecero con tapizado a rayas
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El propio dormitorio integra una bañera exenta frente a la cama, con hornacinas iluminadas que conciben un rincón de relax, y una zona de tocador que también actúa como escritorio según las necesidades. El baño se reviste de microcemento en color natural y se equipa con un mueble de madera de nogal de líneas limpias y un lavabo circular de piedra que aporta peso y carácter al conjunto.

La suite de la hija adolescente sigue la misma línea, con un punto más desenfadado. El papel pintado texturizado de Coordonné envuelve toda la estancia y acompaña a un cabecero de lino blanco de Linatura, vestido con cojines y plaids de la misma firma. Los armarios a medida son diseño del estudio, y las piezas auxiliares, de Kave Home y Zara Home. Su baño, de aire orgánico, es de los espacios más personales de la vivienda. Combina una cerámica de aspecto artesanal en las paredes, un techo en verde militar que actúa como punto focal y un suelo cálido de madera. El mueble de baño en verde suave, con lavabo encastrado, remata la estancia y le da continuidad cromática.

Recorre este piso de estilo sereno con terraza y vistas al mar
recibidor con consola negra y dos mesas auxiliares en color terracota

Entre la arquitectura interior y el mobiliario, Casa Kanela se perfila como una vivienda luminosa, funcional y de elegancia tranquila, en la que madre e hija pueden estar juntas o cada una a lo suyo, según el día.