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Patrick Zwetsloot llevaba una década trabajando en el sector inmobiliario de Barcelona, pero sentía que le faltaba algo, y ese algo era su propio hogar. La búsqueda le llevó hasta el Carrer del Clot, una calle peatonal que linda con el parque de las Glòries. Allí encontró un edificio de 1910 que conservaba esa elegancia típica del modernismo catalán: fachada señorial y elementos originales que prometían una base sólida para el proyecto que tenía en mente. Los 86 metros cuadrados del piso se presentaban como el lienzo perfecto para crear un hogar a su medida, en compañía de su pareja Masha. Y así fue.
Patrick asumió personalmente el diseño, los planos, la selección de materiales y el interiorismo, mientras que la construcción corrió a cargo de GBARQ. La experiencia de ponerse en la piel del cliente final, después de años trabajando para otros, le otorgó una perspectiva completamente nueva. ''Cuando es tu propia casa, cada decisión cobra otro sentido''.
La reforma respetó escrupulosamente la personalidad del edificio centenario. Las puertas interiores de doble hoja, con sus vitrales de colores, fueron restauradas conservando toda su autenticidad. Asimismo, los techos altos lucen las vigas de madera originales y la bóveda catalana, esta última pintada en blanco para potenciar la luminosidad natural que entra por las dos orientaciones del piso. En cuanto a la carpintería exterior, se renovó completamente para garantizar un mejor aislamiento y una estética coherente con el conjunto de la reforma.
La distribución, abierta en la zona de día, aprovecha al máximo la doble orientación y potencia la luminosidad natural
Uno de los mayores aciertos del proyecto fue mantener los suelos hidráulicos originales en el recibidor y la cocina, donde conviven tres diseños distintos con sus dibujos y colores característicos. Esta decisión, lejos de crear caos visual, aporta personalidad y conecta cada estancia con la historia del edificio. Para el resto de la vivienda, Patrick optó por suelos de madera natural de roble que agregan calidez y uniformidad.
La cocina de diseño abierto y con isla central en cascada, se convirtió en uno de los espacios más cuidados. Destaca la encimera de mármol Taj Mahal que combina elegancia y funcionalidad, en contraste con los armarios de madera y los taburetes de fibras naturales.
El interiorismo refleja ese gusto mediterráneo que tanto seduce a los extranjeros que eligen Barcelona como hogar. La mesa de comedor de madera maciza se convierte en el corazón de la zona de día, mientras que las obras de arte seleccionadas incluyen dos cuadros de Kave Home y piezas de artistas locales barceloneses. El papel pintado con motivos botánicos en uno de los despachos, también obra de un creativo local, añade interés a la pared y rompe con el blanco predominante.
Los espacios de almacenaje se resolvieron con armarios en suite a medida y despachos integrados que optimizan cada metro cuadrado sin renunciar a la funcionalidad
Los baños siguen una línea contemporánea con muebles suspendidos y encimeras en blanco mate
Constructores y ejecución de obra: GBARQ. Diseño, planos, materiales e interiorismo: Patrick Zwetsloot.































