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Durante años permanecieron escondidas en armarios y aparadores junto a vajillas heredadas que solo salían a la luz durante reuniones familiares. Sin embargo, igual que ocurrió con las jarras de cerámica, las tablas de madera maciza o las hueveras vintage, las mantequilleras han encontrado una nueva vida dentro de las cocinas contemporáneas. Lo que antes era un objeto puramente funcional se ha convertido en un pequeño detalle capaz de aportar carácter a una encimera y elevar la estética de cualquier desayuno, brunch o mesa improvisada de domingo.
Quizá tenga mucho que ver con la forma en la que hemos vuelto a mirar la cocina. Ya no es solo el lugar donde se prepara la comida, sino también un espacio que se fotografía, se comparte y se decora casi con el mismo cuidado que el salón. En ese regreso de los objetos cotidianos con encanto, Primark Home acaba de lanzar varias mantequilleras que parecen confirmar una tendencia cada vez más visible: el gusto por esos accesorios sencillos que convierten los gestos más cotidianos en algo especial.
El regreso de los desayunos lentos
Las mantequilleras forman parte de una época en la que el desayuno era casi un ritual. Durante décadas ocuparon el centro de las mesas familiares, acompañando tostadas, bizcochos caseros y mermeladas preparadas en casa. Su presencia era tan habitual que prácticamente todas las cocinas contaban con una, normalmente de cerámica, vidrio o porcelana decorada.
En los últimos años, las redes sociales han contribuido a recuperar esa imagen y a dejar atrás el tarro o el envoltorio original de la mantequilla. Quizá tenga que ver con el éxito de perfiles como @ballerinafarm, donde la cocina vuelve a ocupar el centro de la casa y las elaboraciones hechas desde cero forman parte del día a día. Viendo sus panes recién horneados y sus recetas familiares resulta fácil pensar que la mantequilla también merece algo mejor que quedarse escondida en la nevera. Al final, una mantequillera dice mucho más de una cocina de lo que parece. Habla de desayunos sin prisas, de pan recién hecho y de esa costumbre cada vez más extendida de disfrutar también de los pequeños rituales cotidianos.
También existe una explicación puramente estética. Frente a los envases de supermercado y los recipientes de plástico, una mantequillera aporta orden visual a la encimera y ayuda a construir esa cocina vivida y acogedora que tantas veces vemos en casas de campo inglesas, cocinas francesas o interiores inspirados en el estilo farmhouse americano. Son objetos discretos, pero capaces de transformar una escena cotidiana con muy poco esfuerzo. Al final, una mantequillera no deja de ser otra forma de romantizar el desayuno del domingo y crear esa imagen aesthetic que tan bien funciona dentro y fuera de las redes sociales.
Tres mantequilleras para recuperar una costumbre olvidada
La que más me ha llamado la atención es la mantequillera con flores, una pieza de cerámica decorada con pequeñas ilustraciones florales que parece rescatada de una vajilla antigua encontrada en un mercadillo. La tapa incorpora un pequeño asa verde y un ribete en contraste que refuerzan todavía más ese aire nostálgico que tanto se lleva en las cocinas actuales. Por 8 euros, resulta fácil imaginarla acompañando una barra de pan recién hecha durante un desayuno de fin de semana.
Para quienes prefieren una estética más sobria, Primark Home también ha lanzado una mantequillera con acabado moteado y bordes festoneados. Su aspecto recuerda a las piezas de cerámica artesanal que solemos encontrar en pequeñas tiendas de decoración o en casas de campo donde cada objeto parece elegido con calma. Es una de esas piezas discretas que no necesitan llamar la atención para hacer que una cocina se vea más acogedora. Cuesta 6 euros.
La tercera propuesta apuesta por una imagen mucho más limpia y atemporal. La mantequillera de vidrio con base de madera combina una campana transparente con una bandeja de madera natural que permite ver la mantequilla en todo momento. Al verla, es difícil no pensar en esas cafeterías donde cada detalle parece cuidadosamente estudiado. Sencilla y funcional, encaja especialmente bien en cocinas donde predominan los materiales naturales y las superficies despejadas. Tiene un precio de 8 euros.
Quizá por eso funcionan tan bien. No intentan reinventar nada. Su atractivo reside precisamente en recuperar un objeto cotidiano que durante años desapareció de nuestras cocinas y devolverle el protagonismo que tuvo durante décadas. Mientras seguimos llenando nuestras casas de pequeños detalles con historia, las mantequilleras vuelven a encontrar su sitio sobre la encimera. Y tiene sentido. Al fin y al cabo, pocas cosas resultan tan acogedoras como una cocina en la que una barra de pan caliente, una buena mantequilla y una bonita mantequillera están siempre al alcance de la mano.


















