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"Cuando vi la casa por primera vez, me impresionaron los techos altos –¡de 4,2 metros!–, las exquisitas molduras arquitectónicas, la majestuosa chimenea de mármol tallada a mano y el luminoso salón, ideal para recibir invitados por todo lo alto. Ya me imaginaba a mis amigos reunidos allí, disfrutando de elegantes cócteles antes de la cena", recuerda el interiorista David Jiménez, quien no dudó (¿cómo podría?) en trasladarse desde San Francisco al corazón de París, cuando le ofrecieron el puesto de Director Artístico en una histórica empresa francesa.
La casa, ubicada en la emblemática Avenue Marceau –a tan solo unos pasos de los Campos Elíseos y a poca distancia a pie de la Torre Eiffel–, se encuentra en un edificio haussmanniano de finales del siglo XIX, caracterizado, entre otros, por "grandes ventanales franceses y las elegantes proporciones típicas de la arquitectura parisina de este período". Con 130 metros cuadrados, el principal objetivo de David Jiménez para su nuevo hogar era "rendir homenaje a los elementos históricos y darles un punto de vista más personal y contemporáneo".
La clave: preservar el carácter haussmanniano bajo una mirada contemporánea
"Diseñé la vivienda como un refugio privado y a la vez un lugar de encuentro. Me encanta recibir invitados, y muchos de mis recuerdos más felices allí son veladas con amigos tomando cócteles antes de cenar o largas comidas en casa. Cada habitación refleja mi pasión por el coleccionismo, el arte, la cultura francesa y la creación de interiores cálidos, acogedores y profundamente personales", explica el interiorista.
La distribución responde a su estilo de vida y necesidades: recibidor, un amplio salón con diversos ambientes –incluyendo zona de home office–, una cocina pequeña pero bien equipada –con almacenaje abierto en la parte superior–, biblioteca con rincón de lectura, dormitorio, baño y jardín privado. Este último, con una elegante celosía de madera negra que resalta sobre las paredes blancas, acorde a la estética del edificio.
"En lugar de emprender una reforma integral, busqué intervenciones bien pensadas que hicieran que el inmueble se sintiera más arquitectónico, más abierto y más acorde con mi estilo de vida y mis reuniones sociales", declara el interiorista.
El interiorismo bebe de un estilo ecléctico con acentos de color camel y negro
Para que la arquitectura haussmanniana siguiera siendo el foco de atención, David Jiménez diseñó los interiores basándose en una paleta de tonos crema neutros cálidos, acentuados con camel y negro en detalles como textiles (cojines, cortinas) y tapicerías (sofás, butacas).
"Combiné antigüedades francesas con muebles contemporáneos, obras de arte, libros y objetos coleccionados a lo largo de los años en toda la casa. Mi objetivo nunca fue crear un espacio de exhibición perfectamente decorado, sino un hogar que se sintiera auténtico, con múltiples capas y profundamente personal'', dice. "Me gusta apilar libros en las mesas de centro y crear rincones acogedores con mi colección de jarrones antiguos, cajas decorativas y esculturas". De este modo, la superposición de accesorios, libros y obras de arte se mezcla con muebles de diferentes épocas para concebir ambientes con alma.
En el recibidor, por ejemplo, el interiorista tomó la acertada decisión de conservar las puertas de cristal francesas originales que conectan con el salón porque "inmediatamente establecían el carácter parisino clásico del apartamento y creaban una hermosa sensación de bienvenida".
Zona de día: la perfecta mezcla de lo antiguo y lo contemporáneo
Tras la intervención, el salón se convirtió en el corazón de la casa y en el espacio donde el interiorista pasa la mayor parte del tiempo con sus visitas. ''Creé varias zonas de estar íntimas para que las conversaciones fluyeran con naturalidad por toda la habitación", comenta. Para disimular un radiador antiguo montado en la pared, colocó un biombo alto "que se transformó en un elemento arquitectónico por derecho propio". Por otro lado, la altura de los techos –recordemos que son más de 4 metros– le permitió superponer espejos antiguos de gran tamaño y diseñar una instalación artística, utilizando rieles de latón envejecido para cuadros.
Aquí, pinturas, fotografías y dibujos se mezclan con piezas apoyadas casualmente contra las paredes para crear una sensación más relajada y armoniosa. "En toda la habitación, combiné antigüedades con tapicería contemporánea, junto con libros, esculturas, cerámica vintage, cajas decorativas y objetos coleccionados a lo largo de los años. Quería que el espacio se sintiera sofisticado sin que resultara recargado".
En lugar de dedicar una habitación entera al despacho, el interiorista situó un antiguo escritorio francés en un rincón del salón. "Cuando está cerrado, se integra perfectamente en la habitación, a la vez que proporciona un espacio de trabajo totalmente funcional", asegura.
La cocina requería la transformación más significativa, ya que carecía de carácter arquitectónico y aún conservaba los armarios metálicos de los años 60. "Quité las puertas y bisagras de los armarios superiores para crear estantes abiertos que inmediatamente ampliaron visualmente el espacio. A continuación, añadí estantes de madera hasta el techo y los rematé con molduras para darle mayor presencia arquitectónica". Las desgastadas encimeras negras se revistieron de acero inoxidable, brindando una apariencia más limpia y atemporal.
Contigua a la cocina, una habitación que apenas se utilizaba se convirtió en uno de los espacios favoritos de David Jiménez. "La transformé en una acogedora biblioteca donde puedo evadirme con un libro, rodeado de muebles confortables, arte y objetos de colección''. En este rincón para la lectura, destaca un cómodo sofá con tapizado en terciopelo gris oscuro.
Zona de noche: espacios de sosiego con obras de arte y molduras por doquier
El dormitorio presentó uno de los mayores desafíos del diseño. "Las paredes estaban tapizadas con cretona floral de color rosa brillante que hacía juego con la ropa de cama, las cortinas y la tapicería. Así que quité la tela y pinté las paredes en un cálido tono gris salvia que cambia sutilmente con la luz natural a lo largo del día''.
Los armarios existentes que rodeaban la cama se actualizaron con molduras decorativas y molduras de techo más pesadas para crear una presencia arquitectónica más fuerte. "Elegí elegantes cortinas plisadas francesas inspiradas en los dormitorios de Yves Saint Laurent y Madeleine Castaing, y obras de arte en capas dentro del nicho de la cama para crear una sensación de calidez e intimidad".
En el baño, el interiorista eliminó el bidé para mejorar tanto la funcionalidad como la sensación de amplitud. "En lugar de instalar armarios empotrados, incorporé un secreter francés antiguo, con un espejo alto y una lámpara de pared tradicional. También conservé el lavabo de consola, ya que contribuía a que el baño, relativamente pequeño, pareciera más luminoso y espacioso", matiza.
Aunque no podríamos terminar este artículo sin ahondar en el concepto del jardín, un oasis verde en medio de la urbe. "Diseñé una pérgola a medida para ganar privacidad y, a la vez, ocultar una valla existente poco atractiva. Para amueblar el espacio me decanté por una mesa de mármol, sillas de hierro forjado pintadas de blanco y piezas vintage adquiridas en el mercadillo de Saint-Ouen. Y para completar la sensación de un pequeño salón parisino al aire libre, escogí unas macetas italianas de terracota hechas a mano, pintadas de blanco y llenas de boj podado".

















