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La interiorista Laura Baimbetova es una apasionada de la cultura étnica y apuesta por integrarla en todo tipo de ambientes, incluso los más sofisticados o funcionales. Su apuesta por las raíces y la cultura queda certificada en el proyecto Greenline: una casa dinámica para una pareja joven con un niño pequeño.
El diseño de interiores ha buscado materiales naturales y facturas limpias para acompañar a una decoración que necesita poner el acento en el arte contemporáneo de los artistas Lilia Khigai y Gulmaral Tattibai y los detalles inspirados en la cultura kazaja. La idea es crear un hogar sereno y dispuesto para recibir invitados, para cocinar y compartir buenos momentos.
Un salón con un sofá modular que cambia el espacio
El cerramiento de cristal del salón tiene una elegante perfilería metálica en negro para dar paso a la zona social de este piso luminoso de 104 metros cuadrados. Como es una casa pensada para ser vivida y dar cobijo a la intensa vida social de la pareja, la interiorista ha elegido un sofá modular móvil, capaz de plegarse y reorganizarse en distintas posiciones. Con esta solución inteligente para viviendas de tamaño medio se consigue liberar espacio para mejorar la circulación en la estancia y conseguir acoger a un mayor número de invitados en una mesa de comedor grande.
Aunque domina la decoración en tonos neutros, una pieza textil singular es capaz de cambiar por completo la energía de un espacio, mucho más cuando es una fabulosa alfombra afgana artesanal con mucho color. Los diseñadores de interiores saben dar importancia a estos objetos, aunque la decoración también utiliza otros trucos visuales muy efectivos, como pintar una sola pared o utilizar un mueble vintage o una obra de arte, que también se ha integrado en proyecto Greenline.
Sin embargo, el uso del tono verde y la sabia elección de lámparas escultóricas en todas las estancias han creado ambientes de diseño, muy bien representado por las dos luminarias de techo Tense Pendant, de New Works, situadas en el comedor. El mobiliario hecho a medida y los objetos handmade bien combinados son definitivos para construir la personalidad de esta casa luminosa.
La puerta de doble hoja separa el salón de la cocina con isla. Es una península situada frente a un gran ventanal, iluminada con tres lámparas suspendidas del techo y rodeada por cuatro taburetes altos ergonómicos. La cocina aprovecha la pared que limita con la sala de estar para albergar un mueble hecho a medida con vitrinas y encastrar todos los electrodomésticos, con un fino acabado metálico, además de ocultar espacio de almacenaje. Toda la estancia está panelada en madera.
Una casa decorada con molduras artesanales
Cuando un interiorista decide decorar una casa con molduras, ya manifiesta una intención que ha tenido que trabajar a fondo con los propietarios. En este caso, Laura Baimbetova ha incorporado detalles artesanales con patrones muy identificables en la cultura local, que están presentes en las paredes del salón y en las habitaciones. El yeso se ha trabajado a mano para ser irregular de forma absolutamente intencionada, e introducir relieve con la reinterpretación de motivos y simbologías muy tradicionales, aunque sin caer en el folclorismo, que se integran muy bien en esta apuesta para decorar interiores contemporáneos.
La teoría del rojo inesperado se sigue a rajatabla en el proyecto de Laura Baimbetova.
Solo se necesita elegir un único objeto, desde una silla a una lámpara o el detalle de la cornisa del techo pintada en burdeos en el dormitorio destinado al bebé para añadir profundidad.
La habitación infantil introduce una energía diferente gracias al tono verde menta, que aporta frescura y ligereza, combinada con un escritorio rojo que rompe la uniformidad y se convierte en el centro de las miradas de forma intencionada. Este dormitorio crecedero se ha inspirado en las yurtas, las antiguas viviendas asiáticas nómadas, y se ha decorado con una cama en forma de casita y con dosel; además de contar con un espacio de juegos y diferentes muebles para almacenar libros y juguetes. La nota de diseño la pone la mesa de IKEA y la silla vintage Cesca, con una estructura reconocible y ligera, que encajará en el futuro en la estancia juvenil.
La distribución está pensada para que esta casa con diseño actual pueda contemplarse desde diferentes ángulos y así poder favorecer las vistas cruzadas entre estancias. La sensación de continuidad ofrece una visita amable para los invitados, que van a ir descubriendo el piso poco a poco. Nada es obvio ni inmediato, sino que se transforma a través de la paleta de colores, las texturas y los cambios cada hora de la iluminación natural.
La interiorista ha seleccionado con mimo todos los textiles de la vivienda, incluso ha diseñado alguna tela ornamental, que en el dormitorio principal se ha ceñido al color añil. Es un tono perfecto para inducir al descanso y dar tregua al impacto visual que proporciona el resto de la casa. La tranquilidad se respira en esta habitación decorada con un singular cabecero tapizado en tonos azules, que también dominan en el cuadro que cuelga de la pared principal del recibidor, muy bien equipado con un armario con puertas espejadas para multiplicar los metros en la entrada.

















