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En la planta superior del edificio número 1 de River Landing, uno de los desarrollos residenciales más deseados de Saskatoon, Canadá, se encuentra un ático de 188 metros cuadrados convertido en refugio personal, laboratorio creativo y manifiesto estético de Atmosphere Interior Design, el estudio fundado por Curtis Elmy y Trevor Ciona. El apartamento, de nueva construcción, fue adquirido en fase de estructura con la posibilidad de reorganizar la distribución según sus necesidades. El resultado es una casa de dos dormitorios, tres baños, salón comedor, cocina, lavandería, todos espacios articulados con precisión y donde cada decisión responde a una idea de elegancia contemporánea y lujo cálido. "Queríamos capturar la sensación de un salón vintage sofisticado y envolvente. Decisiones que resistieran el paso del tiempo, desafiando lo que es tendencia frente a lo que es clásico y atemporal", explican sus autores.
El punto de partida fue un espacio en bruto, donde solo las ventanas exteriores del edificio permanecieron como elementos originales. Todo lo demás fue creado desde cero. La cocina, concebida como el núcleo visual del conjunto, incorpora una isla escultórica con encimera de mármol Calacatta Capri, dispuesta en libro para destacar el movimiento dorado y gris de la veta. Este gesto material, junto con el roble negro del mobiliario y los paneles de espejo antiguo con embellecedores negros, define la atmósfera general del apartamento. Las superficies reflectantes, las texturas cálidas y los contrastes entre lo pulido y lo mate otorgan profundidad y una estética sin estridencias.
En el salón principal, rodeado por grandes ventanales y estructurado por un par de columnas de hormigón visto, la arquitectura se diluye en favor de la decoración. Un conjunto de sofás, butacas y mesas bajas diseñadas a medida se distribuye sobre una alfombra de Kravet, con textiles firmados por Kelly Wearstler, Donghia, Jonathan Adler y otros nombres clave del diseño norteamericano. La tapicería en las sillas giratorias, los metales pulidos y el cuero envejecido componen un lenguaje de texturas superpuestas, que refuerzan esa idea de espacio envolvente, sensual y doméstico. Un elemento distintivo es la conciencia con la que se ha limitado la paleta cromática: predomina el negro, el dorado, los neutros cálidos y los tonos naturales, para que las vistas panorámicas al río y la ciudad actúen como una obra de arte viva y envolvente.
El dormitorio principal continúa con la misma lógica de sofisticación silenciosa. Aquí, un cabecero de cuero negro hecho a medida se acompaña de mesillas de noche con detalles en roble, mármol y espejo vintage, mientras que una chaise curva tapizada en bouclé gris carbón se sitúa frente a una columna estructural, enfatizando la arquitectura interior como escenografía. El baño en suite incluye una bañera exenta, una ducha generosa y una encimera de más de tres metros diseñada como una pieza de mobiliario, con cajones revestidos en terciopelo "para guardar una colección de perfumes". Los suelos y paredes se revisten con porcelánicos de gran formato efecto mármol, intensificando la luz que entra por una gran ventana adyacente. Desde la bañera, una pequeña televisión estratégicamente ubicada convierte el ritual del baño en un momento de absoluto confort.
Uno de los espacios más llamativos es el vestidor principal, una “sorpresa de obra” que se incorporó cuando los desarrolladores ofrecieron parte de una sala técnica no utilizada. Con ventanales de suelo a techo y una isla central de más de dos metros, este espacio se convirtió en un vestidor luminoso y altamente funcional, con acabados en piedra negra, madera a medida y herrajes de latón.
El segundo dormitorio, situado en el extremo opuesto del apartamento para ofrecer mayor privacidad, se ha concebido como una suite de hotel de lujo. Papel pintado natural, mobiliario a medida y una pequeña zona de vestidor conducen a un baño con azulejos geométricos, encimera de Caesarstone y luminarias doradas que reproducen, en menor escala, el lenguaje material del resto de la vivienda.
La terraza, rara en este tipo de construcciones, fue uno de los motivos clave para adquirir la propiedad. Amueblada con piezas de Restoration Hardware y una mesa de fuego diseñada a medida, constituye una extensión habitable del interior, pensada para el verano canadiense pero también como marco escénico de las vistas que, según los propietarios, "nunca cambiarán". Un lujo arquitectónico que, más allá de su estética, encarna una forma de vida ligada al diseño como experiencia total.


































