El bidet ha sido un elemento clave en los cuartos de baño tradicionales. Con el paso de los años, las casas han reducido los metros cuadrados y se ha optado por prescindir en los baños pequeños del funcional bidet.

Hoy en día es una cuestión que tiene tantos defensores como detractores: ¿bidet sí o bidet no en tu casa? Es un debate tan beligerante como el de pizza con o sin piña o una discusión patria que no defrauda: ¿tortilla de patatas con o sin cebolla?

un cuarto de baño con inodoro y bidetpinterest

Parece que el origen del bidet es francés, que popularizó su corte en el siglo XVIII y comenzó a expandirse su uso en Europa y Asia. En principio, tenía una utilidad dirigida solo a la limpieza e higiene de las mujeres, pero lavarse con agua las partes íntimas también ha sido una práctica habitual durante la pandemia, cuando la escasez y el precio del papel higiénico se dispararon y multiplicaron las ventas de bidets en Estados Unidos.

Sin embargo, en EE.UU. se introdujo después de la Segunda Guerra Mundial, cuando los soldados norteamericanos descubrieron su uso en Europa, concretamente en los baños de los prostíbulos, por lo que el bidet quedó asociado por el puritanismo a un acto relacionado con el pecado.

Por qué debemos utilizar el bidet

Es innegable que el uso del bidet aporta más higiene y también es respetuoso con el medio ambiente, porque reduce el gasto de papel higiénico, que acaba de demostrar un estudio científico que desprende "sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas, más conocidas como PFAS, que pueden tener efectos negativos sobre el medio ambiente y la salud de las personas", según indica National Geographic.

Además, en la cultura árabe es común lavarse con agua, pero hay más de 60 países en el mundo que utilizan de forma habitual el bidet, según este gráfico que se hizo viral y publicó Terrible maps.


También el bidet tiene gran aceptación en América Latina y los asiáticos defienden este modo de limpieza en países como India, Corea del Sur, Tailandia, Bangladesh o Japón, donde hace años que se hicieron famosos sus sanitarios púbicos con chorrito de agua caliente o washlet, que son inodoros inteligentes que dejan fascinado a quien lo usa.

Cómo usar un bidet

Parece una perogrullada, pero vamos a indicar cuál es el uso correcto del bidet para que la higiene sea efectiva y completa. Es importante comprobar la potencia del grifo antes de utilizar este elemento sanitario.

Lo primero es sentarse frente al chorro de agua, así podrás manejar más fácilmente los mandos para ajustar la temperatura y también la salida del caudal del agua. Conviene que te sientes sin ropa para maniobrar más cómodamente.

Una vez terminado el lavado y aclarado, sécate a fondo con una toalla de fibra o de rizo, según prefieras, que debe ser de tamaño pequeño y debe estar colgada junto al bidet.

Cuándo no utilizar el bidet

Si no tienes espacio al lado del inodoro, lo mejor es que prescindas del bidet, ya que se utiliza para lavar los genitales justo después de utilizar el retrete.

Además, se han comprobado algunas contraindicaciones físicas para el uso del bidet, según The National Center for Biotechnology Information, que se deben siempre a un mal uso de este elemento sanitario:

  • Prúrito. El uso excesivo del bidet, más bien un lavado continuo de los genitales, puede eliminar el sebo natural que protege la piel de nuestras partes íntimas. En este sentido, es posible que aparezcan heridas o secreciones.
  • Incontinencia. En algunos pacientes con esfínter laxo se comprobó que la entrada del agua podía producir una incontinencia no deseada.