Durante años, este apartamento del barrio madrileño de Almagro, había ido acumulando cambios que terminaron por desdibujar su configuración inicial. La planta se había fragmentado, los recorridos se volvieron incómodos, y la altura –uno de sus mayores valores– quedó diluida entre falsos techos y particiones poco afinadas. La intervención del estudio de interiorismo de Nacho de Haces arrancó de esa situación, con la intención de devolver al espacio una lectura más clara y una relación más directa entre estancias.

El primer paso fue recuperar la altura original de los techos –3,40 metros–, cambiando radicalmente la forma en que se percibe la vivienda. A continuación, se perfiló el interiorismo. "La base es clásica, con molduras y proporciones que respetan el carácter original del edificio, pero sobre ella se despliega un lenguaje contemporáneo en el que el arte, el color y las piezas singulares toman protagonismo", explica el interiorista.

comedor con molduras en las paredes
Amador Toril
Arreglo floral en el centro de la mesa de comedor, de Amborella. Libros antiguos sobre la mesa de comedor, de Decohamelyn.

Distribución abierta con piezas que ordenan el espacio

La zona de día se resolvió con una distribución open concept en la que cocina, comedor y salón se suceden sin cortes. No hay cambios bruscos ni límites forzados, sino una transición suave entre usos. La cocina, revestida en nogal, se presenta como un volumen compacto que estructura el espacio sin cerrarlo. Su presencia es firme, pero no invade. El material introduce un tono más profundo que contrasta con el resto de la vivienda y sirve como punto de apoyo visual.

El comedor se sitúa frente a la cocina y se articula alrededor de una mesa circular de mármol negro Marquina. La elección de esta forma modifica la manera en que se habita el espacio, eliminando esquinas y suavizando los movimientos alrededor. Las piezas que la acompañan no siguen una disposición rígida, lo que aporta cierta flexibilidad al conjunto. La luz incide de forma directa sobre la mesa, reforzando su presencia sin necesidad de añadir elementos adicionales.

En el salón, la atención se desplaza hacia un mueble a medida que recorre la pared principal. En él se integran almacenamiento, librería y un sistema que oculta la televisión cuando no está en uso. Este gesto limpia el plano visual y evita que un único elemento domine el espacio. Las piezas se distribuyen con margen suficiente entre ellas, dejando que cada una tenga su propio peso. Como indica Nacho de Haces, "cada pieza ha sido cuidadosamente seleccionada", una idea que se percibe en la forma en que todo convive sin fricciones.

Materiales con presencia y obras que introducen ritmo

La selección de materiales se centra en pocos elementos, utilizados en momentos concretos. El nogal de la cocina aporta densidad y calidez, mientras el mármol negro aparece en puntos muy localizados, como la mesa del comedor o el baño. Esta combinación genera contraste sin necesidad de recurrir a cambios constantes. Las superficies se mantienen limpias y los materiales se expresan sin artificio. Son materiales nobles bien utilizados que marcan el tono.

cocina de madera y aparador antiguo
Amador Toril
Arreglo floral, de Amborella. Piezas de cerámica azul klein, de La Navá. Libros antiguos sobre el aparador, de Decohamelyn.

El arte aparece integrado en el recorrido de la vivienda, acompañando el movimiento de una estancia a otra. Obras de Daniel Sueiras, Nick Thomm o Carlos Mercado incorporan color y variación, mientras que las esculturas de José Soler o Antonio Sacramento agregan volumen. No se presentan como piezas aisladas, sino como parte del conjunto. La colocación responde a la escala de cada espacio y a su relación con el mobiliario.

En el salón, los jarrones de Murano y otros objetos decorativos se distribuyen sin seguir una composición estricta. La sensación es más cercana a la de una colección construida con el tiempo que a una escena cerrada. En el comedor, la mesa de mármol concentra la atención, mientras el resto de elementos se mantienen en segundo plano. La combinación de piezas contemporáneas con otras de carácter más atemporal evita una lectura uniforme.

Un patio recuperado y estancias privadas más contenidas

El patio pequeño interior, que antes apenas tenía uso, se sumó a la vivienda como una extensión natural. El trabajo conjunto con el paisajista Ian Stubbs introdujo vegetación y convirtió este espacio en un lugar que acompaña al resto de la casa. Ahora, la relación con el interior se produce sin transiciones marcadas, de manera continua. La luz atraviesa las plantas y genera una atmósfera más suave en las estancias cercanas. Según el estudio, se concibe como "un pequeño oasis privado", una imagen que se entiende al recorrerlo.

El dormitorio se planteó desde una mayor contención. Los armarios de suelo a techo ocupan uno de los frentes y liberan el resto de la estancia, que queda prácticamente despejada. Los materiales se suavizan y los tonos se mantienen dentro de una gama neutra. Por otro lado, el baño introduce un cambio de registro más marcado. El mármol negro Marquina recubre paredes y superficies, generando un ambiente más intenso. En el techo, un papel pintado de Belarte Studio añade un elemento inesperado que transforma la percepción del espacio.

Recorre al completo este apartamento con un encantador patio interior
patio interior con plantas y butacas

En definitiva, nos encontramos ante un proyecto que confirma que el lujo no entiende de dimensiones, sino de mirada. Y es que al llegar al final del recorrido, cuesta creer que la vivienda apenas supere los 50 metros cuadrados. Por último, unas palabras del interiorista: "El resultado es una casa que se vive con amplitud, llena de detalles y pequeños descubrimientos. Un proyecto que demuestra que, cuando el diseño está bien pensado, cada metro cuenta… y mucho".