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La vivienda, situada en el Paseo de Campo Volantín, en Bilbao, cuenta con 120 metros cuadrados, es exterior y tiene vistas directas a la ría. A pesar de estas condiciones, la distribución original no permitía aprovecharlas. El espacio se organizaba en cuatro habitaciones independientes conectadas por un pasillo largo, con el salón y la cocina en extremos opuestos, lo que generaba recorridos poco prácticos y una sensación constante de fragmentación.
A esta organización se sumaban unos acabados que acentuaban la falta de luz: moquetas, papeles pintados oscuros y materiales que absorbían la claridad natural. La reforma –realizada por Moralima Studio– arranca eliminando esa compartimentación excesiva y replanteando la vivienda desde su propia estructura, con el objetivo de ordenar mejor los espacios y mejorar la relación entre ellos sin aumentar la superficie.
Cómo reorganizar un piso en L
La nueva distribución parte de una decisión clave: situar la zona de día en la fachada con vistas a la ría. Salón, comedor y cocina se agrupan en este frente, liberando el potencial de una orientación que hasta entonces estaba desaprovechada. A partir de ahí, la vivienda se organiza de forma más lógica, diferenciando claramente los espacios comunes de los privados y evitando interferencias entre usos.
Para conectar las distintas áreas sin cerrarlas, se introducen cerramientos de cristal con perfilería de madera. Estas soluciones permiten delimitar usos sin bloquear la luz ni interrumpir la continuidad visual. "Queríamos que la luz fluyese entre estos tres ambientes lo máximo posible", explican desde el estudio.
El resultado es un espacio continuo en el que las estancias se relacionan entre sí de forma natural. La circulación se simplifica y desaparecen los recorridos innecesarios, lo que mejora tanto la funcionalidad como la percepción general de la vivienda. Esta reorganización también permite que la luz natural alcance zonas que antes quedaban en penumbra, reforzando la sensación de amplitud.
Cómo diseñar una zona de día abierta
La cocina se integra en el conjunto mediante un diseño de muebles blancos moldurados y una península que organiza el espacio. Esta pieza actúa como superficie de trabajo y también como zona de apoyo para el uso diario, facilitando una relación más directa con el comedor y el salón sin necesidad de separaciones rígidas. Su posición permite mantener el contacto visual con el resto de la vivienda, algo especialmente útil en el día a día.
El salón se estructura alrededor de un mueble a medida que combina librería, vitrina y almacenamiento. La televisión queda oculta tras puertas correderas, lo que permite reducir su presencia cuando no se utiliza y mantener una imagen más ordenada del conjunto.
El despacho se incorpora a esta zona como una extensión natural del salón. Se resuelve con un escritorio doble y armarios integrados, pensado para un uso compartido. La conexión visual con el resto de la estancia permite trabajar desde casa sin aislamiento, manteniendo la continuidad del espacio y facilitando la flexibilidad en el uso diario. En esta misma área se incorporan un aseo de invitados y un office, ambos ocultos tras puertas enrasadas con molduras. Esta decisión permite integrar estos espacios sin interrumpir la lectura de las paredes, reforzando la sensación de continuidad en toda la zona de día.
Soluciones a medida para una casa ordenada
El proyecto se apoya en una base material que busca perdurar en el tiempo. Las molduras aparecen en paredes y carpinterías, generando una continuidad que recorre toda la vivienda y ayuda a estructurar visualmente los espacios sin necesidad de añadir elementos decorativos superfluos. Su uso es constante, pero contenido, evitando un exceso ornamental.
Los materiales seleccionados (madera, piedra y textiles naturales) se combinan en una paleta de tonos claros que refuerza la luminosidad. Los propietarios buscaban una casa práctica y bien resuelta, con una estética que no dependiera de tendencias pasajeras, algo que se refleja en cada una de las decisiones del proyecto. La elección de estos materiales también contribuye a generar una atmósfera más cálida.
El almacenamiento se resuelve mediante mobiliario a medida, diseñado específicamente para cada estancia. Armarios empotrados, librerías y soluciones ocultas permiten mantener el orden sin recargar el ambiente, integrándose en la arquitectura de la vivienda. Esta estrategia evita la necesidad de añadir muebles auxiliares y facilita una lectura más limpia del espacio.
La zona de noche se organiza en dos dormitorios con baños integrados, lo que mejora la privacidad y simplifica el uso diario. En el dormitorio principal, un vestidor amplio con isla central facilita la organización y actúa como transición hacia el baño, separando funciones sin necesidad de tabiques adicionales.
El dormitorio mantiene una línea coherente con el resto de la casa, con molduras, textiles suaves y cortinas de lino que filtran la luz sin restar claridad. La combinación de estos elementos genera un ambiente equilibrado, en el que cada pieza cumple una función concreta sin sobrecargar el conjunto.
En la habitación de la hija, el baño queda oculto tras una puerta integrada en el armario, lo que permite mantener una imagen limpia del espacio. El uso de papeles pintados con textura y un cabecero a medida introduce matices de color que aportan calidez sin condicionar su evolución con el tiempo. Se trata de un espacio pensado para adaptarse a distintas etapas.
Tras la intervención, la vivienda se entiende de otra manera. La nueva distribución elimina barreras, mejora la entrada de luz y organiza los espacios con mayor claridad. El resultado es una casa más cómoda y funcional, donde cada decisión responde a un uso concreto y donde el conjunto se percibe coherente, equilibrado y fácil de habitar.

















