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Entender el valor de una reforma de una vivienda antigua es la tabula rasa de cualquier arquitecto, más aún cuando la construcción data de 1917, aunque en esta rehabilitación también ha sido clave recordar qué define a una casa cottage. El estudio Mark English Architects ha sabido entender a la perfección sus peculiaridades y ha conseguido darle un aire contemporáneo. Tan espectacular ha sido el resultado, que el proyecto Cow Hollow ha recibido la medalla Platinum en los galardones Design Skill Awards.
La intervención ha renovado, con verdadera exquisitez y gran audacia, una casa histórica diseñada por Elizabeth Austin, una de las grandes figuras femeninas de la arquitectura norteamericana del siglo XX. Además, se ha conseguido una vivienda unifamiliar de dos plantas que actualiza el interior, añade superficie útil y protege el valor patrimonial al restaurar la fachada de esta casa centenaria de San Francisco.
Un salón-comedor con doble altura
Para los arquitectos del estudio Mark English no fue una decisión fácil prescindir de la distribución original, pero era prioritario mejorarla para ganar metros a esta casa tipo cottage. El comedor se convierte en el corazón de la vivienda y se abre a una doble planta que consigue dar también presencia a la fabulosa construcción antigua. Este desafío se concibió abriendo la planta en forma de U, con un pasillo situado en el segundo nivel, que está volcado hacia el centro y cuenta con una discreta barandilla de cristal.
La planta baja se destina por completo al área social. El comedor, compuesto por una mesa rectangular y seis sillas rojaas y apilables Air, de Jasper Morrison, pasa de ser una estancia más a convertirse en el protagonista de la vivienda, un lugar de reunión y disfrute que reordena a su alrededor otros espacios y se conecta visualmente con el exterior a través de sorprendentes techos acristalados y grandes ventanales, con formas curvas y cuarterones o ventanas de guillotina, ideales para facilitar la ventilación natural en toda la casa.
Justamente, las casas cottage presuponen una forma de vida muy relacionada con la naturaleza, a través de los jardines frondosos y repletos de plantas trepadoras que rodean estas viviendas. Suelen tener techos a dos aguas, muros de piedra y madera y un aspecto compacto que conserva el proyecto de Mark English Architects.
Esta casa histórica ha admitido a la perfección todos los cambios sin perder su alma. Los espacios no aparecen compartimentados como antes, sino que se enriquecen con una renovación inteligente que apuesta por la comodidad en una zona social concatenada que en un golpe de vista conecta el salón con chimenea con una luminosa cocina con isla.
La cocina es un espacio muy funcional, con zona de fregadero, armarios con ventanas de vidrio acanalado y electrodomésticos americanos, con acabado en acero inoxidable, al igual que la tapa de la isla, que contiene los fogones y se sostiene sobre una serie de armarios de madera que solucionan todo el almacenaje de ollas y utensilios.
Una casa de campo en la ciudad
Esta construcción recrea la idea de los antiguos cottage, que eran viviendas compactas, con bonitas fachadas y porches acogedores, pero que en el interior se buscaba crear un hogar. Esta ha sido la intención última de los arquitectos de este proyecto, que han buscado volver a los orígenes, a la concepción de Elizabeth Austin para no sustituir lo esencial y dar, sin embargo, un halo contemporáneo a estructuras visibles de estilo industrial y dando protagonismo a materiales y proporciones insólitas hace un siglo.
La planta baja tiene una amplitud envidiable y ha ganado espacio incluso para una discreta escalera volada, con escalones metálicos y una barandilla acristalada, que ofrece un cómodo acceso a la zona privada. En el segundo nivel no se roba tampoco la luz, porque el pasillo distribuidor que circunda el comedor cuenta con un pavimento translúcido.
Justo en la planta superior, la iluminación exterior se proyecta al máximo, así que el ahorro energético en este proyecto es muy relevante, gracias a una cubierta inclinada que se ha reinventado con planchas de cristal que permiten disfrutar de forma continua del sol y las estrellas.
El dormitorio en suite disfruta justo de este tejado a dos aguas en madera vista, una habitación muy acogedora que está rodeada de pequeñas ventanas de guillotina y conecta con un precioso baño casi integrado en la naturaleza, porque desde la ducha y en el lavabo, los propietarios pueden observar las copas de los árboles de la finca. Es un diseño tan espectacular que el dormitorio principal parece una estancia de un hotel de cinco estrellas.
Lo mejor de la reforma de esta casa es la sensibilidad de contar su historia y recuperar el jardín y una fachada que ha requerido una intervención muy cuidada. Se edificó desde cero, así que cada pieza fue etiquetada, retirada e instalada más adelante, como si de un tesoro del Antiguo Egipto se tratara. Ha sido una operación laboriosa, casi quirúrgica, que habla de respeto por el detalle y por la autenticidad de una casa que es parte del patrimonio cultural de San Francisco.
















