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A priori, pensar en una vivienda de 37 metros cuadrados puede provocarnos una sensación de claustrofobia instantánea, pero en este apartamento de alquiler vacacional en Calella de Palafrugell, el estudio de interiorismo Sezam Studio ha demostrado que el tamaño no es lo que importa, sino más bien, cómo se aprovecha cada centímetro.
La ubicación lo tenía todo a favor: una fachada principal que mira directamente al Mediterráneo, con esas vistas que hacen que cualquier huésped olvide inmediatamente el tamaño del apartamento. Pero también planteaba un desafío interesante: cómo hacer que desde cualquier rincón de estos 37 metros cuadrados se pudiera disfrutar de esa postal costera que justifica por sí sola una escapada a la Costa Brava.
La distribución original no hacía justicia a semejante privilegio. El equipo de Sezam Studio replanteó completamente el espacio, eliminando barreras visuales para que el mar fuera el protagonista indiscutible desde todos los ángulos. La cocina, ahora abierta al salón, permite que incluso mientras se prepara un café, la mirada se escape hacia el horizonte azul. No hay rincón desde el que no se pueda contemplar el exterior, algo fundamental cuando el paisaje es tu mejor carta de presentación.
Para un proyecto destinado al alquiler vacacional, la durabilidad era clave. Aquí no se trataba solo de crear un espacio bonito, sino uno que resistiera el paso constante de huéspedes, la humedad marina y el desgaste diario. La solución llegó de la mano de materiales nobles: madera y cerámica se convirtieron en los protagonistas de una decoración que combina resistencia, calidez y belleza.
La estrategia de mobiliario resultó especialmente inteligente. En lugar de apostar únicamente por piezas nuevas, Sezam Studio mezcló mobiliario antiguo y reciclado con elementos más asequibles, creando una atmósfera personal y acogedora que huye de la frialdad típica de muchos alquileres vacacionales. Cada pieza fue seleccionada no solo por su estética, sino por su capacidad de envejecer bien en un ambiente marino.
La paleta cromática refuerza esa sensación mediterránea que buscaba el inversor. Los tonos tierra se combinan con blancos y azules suaves, creando una continuidad visual con el entorno costero. No hay estridencias ni contrastes bruscos, todo fluye de manera natural.
La carpintería también juega un papel fundamental en el proyecto. Las piezas antiguas recicladas aportan carácter e historia a un espacio que, por su naturaleza de alquiler, podría haberse quedado en lo impersonal.
El dormitorio cuenta con baño en suite y una decoración sencilla. Un ambiente idóneo para el descanso y la intimidad de los huéspedes.
Pensado específicamente para el disfrute en pareja, cada detalle del apartamento ha sido diseñado para crear momentos inolvidables: desde el desayuno con vistas al mar hasta el atardecer desde el salón.
Proyecto e información: Cortesía de Sezam Studio.
























