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La orografía de la isla italiana de Cerdeña está repleta de colinas y acantilados. La intervención de esta parcela de 185 metros cuadrados ha permitido dar forma a este espectacular proyecto del estudio de arquitectura Gosplan: Casa del Alcornoque.
Esta antigua vivienda de los años setenta, situada en una parcela de 1.000 metros cuadrados, ha conseguido convertirse en la casa de playa perfecta, solo hay que ver la fabulosa panorámica sobre el mar Mediterráneo y frente a la isla de Tavolara, muy conocida por sus calas con unas aguas cristalinas que se parecen a los arenales del Caribe.
La reforma de un chalet de los años 70
El proyecto de esta casa de playa reinterpreta cómo se relaciona con el terreno y la forma de integrar el exterior con el interior. El estudio de arquitectura genovés Gosplan ha utilizado los materiales naturales que provee la isla de Cerdeña para construir una vivienda entre la montaña y el mar.
Esta pendiente topográfica se aprovecha con un conjunto de volúmenes blancos asentados sobre granito en una casa de playa con tres niveles. El inferior, alberga un precioso jardín y una piscina panorámica frente a las aguas tranquilas del Mediterráneo; mientras que la planta superior es un espacio diáfano abierto a una gran terraza. Por último, sobre el techo encalado aparecen diferentes chimeneas, llamadas comignoli, que se utilizan como elementos decorativos.
El estudio de arquitectura Gosplan, dirigido por Nicola Lunardi, Veronica Rusca y Lorenzo Trompetto, ha hecho hincapié en mantener el protagonismo de un viejo alcornoque, que da nombre al proyecto. El paisajismo, firmado por Caarpa, ha recuperado las especies locales en el jardín y da sentido a la zona de día que se ha organizado alrededor de la piscina.
La apertura hacia el sur de esta casa frente al Mediterráneo incorpora nuevas perspectivas hacia la colina posterior y mejora la ventilación natural. Desde el interior, hay un vínculo especial con el mar y el paisaje en todo el recorrido de la vivienda. Esta intencionalidad de conectar exterior e interior ya es un clásico en las casas construidas en la costa de Cerdeña, sobre todo entre los años 60 y 70, por grandes arquitectos de la talla de Luigi Vietti, Alberto Ponis, Michele y Giancarlo Busiri-Vici, Jacques y Savin Couëlle.
Una casa de playa con distribución abierta
La zona social tiene acceso directo a una terraza exterior en diferentes niveles. En el interior, tres escalones separan el comedor de un salón con chimenea , que tiene un enorme sofá de obra, hecho a medida en forma de U, que aprovecha cada metro y es perfecto para recibir en casa.
De inmediato, este open concept da paso a una cocina pequeña equipada con una isla central con espacio inferior de almacenaje. Los revestimientos de madera de la zona de la encimera de la cocina también se repiten en las estanterías del salón y en las vigas vistas que adornan el techo del comedor.
Esta reorganización espacial más abierta del bloque central de esta bonita casa de playa evita a toda costa los clásicos pasillos y genera una relación más intensa con el paisaje, incluso en los dormitorios, que lucen vigas vistas en los techos y tienen una decoración casi espartana para poner el foco en la vista panorámica desde el terreno escarpado donde se asienta la vivienda.
La terraza funciona en el proyecto como un espacio para habitar de forma integral cada milímetro de esta construcción. Es el mismo caso de la cubierta del edificio, que es una nueva cota sobre el terreno y, en una casa de playa, dan la opción de convertirse en un mirador, una zona de descanso o un lugar para observar el horizonte del mar o disfrutar fabulosos atardeceres o de la cúpula celestial cuando cae la noche.
El paseo por el jardín de la finca es una delicia, porque es un gusto experimentar el agradable aroma del romero y ver crecer las pequeñas florecillas de la tulbaghia. También se puede buscar un momento de pausa bajo la sombra del gran alcornoque o transitar las diferentes escaleras de la vivienda para vivir una agradable sensación envolvente. Es todo un acierto la cuidada selección de plantas locales, muy alejada de la exuberancia paisajística de las plantas con flores o los grandes arbustos ornamentales que suelen poblar los chalets situados en la costa mediterránea.
La Casa del Alcornoque es un lugar para quedarse, una vivienda sin pretensiones, en cuanto al interiorismo, que ha encontrado el lujo de lo sencillo y ofrece la oportunidad de una nueva forma de vivir al volver a la esencia y poner de relieve la tradición constructiva de la costa de Cerdeña y la idea de crear una conjunción perfecta entre el granito, el basalto, el terrazo, la madera de roble y la cal.

















