Con tantos admiradores como detractores, la cocina abierta al salón ha hecho del concepto abierto una constante en muchos proyectos de interiorismo. Y aunque está claro que resuelve la entrada de luz y mejora la sensación de amplitud, también es cierto que introduce un nuevo reto doméstico.

Cocinar, comer, trabajar o descansar pasan a convivir en un mismo espacio, y el orden deja de ser solo una cuestión estética para convertirse en una herramienta de convivencia. Organizar una cocina abierta nos sirve para establecer jerarquías claras entre funciones, recorridos y zonas de uso. Cuando cada elemento encuentra su lugar, la transición entre cocinar y estar resulta natural y el espacio funciona.

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Montse Garriga

2. Delimitar a través del mobiliario

Una de las decisiones más eficaces consiste en utilizar el propio mobiliario para marcar el paso entre cocina y salón. Una isla o península bien dimensionada amplía la superficie de trabajo y establece una frontera clara entre el área de cocinar y la zona de estar sin necesidad de cerrarla. La altura, la profundidad y la orientación del mueble influyen directamente en cómo se percibe el espacio.

Cuando la encimera se prolonga ligeramente hacia el salón, puede incorporar taburetes y convertirse en un lugar de transición. El respaldo visual también importa. Situar el sofá de espaldas a la cocina o introducir un mueble bajo entre ambos espacios ayuda a ordenar las vistas y a que cada zona tenga su propia lógica.

2. Unificar para reducir el ruido visual

Cuando cocina y salón comparten espacio, la cantidad de estímulos visuales aumenta de forma inevitable. Electrodomésticos, utensilios, pequeños o grandes objetos o incluso cambios de acabado pueden generar sensación de desorden hasta cuando todo está recogido. Reducir esa percepción pasa por trabajar con una paleta material coherente. Utilizar los mismos tonos en frentes de cocina y mobiliario del salón, repetir acabados o mantener una gama cromática continua es de gran ayuda.

5 maneras organizar cocina abierta salon
Nuria Serrano

A su vez, frentes sin tiradores visibles, electrodomésticos panelados o campanas discretas permiten que la cocina no domine visualmente la estancia cuando no está en uso. También resulta eficaz evitar contrastes excesivos entre encimera, muebles y pavimento.

3. Resolver bien el almacenamiento

En una cocina abierta, el almacenamiento adquiere una importancia mayor que en una cocina independiente. Todo queda a la vista, por lo que cada objeto sin lugar definido termina formando parte del paisaje del salón. La organización comienza por prever suficiente espacio cerrado para pequeños electrodomésticos y despensa diaria. Muebles altos bien aprovechados, columnas de almacenaje o módulos que integren horno y frigorífico permiten concentrar funciones y liberar las zonas visibles.

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Pablo Sarabia

Resulta especialmente útil reservar tramos de encimera despejados, evitando acumular objetos de uso ocasional. Algunos proyectos incorporan módulos escamoteables o puertas retráctiles que permiten ocultar la zona de trabajo cuando no se está cocinando, reduciendo el impacto visual.

4. Diferenciar mediante la iluminación

La iluminación es una herramienta importante y que pasamos por alto a la hora de organizar una cocina abierta. En lugar de una luz general uniforme, conviene superponer capas que respondan a cada actividad. Focos o líneas de luz más precisas sobre la zona de trabajo garantizan comodidad al cocinar, mientras que lámparas colgantes sobre la mesa o iluminación indirecta en el salón generan una atmósfera más relajada.

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Montse Garriga

El cambio de temperatura de color o de intensidad permite modificar la percepción del espacio a lo largo del día. Por la noche, reducir la iluminación de la cocina y mantener encendida solo la del salón contribuye a que la zona de trabajo pase a un segundo plano.

5. Mantener una transición limpia

La unión entre cocina y salón suele fallar en el punto donde ambos espacios se encuentran. Encimeras que terminan abruptamente, cambios bruscos de altura, acumulación de objetos en la zona de paso, cacharros por todas partes, todo eso genera una sensación de desorden constante. Olores que se mezclan. A este respecto, una campana extractora potente es esencial. Con la concesión al ruido inevitable, las de última generación pueden absorber humos y olores incluso en paralelo a la zona de cocción.

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Montse Garriga

Por eso muy importante pensar en cómo se conectan ambos ambientes. Y para ello, hay que ser ordenado y limpio, porque contar con superficies despejadas, límites en el suelo o pequeñas variaciones de altura hacen que la transición de un ambiente a otro resulte más natural. Mantener ese borde libre de elementos innecesarios facilita la circulación y evita que la cocina se expanda visualmente hacia el salón. Porque se puede estar juntos pero no revueltos.