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Muchas personas viven a caballo entre dos ciudades, aunque en el caso de esta pareja, el medio de transporte es irremediablemente aéreo. Originarios de Estados Unidos, mantenían lazos profundos con Madrid –donde ya habían vivido y conservaban familia cercana–, así que decidieron buscar un segundo hogar en la capital. El barrio de El Retiro era su primera opción, no solo por sus recuerdos, sino porque parte de su entorno más íntimo reside en la zona. A través de la consultora Knightfrank encontraron lo que necesitaban: un inmueble de principios del siglo XX, con esa arquitectura clásica característica de las fincas que rodean el parque.
El edificio ya había pasado por una reforma previa para actualizar instalaciones y añadir ascensor. Aun así, los nuevos propietarios detectaron margen de mejora: querían acabados más contemporáneos y, sobre todo, eliminar tabiques para ganar amplitud y luz. Sin dudarlo, confiaron el proyecto al arquitecto de interiores, Raúl Martins.
"Lo más controvertido era la compartimentación de la casa: había un exceso de muros y puertas que quitaba la posibilidad de disfrutar de grandes perspectivas. Además, estaba muy atenuada la luz natural, tenía unos acabados muy oscuros, que han sido renovados. Ahora el salón es un espacio doble, de gran tamaño, que conecta de forma abierta con la cocina y el comedor", explica Raúl Martins.
La reforma aprovechó las dos orientaciones privilegiadas del inmueble. La fachada principal ofrece vistas al parque de El Retiro, mientras que la trasera da a un tranquilo jardín privado. Esta dualidad permitió reorganizar la vivienda con claridad: la zona pública quedó vinculada a la fachada principal, donde entra abundante luz natural, y la zona privada, destinada a los dormitorios, se orientó hacia el jardín.
El edificio señorial, de exquisita presencia exterior, mantiene su lenguaje arquitectónico clásico. Sin embargo, el interior responde a necesidades actuales: uso sencillo, comodidad y espacios amplios. Esta combinación entre registro histórico y planteamiento contemporáneo define el carácter del proyecto.
El salón, ahora integrado con la cocina y el comedor, se convirtió en el corazón de la vivienda. Los propietarios querían un espacio capaz de acoger visitas de amigos y familia, y la amplitud resultante lo hace posible. La mezcla de mobiliario combina piezas diseñadas expresamente para el proyecto con otras vintage y obras de arte contemporáneo. El resultado es una decoración tranquila, pero con carácter, pensada para generar ambientes acogedores. Según Raúl Martins: "Para poder crear piezas únicas para esta vivienda, busqué otras con historia y mezclé… es algo que hago siempre en todos los proyectos; es la forma de que sean irrepetibles y exclusivos para cada propietario".
Como no podía ser de otro modo, los propietarios están encantados con la transformación. "Para ellos es una segunda residencia vacacional en Madrid, donde hay espacio para poder venir con amigos y familia para disfrutar la casa. Los espacios son muy fluidos, y el mobiliario tranquilo y chic, como ellos querían. Hay mezcla de elementos diseñados para ellos, piezas vintage y arte contemporáneo. Un mix destinado a triunfar y a diseñar ambientes cozy muy agradables", concluye el interiorista.

























