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En un edificio de los años sesenta, en el madrileño distrito de Tetuán, esta vivienda de apenas 55 metros cuadrados ha recuperado su vitalidad gracias a una reforma que ha apostado por la luminosidad, la fluidez espacial y el diseño a medida. ''El reto consistía en mantener dos dormitorios, sumar un segundo baño y transformar un pasillo interminable en un espacio fluido, lleno de vida y coherencia'', explica la arquitecta Silvia San Martín.
''Antes de la intervención, la casa tenía una distribución muy compartimentada: un pasillo largo comunicaba todas las estancias –una cocina pequeña, un salón reducido, un baño y dos dormitorios–, restando amplitud y luz al conjunto''. Ahora, ese pasillo se ha convertido en un recibidor cálido, donde una hornacina retroiluminada y un armario a medida introducen la estética del proyecto, dominada por líneas suaves, curvas y una iluminación que define los espacios sutilmente.
Cada elemento del proyecto –desde los armarios curvados hasta las hornacinas con iluminación integrada– ha sido diseñado a medida. La vivienda, aunque compacta, transmite amplitud y equilibrio gracias a una paleta reducida y una planificación milimétrica. Aquí, la luz se convierte en material constructivo: modela los espacios, suaviza los encuentros y revela las texturas que dan carácter a cada estancia.
Desde el recibidor, la mirada se proyecta hacia el salón y la terraza, reforzando la sensación de continuidad. El suelo, de tarima laminada en espiga, unifica los espacios y aporta una textura cálida que contrasta con las superficies satinadas de los muebles y encimeras.
La cocina, que antes era un espacio independiente y poco iluminado, se abre ahora al salón para formar un conjunto único. Su tono verde aceituna se ha transformado en el elemento protagonista, combinando con el mármol de la encimera y los detalles dorados de griferías y tiradores. La península articula el espacio y multiplica su versatilidad: puede funcionar como rincón de desayunos, zona de trabajo o un lugar improvisado donde charlar al final del día con una copa de vino.
El salón se concibe como una prolongación natural de la cocina. Las paredes blancas con molduras lisas agregan profundidad, mientras que el sofá con chaise longue en tono crudo, la mesa de vidrio templado y los detalles vegetales componen una atmósfera de serenidad.
El dormitorio principal conserva su posición original, pero ahora disfruta de un baño en suite, una pieza íntima y delicada donde los azulejos de gran formato efecto textil evocan la suavidad de un papel pintado. La pared en tono arena, el cabecero curvado tapizado y las cortinas translúcidas componen una escena de calma continua.
El segundo dormitorio puede funcionar como despacho o habitación de invitados. Su baño adyacente está pensado también como aseo de cortesía y lavandería integrada: en su interior, un armario oculta la lavadora, la secadora y los productos de limpieza, reforzando la sensación de orden y coherencia. Asimismo, destaca el papel geométrico en tono melocotón, donde la grifería dorada y el espejo retroiluminado conciben un elegante juego de luz cálida y reflejos suaves.
En apenas 55 metros cuadrados, esta reforma de Silvia San Martín demuestra que la elegancia no depende del tamaño, sino de la armonía entre proporción, funcionalidad y cuidado del detalle.






























