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Viajar es una invitación a desconectar del ritmo cotidiano, pero regresar a una casa sumida en el desorden puede deshacer en un instante la calma conquistada durante la escapada. Aunque una noche fuera o un viaje de fin de semana no suelen exigir una puesta a punto integral, sí conviene dejar la casa en perfecto orden antes de unas vacaciones largas, especialmente si se trata de cerrar una segunda residencia durante la temporada. Cuanto más dejes resuelto antes de marcharte, menos tendrás que gestionar a la vuelta; y, desde luego, nadie desea reencontrarse con olores desagradables o escenas poco amables al abrir la puerta.
Dedicar un tiempo a despejar y organizar la casa antes del viaje no solo facilita el regreso: también ayuda a crear un ambiente más sereno en el día a día, prolongando de algún modo esa placidez propia de las vacaciones. “Imagina que estás preparando tu casa como si fuera un Airbnb o dejándola lista para alguien que vaya a cuidarla”, explica Macarena Ramirez, de The Macarena Method. “Haz la cama con sábanas limpias, limpia el baño y la cocina, y deja la nevera impecable y la despensa ligeramente abastecida, únicamente con productos no perecederos”.
Alimentos viejos del frigorífico
Laura Leist, fundadora de Eliminate Chaos, añade algunos consejos para que la vuelta resulte aún más amable.
“Asegúrate de sacar la basura y el reciclaje, pide a alguien que revise el correo y recoja los paquetes, o solicita una retención del correo. Lava la ropa y guárdala. Limpia el baño y deja toallas limpias para tu regreso”. Para que la vuelta a casa resulte tan apacible como la escapada, hemos consultado a varias expertas en organización sobre las cosas de las que conviene desprenderse antes de salir de viaje, para disfrutar tanto de la partida como del regreso con total tranquilidad.
“Piensa en tu yo futuro regresando a casa”, aconseja Lisa Holtby, de Home Organizing with Lisa Holtby. “Tu yo del futuro agradecerá enormemente volver a un espacio limpio y fresco”. Empieza por desechar todo lo que esté caducado o a punto de caducar en el frigorífico: verduras marchitas, sobras olvidadas o lácteos vencidos. Nadie quiere volver a casa y encontrarse con un pequeño experimento maloliente.
Perecederos de la despensa
Algunos productos de despensa, como el pan, la bollería o las patatas, también pueden estropearse mientras estás fuera. “Planificar las comidas con antelación es fundamental. Si no vas a poder consumir estos alimentos antes de irte, lo mejor es deshacerte de ellos”, señala Holtby. Revisa la despensa y retira todo aquello que previsiblemente vaya a echarse a perder o que no vayas a utilizar antes de tu salida. Así evitarás sorpresas desagradables y mantendrás la cocina en perfecto estado.
“Empieza unas semanas antes de marcharte e intenta consumir los alimentos con fecha próxima de caducidad, así como todo aquello que pueda estropearse durante tu ausencia”, insiste Ramirez. “Así reducirás tanto el desperdicio alimentario como la factura de la compra. Justo antes del viaje, tira todo lo que se haya echado a perder, esté a punto de caducar o esté prácticamente agotado”.
Flores frescas
Un ramo bonito puede transformar cualquier estancia, pero si se marchita mientras estás fuera, podrías volver a casa y encontrarte con agua turbia, pétalos descompuestos e incluso una invasión de mosquitas. Si vas a viajar más de dos días, lo mejor es retirar los arreglos florales antes de salir o regalárselos a un vecino si todavía conservan algo de vida.
Correo y papeles acumulados
Poner orden en revistas, periódicos, folletos y papeles varios suele formar parte de esa lista eterna de tareas pendientes, pero conviene tacharlo antes de irse. “Revisarlo antes de salir evita que, al volver, te reciba una pila desordenada”, explica Holtby. “Un espacio libre de desorden ayuda a preservar la sensación de calma que buscas durante las vacaciones”.
Tira el correo no deseado, guarda las revistas y demás lecturas, y responde cuanto antes a cualquier invitación pendiente. También puede ser útil dejar un lugar específico para facturas y documentos, de modo que resulte más fácil gestionarlos a la vuelta. Y ya que estás, desmonta las cajas vacías y recíclalas para que no se acumulen en el garaje, y pide a algún vecino que recoja el correo mientras no estás.
Prendas gastadas o que ya no te sientan bien
Preparar la maleta puede convertirse en una magnífica ocasión para depurar armarios y cajones. “Deshacerte de estas prendas antes de irte garantiza que regreses a un entorno mucho más agradable”, apunta Holtby. Leist recomienda probarse todo lo que estés pensando llevarte y donar aquello que no te quede bien. “Yo utilizo un perchero en el cuarto de invitados para colgar la ropa que quiero llevarme y empiezo a agrupar los conjuntos unas dos semanas antes de las vacaciones. Así me aseguro de que todo está limpio y evito tener que lavar a última hora”.
Ramirez propone una mirada similar: “Mientras haces la maleta, te das cuenta de que hay prendas que, aunque encajen con el destino, ya no te apetece llevar. ¿Vas a pasar un par de semanas en un clima tropical? Probablemente no te plantees qué botas llevar o descartar, pero sí descubrirás qué sandalias ya no quieres volver a ponerte”. Al preparar un viaje, se hace evidente qué prendas te encantan de verdad y cuáles no echas de menos en absoluto. “Aprovecha esa claridad y dona aquellas piezas que ni siquiera has considerado llevar contigo”, sugiere Ramirez.
Etiquetas y adhesivos antiguos del equipaje
Antes de salir de viaje, asegúrate de que tus maletas están libres de etiquetas y adhesivos antiguos. Dejarlos puestos solo generará confusión en el aeropuerto y podría incluso hacer que el equipaje se extravíe. “No hay nada que estrese más que no tener durante las vacaciones algo realmente necesario, como una receta médica o un bañador”, recuerda Leist. Aprovecha también para colocar etiquetas identificativas actualizadas en tus maletas, con tu dirección y número de teléfono correctos.















