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Esta vivienda de obra nueva en Donosti ha pasado de ser un piso sin alma a convertirse en un refugio urbano donde la naturaleza tiene presencia constante. La responsable de la transformación es Maite Santos, interiorista especializada desde hace más de 15 años en espacios saludables que trabaja desde la perspectiva del feng shui tradicional, la geobiología y la biohabitabilidad.
Cuando la propietaria contactó con su estudio, sabía bien lo que quería: "Buscaba un espacio natural, en sintonía con nuestra biología y respetuoso con el medio ambiente". Al tratarse de una vivienda de obra nueva –con 104 metros cuadrados interiores–, la mayor parte de la construcción ya estaba terminada cuando Maite comenzó a trabajar.
Su intervención se centró en reforzar esa coherencia entre espacio, salud y naturaleza que buscaban los propietarios, y lo logró con cuatro gestos que, aunque sencillos, marcaron la diferencia. El primero consistió en cerrar un paso para ampliar la cocina y crear una entrada más acogedora. El segundo fue abrir dos puertas simétricas que permitieran que la luz natural fluyera mejor por la vivienda. El tercero se centró en diseñar con mimo cada punto de luz, pensando en cómo la iluminación artificial podía respetar los ritmos biológicos al imitar la plenitud del día y la calidez del atardecer. Y el cuarto, vestir los espacios con una decoración serena que conectara con la naturaleza.
La casa se pintó con pinturas vegetales y se eligieron elementos decorativos que reforzaran ese vínculo con el entorno natural. Los propietarios querían un estilo mediterráneo, pero como la cocina y los baños ya venían ejecutados de obra, "la clave estuvo en integrar nuestra mirada saludable y el estilo mediterráneo sin grandes reformas, apostando por soluciones creativas que aportaran calidez, naturalidad y coherencia con la forma de vida de quienes la habitan", cuenta Maite.
Desde el recibidor, se accede a la zona de día, donde un elemento domina por encima de cualquier otro: la estantería de pladur con acabados en cal y cera. "Es, sin duda, la reina de la casa. Ha aportado ese aire mediterráneo que tanto buscaban para la vivienda", señala Maite. Esta pieza artesanal, trabajada a mano, comparte protagonismo con las puertas de paso de Divah Spain, dos puertas simétricas –una corredera y la otra batiente– que refuerzan la armonía del conjunto.
En la cocina, el mobiliario y la encimera ya venían de serie, así que la intervención se concentró en dos aspectos. Por un lado, añadir la alacena de Induo, algo que obligó a cerrar la puerta de paso desde la entrada, pero que permitió ampliar un espacio que, de otro modo, habría resultado insuficiente para una familia actual. Por otro, incorporar detalles que dieran personalidad a un espacio bastante neutro: un papel pintado con textura de Coordonné en la pared, cerámica portuguesa, apliques de Aromas del Campo y cortinas de lino de Equipo DRT.
La zona de noche mantiene esa coherencia estética que recorre toda la vivienda. Las habitaciones cuentan con camas de Noctis, iluminación de Luxcambra y Massmi, y cortinas de lino de Equipo DRT.
Pero si hay algo que merece mención aparte en este proyecto es la terraza. Con 96 metros cuadrados, prácticamente la misma superficie que el interior, este espacio se ha convertido en el verdadero corazón de la casa. Maite diseñó aquí unas camas de cultivo elevadas, una idea que llevaba tiempo madurando desde que vivió un año en Nueva Zelanda, donde aprendió mucho sobre construcción de exteriores. "Siempre había querido realizar un proyecto así en un entorno urbano y, por fin, he podido hacerlo. Cuando me dijeron que sí, fue un verdadero regalo: una oportunidad de integrar tanta naturaleza en pleno edificio de ciudad".
Kimu Bat se encargó de ejecutar el proyecto, y el resultado es un huerto urbano que hoy funciona como símbolo de la forma de estar en el mundo de quienes habitan esta casa: respetuosa, consciente, conectada con la tierra. La madre de la propietaria dice que al entrar se siente un poco en el cielo. Su hija, que la casa es un abrigo que lo hace todo más fácil. Y Maite, feliz de haberlas acompañado este viaje hacia la calma.






















