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Casa Al Pradet es la casa que la arquitecta Clara Crous proyectó para ella y su familia en el corazón del Alt Empordà, y nace de la tierra, literalmente. Ella y su pareja Carles adquirieron en el pueblo de Vilamacolum la última parcela disponible de una de sus calles. Un solar triangular, en contacto directo con el paisaje agrícola que ha marcado históricamente el territorio y también la biografía de Carles, profundamente vinculada al campo. Carles se dedica a la fabricación digital aplicada a la madera y al plástico, y forma parte de una familia de agricultores de la zona, "lo que le permite acceder de manera natural a una amplia gama de maquinaria para trabajar y manipular materiales de gran formato", explican desde el estudio de Clara. Este contexto fue determinante para que ella y su equipo concibieran el proyecto desde el inicio bajo una lógica de autoconstrucción que integrara diseño, medios técnicos y tiempos de ejecución.
De hecho, el inicio de la obra, por ejemplo, se planificó siguiendo el calendario agrícola y coincidió con el final de la cosecha del maíz, "momento en el que la mano de obra local quedaba disponible para participar activamente en la ejecución del proyecto. Lejos de ser una circunstancia anecdótica, este encaje entre ciclos productivos y proceso constructivo se convirtió en uno de los pilares conceptuales de la vivienda".
La estructura se resolvió mediante un sistema de entramado ligero de madera, mecanizado previamente en taller, lo que permitió optimizar tiempos, esfuerzos y recursos. "A partir de esta lógica constructiva, la casa, de 210 metros cuadrados, se articula como un conjunto de módulos de distintas formas y alturas, evocando las construcciones vernaculares". Se decidió elevar 1,2 metros la construcción para protegerla de posibles inundaciones, pues se encuentra en la cota más baja del pueblo, por donde discurre el agua de lluvia en dirección a un río situado por debajo de la parcela.
“Los volúmenes retranqueados dialogan tanto con la geometría triangular del solar como con la disposición fragmentada de las antiguas masías catalanas, integrándose con naturalidad en el paisaje rural del Alt Empordà”, continúan explicando.
La vivienda se construye a partir de materiales naturales y de proximidad como el corcho, el mortero de cal, la tova, la baldosa hidráulica y la cerámica manual, empleados en suelos, zócalos, exteriores y distintos elementos constructivos. En el interior, la madera estructura el espacio y define también el mobiliario, aportando continuidad material y calidez a toda la casa. En el suelo encontramos hormigón pulido y baldosa hidráulica hecha a medida, mientras que el techo se llena de vigas laminadas de abeto y papeles de abedul. Terracota cocida en exteriores y terrazas y madera de pino y marcos de hierro en las ventanas.
Algunos elementos tradicionales se combinan con soluciones actuales. Así las clásicas persianas alicantinas se han motorizado y se controlan mediante un sistema domótico que regula su funcionamiento en función del sol y del viento.
En el exterior, una franja perimetral de grava cerámica facilita el drenaje del terreno. Y sentarse en el porche o darse un baño en verano en la piscina, es uno de esos placeres terrenales que hacen que uno no quiera salir de casa.





































