- Los interioristas, sobre el resurgir del arte en la decoración
- Cómo colocar cuadros o láminas en una pared
- 35 ideas para decorar con cuadros y láminas
Quién no ha pensado alguna vez delante de El jardín de las delicias del Bosco, en el Museo del Prado, que esa consagración de la primavera, tan disonante como la de Stravinski, estaba a punto de estallar, como si empezara el baile. Paula Varona no solo lo ha imaginado, sino que lo ha hecho real con sus pinceles. Ha abierto de par en par este tríptico ya de por sí abierto para liberar a sus criaturas fabulosas y dejar volar a los pájaros. Varona acaba de inaugurar la exposición Espacios y luces en el Museo de la Semana Santa de su Málaga natal. Permanecerá abierta hasta el próximo 19 de julio.
No son solo los juegos artísticos, en los que ella entra y sale, mientras enreda mágicamente al público, a su familia y a los propios museos, sino también la mirada de asombro ante una ciudad, la suya, que ha convertido en imaginaria sin que haya dejado de ser real. La exposición de Paula Varona propone un recorrido nada turístico por la alcazaba, el castillo de Gibralfaro, el puerto, los Baños del Carmen o el centro histórico.
Los guiños que la malagueña hace al arte, los artistas y los espacios artísticos son innumerables. Pero se asome quien se asome a sus lienzos, y sea cual sea la complicidad creativa, la verdadera protagonista siempre es la luz. Se proyectará, eso sí, sobre las Majas de Goya o sobre el Guggenheim, tanto el de Nueva York, el "templo del espíritu" de Frank Lloyd Wright, como el de Bilbao, del otro Frank, Gehry. No extraña que tenga a Monet o a Sorolla entre sus maestros. Ni que le venga de Vermeer tanta inspiración.
Quién es Paula Varona
Paula Varona (Málaga, 1963) se formó en la Saint Martin's School of Arts de Londres. Ha expuesto en la Cordoaria Nacional de Lisboa, la Casa de Vacas del Parque del Retiro de Madrid o la PBC Art Gallery de Nueva Delhi. Forma parte del jurado del Salón de Otoño de la Asociación Española de Pintores y Escultores (AEPE) y del Premio Reina Sofía de Pintura y Escultura. Y ha recibido, entre otros reconocimientos, la Medalla de Honor Premio BMW. Hemos hablado con ella de arte, de museos y de los grandes maestros.
¿Cuáles son esos espacios y esas luces de los que habla el título de la exposición?
Los espacios que me atraen son aquellos que contienen vida, memoria y emoción. Me interesa la ciudad que me vio nacer, los museos, los interiores y también el mar, porque todos ellos hablan, de algún modo, de la experiencia humana. Son lugares que habitamos físicamente, pero también emocionalmente.
En esta exposición, esos espacios aparecen atravesados por distintas luces: la luz de Málaga, la de los museos, la luz cambiante de los interiores, pero también una luz más íntima y emocional, que tiene que ver con la manera en que miramos y sentimos. Cuando pinto, no intento reproducir únicamente un lugar. Busco capturar la atmósfera que surge entre el espacio, la luz y las personas que lo habitan. Me interesa ese instante fugaz en el que todo parece detenerse y adquiere una dimensión casi silenciosa.
¿Por qué le gustan tanto los museos?
Los museos me fascinan porque son espacios de contemplación y diálogo, lugares donde conviven el arte, la arquitectura y las personas, generando nuevas historias y nuevas miradas. Y Málaga está siempre presente de algún modo en mi pintura, porque crecí rodeada de esa luz mediterránea que sigue formando parte de mi forma de mirar y de pintar.
Los museos se han considerado históricamente lugares sagrados. Sin embargo, en su obra hay un juego artístico continuo.
Intento romper con la idea clásica del museo como un lugar intocable y solemne. Para mí, el museo deja de ser únicamente un templo y se convierte en un espacio vivo, humano y cercano. No se trata de desacralizar el arte, sino de devolverle respiración, experiencia cotidiana y emoción. Mis personajes aparecen caminando, observando distraídos, conversando o simplemente habitando esos espacios.
Arquitecturas museísticas
Es otra forma de vivir el arte y de habitar lo museos.
Me interesa mostrar el arte, no como una reliquia distante, sino como diálogo continuo. También me interesa mucho la idea de las obras dentro de las obras: los espectadores mirando cuadros, las arquitecturas museísticas convertidas en protagonistas y la propia experiencia de contemplar transformada en tema pictórico.
De algún modo, reinterpreto el museo emocionalmente y lo convierto en memoria, escenario, ciudad interior e incluso en un pequeño teatro humano. A veces introduzco cierta ironía suave, pero siempre desde la cercanía y la poesía visual. Me interesa que el espectador sienta que también forma parte de la escena.
¿Cuánta inspiración literaria hay en lo que hace?
Creo que bastante, aunque no de una manera explícita o narrativa. No ilustro novelas ni poemas, pero sí siento que mi pintura está muy impregnada de una sensibilidad literaria y contemplativa. Algunos escritores que han escrito sobre mi trabajo han sabido ver esa dimensión. Juan Manuel de Prada hablaba de "la luz no usada" en mis cuadros, tomando la expresión de Fray Luis de León, y describía mis obras como escenarios emocionales o estados del alma.
Juan Cruz, por ejemplo, interpreta mis ciudades pintadas como lugares de memoria y metáfora, más que como simples paisajes urbanos. Hay aspectos profundamente literarios en mi pintura: la atmósfera emocional, el uso simbólico de la luz, la sensación de memoria, de nostalgia y de tiempo suspendido. Pero quizá esa relación con la literatura esté más cerca de la poesía o del ensayo contemplativo que de la narración. Pinto como quien escribe una novela silenciosa sobre la luz, el tiempo y la presencia humana.
Los grandes maestros del arte
¿Quiénes son sus grandes maestros de la pintura?
Hay muchos artistas que me han acompañado y emocionado a lo largo del tiempo. De Joaquín Sorolla, admiro esa luz vibrante y su capacidad de convertir lo cotidiano en algo emocional. De Edward Hopper, me atraen el silencio, la arquitectura y esa sensación del tiempo detenido que habita en sus escenas.
Claude Monet, por su búsqueda constante de atmósferas y por su manera de captar las variaciones de luz. Antonio López, por esa mirada lenta y contemplativa sobre la ciudad. Y J.M.W. Turner, por la disolución poética de la luz y la materia. También Vermeer ha sido muy importante para mí, por la quietud y la espiritualidad luminosa que poseen sus interiores.
Y en un sentido más amplio, siento admiración por Velázquez, por la profundidad psicológica y la libertad pictórica. Por Vincent Van Gogh, por convertir la emoción en pintura pura; por Pablo Picasso, por reinventar la forma de mirar; y por Matisse, por entender el color como una forma de emoción y de libertad.
¿Qué es el arte para Paula Varona?
Para mí, el arte es una forma de detener el tiempo y transformar una emoción en algo visible. Pinto los espacios, la luz y los silencios que me conmueven, intentando que quien contemple el cuadro pueda sentir algo parecido a lo que yo sentí al descubrir esa escena.
¿A dónde la lleva el arte?
El arte me lleva a observar la vida con más profundidad, a descubrir belleza en lo cotidiano y a detenerme en aquello que normalmente pasa desapercibido. Pero también me lleva a conectar con otras personas desde un lugar muy íntimo y al mismo tiempo universal.
Creo que la pintura tiene la capacidad de crear espacios de contemplación en medio del ruido del mundo, y quizá por eso sigo pintando: para intentar preservar esos instantes de luz, memoria y emoción que, de otro modo, desaparecerían.
















