Cuando Natalia López y María José Díez fundaron Vajillas de Ultramar en 2014, no tenían tan claro como ahora que el color blanco fuera a ser esencial en su marca. De hecho, eligieron el nombre de su empresa como homenaje al que probablemente sea el pigmento más usado en cerámica, el azul. “Después de dos años de experimentación y de pintar muchos platos sobre porcelana, nos dimos cuenta de que lo que nos gustaba de verdad eran las vajillas blancas", explican desde su taller en Madrid, en el barrio de Argüelles.

"Para nosotras es un color que simboliza la madre. Es como un anclaje a algo que parece que siempre ha estado ahí”, dicen, convencidas hasta la médula de la relevancia de este no-color. En su caso, el material vino antes que el diseño: una loza finísima y ligera, que solo permite una manipulación experta, rápida y precisa antes de la cocción, a cargo de expertos artesanos que las ayudan con la parte más técnica.

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Unas vajillas de fina loza con imperfecciones

“No somos diseñadoras. Pero nuestra familia -son primas, además de socias-, aunque tradicional, es de mente muy abierta. Gracias a nuestras madres, hemos convivido con lo hecho a mano, con el diseño, la decoración o la moda desde pequeñas. Como empresa artesana, valoramos mucho el trabajo y la creatividad”, cuentan, orgullosas de su origen humilde. El camino no ha sido fácil y a veces han estado a punto de tirar la toalla. De hecho, cuando empezaron eran 3 socios, pero uno se fue al poco de iniciar esta aventura. “Es complicado salir adelante siendo una compañía tan pequeña. La gente tiene una o dos vajillas en su vida, que suelen ser un regalo de boda o una herencia familiar”, explican.

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Un rincón del showroom, de Natalia y María José, en el madrileño barrio de Argüelles

Por fortuna, ha surgido una nueva generación de amantes de las vajillas para la que este tipo de platos son un objeto de deseo, y que sabe que en la era de la inmediatez y el consumo todo lo bueno lleva tiempo. Y en ocasiones, han contado con la mirada y el buen hacer con maestros como el modisto Josep Font, que les aportan una visión especial y diferente. Además de los lazos y las “costuras”, la colaboración con Font, presentada en 2024, se compone de originales platos con un pliegue que funciona como centro floral individual.

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ana gomez
Una de las piezas que han hecho en colaboración con el diseñador Josep Font.

La delicadeza en el tratamiento de la arcilla y la controlada cocción que la convierten en finísima loza son el sello inconfundible y artesanal de Vajillas de Ultramar. Los mejores artesanos de España, son quienes se encargan de hacer esta idea realidad con una técnica impecable que permite manipular el material en muy poco tiempo y sin que se rompa. Pero no diseñan únicamente vajillas. También se han atrevido con lámparas de loza y con jarrones esmaltados, incluso con una colección basada en la técnica japonesa kintsugi, que destaca precisamente la fractura o las imperfecciones de la cerámica, aplicando oro para repararlo.

fundadoras de vajillas de ultramar
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fundadoras de vajillas de ultramar
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Una pequeña empresa de artesanía en loza, en el radar de Zara Home

Las grandes cadenas como Zara Home coquetean con ellas (ya sacaron una colección en colaboración con la Cartuja de Sevilla), pero prefieren controlar su pequeña y delicada producción artesanal, tan difícil (por no decir imposible) de reproducir a gran escala. "No es que sea mejor ni peor", aclaran, pero "hay cosas que, sencillamente, no se pueden hacer de esa manera". María José lo matiza: "Ha habido alguna ocasión en la que incluso hemos entregado la vajilla en mano al cliente por miedo a que se rompiera por el camino. Es un servicio tan personalizado que no se puede trasladar sin cambiar el modelo de negocio, y realmente, aunque nos gustaría llegar a más gente, tampoco queremos cambiar algo que funciona y que nos gusta como es".

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ana gomez
Otro de los modelos de la colección que han hecho con Josep Font.

No están solas: forman parte del prestigioso catálogo de SACo (Sociedad de Artesanía Contemporánea), y cuentan con clientes fieles como Axel Vervoordt, que incluyen sus piezas en sus proyectos y en su casa (la mujer del arquitecto, May Schelkens, es fan de Vajillas de Ultramar). Sin ser materialista, estas vajillas son una de esas cosas que alegran la vida, y quien sostiene en sus manos una de sus piezas, queda maravillado con la forma en que el brillo del esmalte refleja la luz y las imperfecciones de la loza.