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Viajamos al corazón de Vitoria para conocer uno de los últimos proyectos del estudio de interiorismo Modulo. "Es un testimonio de confianza, pues representa nuestra segunda colaboración con los propietarios", confiesan. La intervención principal pivotó sobre una reorganización integral de la planta, estableciendo una clara y fluida división entre la zona de día y la zona de noche.
"Nuestro objetivo fue optimizar la circulación y maximizar la entrada de luz natural. Para ello, eliminamos un primer vestíbulo para ampliar la entrada principal, generando amplitud e incorporando una ventana estratégica con vistas a un edificio histórico y sus jardines. Además, el hueco hacia la cocina se abrió por completo, convirtiéndola en protagonista visual desde el acceso", explican los interioristas.
Las puertas correderas de cristal ahumado y perfilería de madera multiplican la calidez de la cocina, que dispone de una pequeña barra de desayuno con taburetes, espacio de almacenaje y salida directa al balcón.
Delante de la cocina, un frente continuo de paneles de madera de suelo a techo integra almacenamiento de un modo muy sutil, además del acceso oculto al pasillo que distribuye las habitaciones. El recorrido culmina en el comedor, acompañado por un espejo coloreado que multiplica luz y profundidad, y finalmente en el salón, situado ante un ventanal orientado al sur que baña toda la zona de día con una luz cálida y constante.
Materiales cálidos y serenos
La selección de materiales buscó crear un fondo cálido y atemporal sobre el que desplegar la vida de los propietarios. Los blancos rotos en paredes y techos incrementan la luminosidad, mientras que la madera en espiga aporta continuidad y una calidez clásica reinterpretada en clave contemporánea. En baños, la combinación de cerámicas de gran y pequeño formato introduce ritmo visual, complementado con papeles vinílicos estampados que suman textura y funcionalidad. El uso de papeles pintados en distintas estancias –desde un paisaje a plumilla en el dormitorio principal hasta líneas verticales en la galería– agrega personalidad y profundidad. Por último, las texturas naturales, presentes en linos, algodones, terciopelos y alfombras de lana, construyen una atmósfera rica y serena, invitando al confort y al tacto.
La iluminación se concibe como una herramienta arquitectónica y emocional capaz de adaptar los espacios a los diferentes momentos del día.
El mobiliario combina piezas icónicas del diseño del siglo XX con elementos a medida, generando un equilibrio entre contemporaneidad y carácter propio. La integración de mobiliario familiar restaurado o reinterpretado fue clave para construir un hogar auténtico y lleno de identidad. Estas piezas, actualizadas o asignadas a nuevos usos, refuerzan el vínculo emocional entre la vivienda y sus propietarios.
El resultado es una vivienda que refleja de forma auténtica la esencia y las necesidades de sus propietarios, un espacio coherente y atemporal donde cada decisión –desde la materialidad hasta la iluminación y el mobiliario– contribuye a una experiencia doméstica cálida, funcional y con carácter propio. "Este proyecto reafirma nuestra visión: diseñar interiores que trascienden lo estético para convertirse en lugares vividos, confortables y profundamente conectados con quienes los habitan", concluyen los arquitectos de interiores de Modulo.



























