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Esta finca de 1926 en el barrio donostiarra de Gros, guarda tras su fachada señorial una de esas viviendas con personalidad propia. Combinando con maestría los elementos estructurales clásicos con una decoración ecléctica, rica en materiales nobles y naturales, el interiorista Iñigo Iriarte ha volcado todo su savoir faire en esta segunda residencia, propiedad de una pareja con una hija.
"El piso cuenta con unos 112 metros cuadrados y proviene de la segregación de una vivienda mayor de unos 200 metros cuadrados, cuya unión se ha realizado a través de un distribuidor interior grande y luminoso", explican desde el estudio de Iñigo Iriarte. "El encargo pretendía devolver al inmueble el sabor del Donosti clásico y enriquecerlo con los elementos que lo definen, pero en armonía con los tiempos y tendencias que nos inspiran en la actualidad", añaden.
A nivel lumínico, el principal reto era llevar la luz exterior hasta el espacio opuesto. "Sus numerosas aperturas y balcones y la distribución de concepto abierto han sido la clave para que la vivienda disfrute en todos sus rincones del ambiente y la luz de la ciudad".
Desde el distribuidor interior accedemos a la vivienda principal. En él, nos recibe un hall donde encontramos la primera parte del programa de la casa, un office, una segunda habitación y un baño completo. A través del hall bajamos a cota 0, donde el resto del programa se abre 180 grados en un concepto de planta abierta. A nuestra izquierda, la cocina, presidida por una gran isla central de cuarcita blanca. Frente a ella, la zona de comedor, con una mesa circular y sillería y un mirador enmarcado por la gran ventana de arco de punto redondo, "la pieza arquitectónica más valiosa de la vivienda por las icónicas vistas al mar".
En el espacio central se dispone la zona de relax, presidida por una gran chimenea con base de mármol que actúa como eje vertebrador del proyecto. Enfrente, un conjunto de sofás modulares de diseño geométrico, guía la mirada hasta llegar al cuadro –obra de un artista local– que viste la pared con la energía de los colores primarios.
De una de las esquinas, nace un paño de espejo vertical que oculta la puerta de acceso a la suite principal. Esta se compone de un programa completo de zona de descanso, baño en suite, zona de inodoro a la francesa y vestidor. En el área de la cama, sobre el cabecero realizado con tejido de Dedar Milano y madera con acabado nogal –diseño del estudio Iñigo Iriarte–, destaca la escultura azul de Silvano Cei, simulando una suerte de joya flotante. A la derecha, la celosía de cristal y perfilería blanca, de estilo afrancesado, da paso a la zona de aguas.
"El proyecto ha incluido colaboraciones con marcas globales, artesanos locales, diseño de mobiliario y escayolas y revestimientos creados ad hoc en el estudio".
A través del uso de mármoles, piedras naturales o madera, en combinación con obras de arte y creaciones únicas del estudio, Iñigo Iriarte ha perfilado una vivienda única que juega con el eclecticismo y la materialidad de un modo sublime, fiel al espíritu del interiorista.



























