- Reformas en casa: los 25 antes y después más impactantes
- Los 40 pisos pequeños de menos de 50 metros más bonitos
- 55 ideas para decorar un piso pequeño con estilo y encanto
El último proyecto de la interiorista Sara Rodríguez –Ro Interiors– surgió del encargo de transformar una antigua oficina en dos casas independientes. Una se destinó al alquiler y la otra, de 65 metros cuadrados, se concibió como segunda residencia para una pareja joven. ''El apartamento se encuentra en un edificio modernista de 1914, lo que aportaba un contexto arquitectónico con mucho carácter, pero también con ciertos retos de adaptación'', explica Sara Rodríguez.
La intervención consistió en liberar el espacio de todo lo superfluo y darle una nueva vida con una distribución sencilla, luminosa y práctica. En cuanto a la distribución, la vivienda cuenta con una cocina abierta que se integra con el comedor y el salón, una habitación de matrimonio y un baño. La abundante luz natural y los techos de 3,40 metros de altura, propios de un segundo piso en un edificio de esta época, se convirtieron en los mejores aliados para potenciar la sensación de amplitud.
En cuanto al estilo decorativo, se apostó por una estética contemporánea de inspiración mediterránea: una paleta clara y neutra, muebles de líneas depuradas en madera natural, textiles ligeros y detalles en dorado cepillado que aportan sofisticación. ''La vegetación y los objetos escogidos con cuidado completan un ambiente cálido y acogedor, siempre desde la simplicidad'', añade la interiorista.
Uno de los aspectos más importantes fue el diseño de la cocina. Al estar abierta al salón, se quiso evitar la imagen de la típica cocina de apartamento, así que los electrodomésticos se ocultaron tras el mobiliario y la campana se integró en la placa de inducción, consiguiendo una estética discreta y sofisticada.
El proyecto también recuperó elementos originales del edificio. ''Por un lado, eliminamos los falsos techos registrables instalados en los años 80 para dejar a la vista la tradicional bóveda catalana. Para suavizar su característico tono rojizo y aportar más luz al conjunto, pintamos en blanco con pistola, logrando una textura más ligera y menos opaca. También recuperamos las puertas y las ventanas originales de madera y las pintamos del mismo tono que el techo'', expone Sara Rodríguez.
En el dormitorio principal se buscó potenciar al máximo la sensación de calma y frescor. El papel pintado y el cabecero tapizado aportan textura sin recargar, mientras que la ropa de cama en lino y los cojines con motivos florales introducen un toque natural y acogedor. La gran ventana con carpintería original modernista, acompañada de cortinas ligeras, permite que la luz natural inunde la estancia. Las mesitas de noche en madera, las lámparas de latón y la luminaria de fibras naturales completan un espacio equilibrado entre lo funcional y lo decorativo.
En el baño se eligió un formato de baldosa de 10x10 respetando los tonos del resto de la casa. ''Decidimos huir de los grandes formatos modernos para darle un aire más clásico al espacio'', indica la interiorista. El espejo de anticuario (adquirido en un hotel rural en Ripoll), las griferías y el aplique dorado le dan un toque de elegancia muy especial.
El resultado es una segunda residencia acogedora y funcional, resuelta con los muebles imprescindibles y una estética depurada que combina practicidad y calidez. Un refugio contemporáneo dentro de un edificio con más de un siglo de historia, donde la memoria modernista dialoga con un estilo actual y atemporal en un ambiente de pura armonía.
Proyecto: Ro Interiors.
























