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En las casas modernas, la distribución no responde a patrones tradicionales, sino que se adapta a las necesidades –cada vez más– cambiantes de sus habitantes. Este piso de 113 metros cuadrados, situado en São Paulo, es un claro ejemplo de este nuevo concepto de vida.
La interiorista Júlia Otaga, de Júlia Otaga Interiores, se encontró con una joven pareja que deseaba darle un toque más luminoso y personal a su hogar, conservando el parqué de madera original y apostando por un estilo ecléctico con colores vivos y sorprendentes. Al trabajar en formato híbrido, los propietarios también precisaban más practicidad en su día a día, incluyendo dos despachos. La solución fue de lo más sencilla. Como no tienen hijos, las tres habitaciones se reconfiguraron: una se mantuvo como dormitorio, y las otras se dedicaron al teletrabajo.
Por otro lado, la pasión de la pareja por el arte, los libros y el ciclismo terminó convirtiéndose en el hilo conductor del proyecto. ''Sienten un gran cariño por sus bicicletas, así que dejamos una de ellas expuesta en el comedor, sobre una pared verde mar que remite a los anuncios de los años 70, cuando este color se usaba para transmitir frescura y optimismo en tiempos de reconstrucción'', explica Júlia Otaga. La bicicleta, con acabado en blanco hueso y estética vintage, se ha transformado en una suerte de escultura que acapara todas las miradas desde la entrada.
Entre los cambios más notorios de la intervención, la carpintería original se renovó y se pintó para hacer los ambientes más claros y aireados. Además, también se rediseñó la iluminación: como el piso solo recibe luz natural por un lado, los puntos de iluminación se distribuyeron estratégicamente para mejorar la calidad de la luz durante todo el día.
''La idea era crear espacios que fueran acogedores y que valorizaran los hábitos de la pareja'', manifiesta la interiorista. Un ejemplo es el coqueto rincón de lectura junto al viejo reloj de madera y el espacio anexo a la ventana, ideal para tomar el primer café del día mientras se hojea el periódico. En la zona del comedor, varias de las paredes se dejaron en blanco con el objetivo de destacar los cuadros y objetos de la pareja.
En el dormitorio, las puertas de los armarios se retiraron, transformando el espacio en un vestidor abierto. De este modo, se permite una mayor ventilación para la ropa y fácil acceso a los objetos cotidianos.
La decoración se basa en la reutilización: la mayoría del mobiliario y los objetos ya pertenecían a los clientes, algunos heredados de la familia, otros traídos de sus viajes.
Enfocándose en intervenciones específicas, el proyecto apostó por soluciones simples que tuvieran gran efecto visual y funcional, trayendo nuevos usos a los espacios sin alterar la distribución original. El resultado, según los propios clientes, es motivo de orgullo: ''Nos gustó mucho el resultado y estamos muy orgullosos de este proyecto''.
Proyecto: Júlia Otaga.





















