El proyecto de esta casa de 557 metros cuadrados se articula a partir de un conjunto de volúmenes de mampostería que se entrelazan en torno a un arroyo estacional. Estos bloques, sobrios y contundentes, definen la base del conjunto: piezas sólidas que a la vez se abren y se pliegan para dar paso a un gran espacio común que cruza el cauce y convierte lo que podría haber sido una limitación en el corazón de la vivienda, a modo de casa de campo. El resultado, llevado a cabo por el estudio Alterstudio Architecture, es un juego de llenos y vacíos, o lo que es lo mismo, de muros opacos que protegen y de paños acristalados que se abren a la luz y al paisaje inmediato.

calle sin salida, entre dos casas, atravesado por un arroyo y al borde de un barranco, este chalet hizo de los obstaculos la mejor base para su diseno
Casey Dunn
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En el interior, la secuencia de estancias se organiza de manera natural, como si se tratase de un recorrido continuo entre el exterior y el interior. Las paredes de ladrillo visto, fabricado originalmente para restauraciones históricas, marcan la identidad del espacio. Su textura rugosa genera profundidad y movimiento, captando la luz cambiante a lo largo del día y aportando un contrapunto matérico a los grandes ventanales que enmarcan el follaje de los árboles.

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casa con piscina en un barrancopinterest
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La sala de estar, que ocupa una posición central, se extiende como un mirador hacia el entorno, con un suelo y techos revestidos en madera de roble que refuerzan la sensación de calidez. La chimenea, integrada en un muro de ladrillo blanco, actúa como ancla visual del espacio, equilibrando la ligereza del mobiliario con un gesto arquitectónico rotundo. Frente a ella, un mobiliario sobrio y contemporáneo, en tonos grises y negros, se combina con piezas puntuales en cuero y metal que aportan carácter sin romper la serenidad del conjunto.

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El comedor y la cocina comparten esta misma lógica de continuidad. Una mesa larga y ligera, de estructura metálica y sobre blanco, dialoga con un aparador en tonos oscuros y con la isla central de la cocina. Aquí, la madera vuelve a ser protagonista en los taburetes, que introducen una nota cálida frente a la sobriedad de los muebles negros y el brillo controlado de la encimera. El diseño busca la máxima funcionalidad sin renunciar a una estética precisa, casi gráfica.

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Uno de los grandes logros del proyecto es la gestión de la luz natural. Las fachadas acristaladas inundan de claridad las estancias principales y de paso diluyen los límites entre el interior y el exterior. La vegetación se convierte en un decorado cambiante que aporta dinamismo a la vivienda, la sensación es la de estar en medio de un enclave natural, a pesar de encontrarse en un entorno residencial.

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La piscina exterior prolonga esta idea de continuidad. Situada junto a uno de los volúmenes principales, se extiende paralela a la vivienda, reflejando los árboles y multiplicando las perspectivas. Su diseño lineal, sin ornamentos, refuerza la vocación contemporánea del proyecto y amplía la percepción espacial de la parcela. En todo momento, la casa juega con la dualidad entre apertura y recogimiento. Los muros de ladrillo protegen la intimidad en las zonas más expuestas, mientras que las cristaleras permiten que la vida cotidiana se desarrolle en contacto directo con el entorno. Esta estrategia genera una vivienda introspectiva y abierta a la vez, capaz de equilibrar la privacidad con la amplitud.

Más información: alterstudio.net