Elegir entre bañera o ducha es uno de los dilemas más frecuentes al reformar un baño, especialmente cuando se trata de una estancia infantil. La bañera resulta muy cómoda durante los primeros años, pero la ducha suele ser más práctica cuando los niños crecen y comienzan a utilizar el espacio de manera autónoma. El problema aparece cuando los metros disponibles parecen obligar a renunciar a una de las dos opciones.

Sin embargo, este proyecto demuestra que ambas pueden convivir sin saturar el ambiente. Hemos hablado desde Nuevo Estilo con la arquitecta e ilustradora Pilar García-Ferrer, quien se enfrentó a un baño estrecho y muy alargado, casi con forma de tubo. Una geometría inicialmente complicada que el estudio consiguió convertir en la clave de una distribución funcional, luminosa y pensada para acompañar a la familia durante muchos años.

banera ducha integrada pilar garcia ferrer
Javier Calleja Rovira

Cómo integrar bañera y ducha en un baño pequeño

La geometría del espacio era el principal reto del proyecto. La planta, marcadamente rectangular, obligaba a estudiar cada centímetro antes de tomar cualquier decisión relacionada con los revestimientos, la iluminación o los elementos decorativos.

"En Pilsferrer siempre decimos que la arquitectura y la distribución son la base de un buen proyecto", explica García-Ferrer. Por eso, el equipo comenzó analizando cómo debía funcionar el baño y qué necesidades tenía que resolver tanto en el presente como en el futuro.

La solución fue agrupar la bañera y la ducha dentro de una misma zona húmeda. En lugar de intentar colocarlas en espacios independientes, se integraron en continuidad, aprovechando toda la longitud disponible y evitando divisiones que habrían acentuado todavía más el efecto de pasillo.

El truco de arquitecto para un baño alargado 2 en 1

La bañera se encajó al fondo de la estancia, bajo la ventana y ocupando toda la anchura disponible. Inmediatamente delante se dispuso la zona de ducha, prácticamente a ras de suelo y con suficiente espacio para utilizarla cómodamente.

Esta organización convierte la forma alargada del baño, inicialmente problemática, en su principal ventaja. La mirada puede recorrer toda la estancia hasta alcanzar la ventana, mientras que la bañera se percibe como parte de la propia arquitectura y no como una pieza añadida que resta espacio.

La distribución también ofrece una ventaja práctica en un baño infantil. "Cuando los niños empiezan a jugar y a salpicar durante el baño, todo el agua queda contenida dentro del área de ducha y se evacúa directamente por el desagüe", señala la interiorista. De este modo, el resto de la estancia permanece más protegido y las tareas de mantenimiento y limpieza resultan más sencillas.

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Javier Calleja Rovira

Una mampara de cristal transparente para sumar metros

Una de las decisiones fundamentales fue evitar barreras visuales que pudieran acortar la profundidad de la estancia. Para conseguirlo, el estudio instaló una mampara fija de vidrio completamente transparente, casi imperceptible cuando se contempla el baño desde la entrada.

Aunque Pilsferrer utiliza habitualmente vidrio estriado para aportar privacidad y textura, en este proyecto era prioritario mantener una visión despejada. El cristal contiene las salpicaduras, pero permite contemplar la bañera, la ventana y el revestimiento del fondo sin interrupciones.

El baño también se organizó para separar la zona de lavabos del área donde se encuentran el inodoro, la ducha y la bañera. Esta división permite que los niños compartan la estancia y realicen diferentes rutinas al mismo tiempo sin molestarse.

Qué medidas necesita un baño para instalar bañera y ducha

La bañera elegida para este proyecto mide 70 centímetros de ancho por 130 centímetros de largo. Se trata de una dimensión algo más contenida de lo habitual, pero adecuada para un baño infantil y perfectamente adaptada a las proporciones de la estancia.

Más que establecer una medida universal, García-Ferrer recomienda respetar unas dimensiones mínimas que garanticen la comodidad. Para la zona de ducha, el estudio suele reservar entre 80 y 90 centímetros, mientras que el espacio del inodoro necesita alrededor de 90 centímetros.

Cuando el lavabo va a ser compartido, 120 centímetros pueden considerarse una medida mínima cómoda. En este baño, el frente destinado a los lavabos alcanza 1,70 metros, lo que permite que los niños puedan utilizarlo simultáneamente y dispongan de suficiente superficie de apoyo.

La importancia de materiales que aporten continuidad

Los materiales elegidos refuerzan la sensación de continuidad. Las piezas cerámicas en blanco y verde agua recorren las paredes, la hornacina y el frente de la bañera, de manera que ducha y bañera dejan de percibirse como dos instalaciones independientes.

Las franjas verticales aportan ritmo y ayudan a estilizar visualmente el espacio, mientras que los tonos claros reflejan la luz natural que entra por la ventana. El resultado es un baño luminoso, ordenado y con una estética atemporal.

lavamanos con papel pintado pilar garcia ferrer
Javier Calleja Rovira

Al estar destinado a un niño y una niña, el estudio quiso evitar códigos decorativos demasiado marcados. Las rayas introducen un punto dinámico y divertido, mientras que el papel pintado Trébol, de Pilsferrer Casa, viste la zona de acceso y crea una transición más acogedora.

Por qué un baño infantil con bañera y ducha es más práctico

Incorporar las dos opciones permite que el baño se adapte a las distintas etapas de crecimiento. Durante los primeros años, la bañera facilita el aseo diario e incluso permite colocar en su interior una bañera para bebés. Más adelante, la ducha ofrece una solución más rápida y favorece la autonomía de los niños.

"Buscábamos que el baño acompañara a la familia durante muchos años", explica la interiorista. Al tratarse de una estancia compartida, también resultaba interesante que ambas zonas pudieran utilizarse simultáneamente en el futuro.

La ducha dispone de un rociador superior y una ducha de mano, una combinación especialmente útil cuando hay niños pequeños. La hornacina integrada mantiene los productos de higiene ordenados sin incorporar estantes que sobresalgan o resten espacio.

La iluminación también se ha planteado por capas. Los focos empotrados aportan una luz funcional para las tareas que requieren mayor visibilidad, mientras que las hornacinas iluminadas y los apliques crean una atmósfera más cálida y relajada. En un baño infantil, una iluminación tenue puede formar parte del ritual nocturno o hacer más agradable el comienzo del día.

El error que hay que evitar al reformar un baño pequeño

Pilar García-Ferrer lo tiene claro: el principal error consiste en intentar encajarlo todo a cualquier precio. La posibilidad de disponer de bañera y ducha resulta atractiva, pero no debería imponerse si obliga a reducir excesivamente el espacio destinado a cada uso.

"Si la bañera, la ducha o el inodoro quedan demasiado ajustados, la comodidad se resiente y el proyecto pierde sentido", advierte. Antes de incorporar más elementos, es necesario comprobar que la circulación continúa siendo fluida y que cada pieza dispone de unas proporciones adecuadas.

La lección de este proyecto no consiste únicamente en demostrar que bañera y ducha pueden convivir en un baño estrecho. Su principal acierto está en haber convertido una geometría complicada en una distribución equilibrada, flexible y capaz de responder a la manera de vivir de la familia tanto ahora como dentro de diez años.