Su madre, Elena Goicoechea, era pintora, y su tío, Miguel Goicoechea, fotógrafo, así que la pamplonesa Elena Goñi creció posando para uno y otro, como la cosa más natural. Cogió los pinceles desde niña y se formó en la Escuela de Artes y Oficios y en Bellas Artes de la Universidad de Salamanca. Su primera expo individual fue en 1997 y en 2000 ganó el Premio de Pintura ABC. Empezó usando la pintura casi como un diario, y su obra sigue siendo una especie de autobiografía. Para ella, un buen retrato es "el que te hace reconocerte, como ser humano, en esa persona que has pintado". Y añade, "pintar a otro es en el fondo retratarme a mí misma porque se transmite algo que solo puedes hacer tú. Cada uno ponemos de nuestra parte, y nuestra visión".

En su serie Madres, retrató numerosas madres, explorando el concepto de maternidad. Y pintó a la suya propia en numerosas ocasiones durante los 20 años que ésta padeció de alzheimer hasta una semana antes de su muerte en 2013. También significativos fueron los retratos que hizo a los reyes Felipe y Letizia para el Gobierno de Navarra. Los pintó totalmente de costado, con un perfil hierático, sin joyas ni condecoraciones, reflejando no solo a las personas, sino también a la Monarquía.

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