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Esta artista ha practicado danza toda la vida, y cuando toca las telas para darles movimiento, siente que baila con ellas.
Regina Dejiménez creció entre hilos y agujas pues su madre -su primera maestra- diseñaba y cosía ropa a medida. Estudió Historia del Arte y también Fotografía, pero fue en un viaje a la India a los 21 años cuando se dio cuenta de que lo suyo era el arte. Comenzó Bellas Artes en Altea y la concluyó en la Universidad de Barcelona, después de intercambios en Estambul, donde se empapó de su tradición textil, y en Santiago de Chile, donde estudió hilado y telar mapuche. “Me interesaba viajar porque el conocimiento de las técnicas tradicionales textiles te lo dan las mujeres mayores”, cuenta.
Ha ido nutriéndose por aquí y por allá, buscando su propio lenguaje, en un constante descubrir y experimentar para ir más allá de lo conocido. Le interesan explorar las fronteras entre el arte, el diseño y la artesanía y el fruto de esta hibridación. Fusiona el bordado, el ganchillo y el telar, para realizar asombrosas instalaciones site-specific, murales de gran formato que dialogan con el espacio, esculturas y objetos de diseño. Los hace con gasa de algodón que ella pliega, frunce, cose, acolcha, trenza, teje y a veces tiñe.
Desde su estudio en Pedreguer, Alicante, da forma a piezas abstractas que pueden evocar a la geografía terrestre o a nuestros órganos internos y sus numerosas capas. “Me inspira lo indeterminado de la física cuántica, el no saber exactamente qué es el objeto. Me interesa crear esa incerteza".

















