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¡Hágase la luz! Porque iluminar un salón es una de las decisiones más determinantes en el interiorismo de una casa y, paradójicamente, una de las que más se suelen simplificar. Con frecuencia se resuelve con una lámpara de techo o dos si hay dos salidas, y poco más, cuando en realidad la luz es la que define cómo se vive el espacio y hasta el tamaño real de la estancia. No hay una única forma correcta de iluminar un salón porque entran en juego muchas variables: los metros cuadrados, la altura del techo, la cantidad de luz natural, el uso que se hace del espacio y, por supuesto, la atmósfera que se quiere crear. Un salón puede ser un lugar para descansar, para recibir visitas, para leer, ver películas o incluso trabajar, y cada una de esas situaciones pide una luz distinta.
Antes de hablar de maneras concretas de iluminar, conviene entender que un buen proyecto de iluminación casi nunca se basa en un solo punto de luz. Funciona por capas, combinando distintas fuentes que se complementan entre sí. También es importante ajustar la temperatura de color: las luces cálidas, más amarillas, resultan acogedoras y relajantes; las neutras funcionan bien para actividades que requieren atención; las blancas frías suelen reservarse para espacios de trabajo y no suelen ser las más favorecedoras en un salón. A partir de esta base, estas cinco maneras de iluminar un salón abordan el tema desde distintos enfoques estéticos y espaciales, siempre entendiendo que pueden mezclarse entre sí.
1- Iluminación general equilibrada
Esta es la base sobre la que se construye todo lo demás. La iluminación general es la que permite moverse por el salón con comodidad y tener una visión clara del espacio. En salones pequeños, suele resolverse con una única lámpara de techo bien centrada o con varios focos empotrados distribuidos de manera homogénea. En espacios más grandes, conviene pensar en varios puntos que eviten zonas en penumbra.
Aquí es clave no abusar de luces demasiado potentes. Una iluminación general suave, con bombillas cálidas o neutras, crea una atmósfera más agradable y deja margen para reforzar otras zonas con luz puntual. Las lámparas de techo con difusores opalinos, las pantallas de tela o los sistemas de carril bien orientados funcionan especialmente bien. En salones con techos bajos, mejor optar por soluciones discretas que no recarguen visualmente; en salones altos, una lámpara colgante puede convertirse en un elemento protagonista que ordene el espacio.
2- Luz ambiental que envuelve
La luz ambiental es la que crea atmósfera y hace que el salón resulte acogedor, especialmente al caer la tarde. Aquí entran en juego las lámparas de pie, las de sobremesa y los apliques de pared. Son fuentes de luz más bajas, que generan sombras suaves y aportan profundidad.
Una lámpara de pie junto al sofá, por ejemplo, define una zona de estar. Las lámparas de sobremesa sobre una consola, una estantería o una mesa auxiliar ayudan a que el espacio se perciba más doméstico y menos plano. Los apliques, bien colocados, pueden bañar una pared y realzar texturas como la pintura, la madera o el papel pintado. Este tipo de iluminación es especialmente eficaz en salones grandes, donde evita la sensación de vacío.
3- Iluminación funcional por zonas
Cada salón tiene puntos que requieren una luz específica. El rincón de lectura, la zona del sofá, una mesa auxiliar o incluso un pequeño escritorio integrado en el salón necesitan una iluminación funcional que no dependa solo de la luz general. Aquí la clave está en dirigir la luz exactamente donde se necesita, evitando deslumbramientos y sombras duras que resulten incómodas.
Las lámparas articuladas y los flexos de diseño son especialmente eficaces para leer o trabajar, porque permiten ajustar la altura y el ángulo de la luz según el uso. En la zona del sofá, una lámpara de pie con brazo orientable o una lámpara de arco puede resolver tanto la lectura como la iluminación ambiental cercana, sin invadir visualmente el espacio. Si el salón incluye una mesa de apoyo o un aparador, una lámpara de sobremesa con pantalla opaca ayuda a crear un punto de luz útil y agradable.
En salones medianos y grandes, esta estrategia ayuda a dividir el espacio visualmente sin recurrir a tabiques ni muebles altos. En salones pequeños, permite crear escenas distintas y aprovechar mejor la luz, encendiendo solo lo necesario en cada momento. La temperatura debe ser siempre coherente con el resto del salón, preferiblemente cálida o neutra, para que la transición entre zonas sea natural y cómoda.
4- Luz indirecta para ganar profundidad
La iluminación indirecta es una de las herramientas más eficaces para transformar un salón. Tiras de LED ocultas en molduras, tras muebles bajos, en estanterías o en falsos techos crean una sensación envolvente y elegante. Además, ayudan a que el espacio parezca más amplio y más alto, especialmente cuando la luz se proyecta hacia el techo o las paredes.
Este tipo de iluminación funciona muy bien en salones contemporáneos, pero también puede integrarse en interiores más clásicos si se hace con discreción. La clave está en no abusar y en elegir una temperatura de color cálida o neutra para evitar un efecto demasiado escenográfico. En salones con poca luz natural, la iluminación indirecta aporta una base luminosa muy agradable durante las horas nocturnas.
5.Iluminación decorativa como acento
Más allá del uso funcional, esta iluminación por zonas también sirve para dirigir la mirada. Un cuadro, una fotografía o una pieza de arte ganan presencia cuando se iluminan con un foco orientable empotrado o un aplique de pared bien colocado, ligeramente separado del plano para evitar brillos. Para que la iluminación decorativa funcione de verdad como acento, conviene cuidar tres aspectos básicos: ángulo, distancia y tipo de haz. En el caso de cuadros o fotografías, el foco debe colocarse ligeramente adelantado respecto a la pared y orientarse con un ángulo aproximado de 30 grados; así se evitan reflejos molestos sobre el cristal y sombras duras en la parte inferior. Si la obra es grande, es preferible usar dos puntos de luz de baja intensidad en lugar de uno muy potente. Para esculturas u objetos volumétricos, funciona mejor una luz lateral que marque relieves y genere sombras suaves, en lugar de una frontal que aplaste las formas. En estanterías o vitrinas, los focos empotrados deben colocarse a unos centímetros del frente, nunca en el centro exacto de la balda, para que la luz caiga de arriba abajo y no proyecte sombras sobre los objetos. En todos los casos, una temperatura cálida (2700–3000 K) y un índice de reproducción cromática alto ayudan a que los materiales y colores se vean naturales.















