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Es difícil conseguir espacio de almacenamiento en casas antiguas. Las habitaciones en estas casas suelen ser irregulares, los armarios poco profundos o mal ubicados y siempre hay más cosas que guardar de las que la casa fue concebida para albergar: abrigos, botas, tecnología poco estética y objetos acumulados por varias generaciones.
Las soluciones de almacenaje actuales pueden resolver el problema, pero a menudo desentonan con el carácter clásico del espacio. Por eso hemos reunido doce muebles vintage y antigüedades que, además de prácticas para mantener el orden, son fáciles de encontrar online o en ferias y mercadillos especializados.
Muchas fueron diseñadas para funciones concretas (clasificar cartas, exponer vajillas, almacenar alimentos secos…) y siguen cumpliéndolas a la perfección. Otras admiten una segunda vida: una jardinera convertida en paragüero, una bandeja tipográfica transformada en vitrina mural… A continuación, te presentamos una selección de piezas que son, a la vez, decoración y almacenamiento.
1- Cestas
Una cesta generosa de mimbre puede desempeñar la función de un pequeño armario, recogiendo zapatos, toallas o ropa de colada que, de otro modo, acabarían multiplicándose por el suelo.
Los mejores ejemplares vintage tienen cierto aire vivido, ligeramente decolorados por el sol o con las asas algo desgastadas. Cestas de mercado francesas, leñeros de fibra natural o antiguos canastos para la ropa funcionan de maravilla. La clave está en elegir un tamaño lo bastante grande para que la cesta se perciba como parte del mobiliario, y no como algo provisional pendiente de guardarse.
2- Bandejas
Las bandejas son una solución inteligente cuando se trata de ordenar, porque permiten exhibir pequeños tesoros manteniéndolos reunidos en un único punto bien delimitado. Velas, cerillas, un jarrón pequeño y un montón de posavasos pueden parecer desorden… hasta que se agrupan con intención.
Funcionan especialmente bien sobre mesas de centro, consolas o junto a la bañera, donde los objetos tienden a dispersarse. Lo complicado es editar lo que se coloca encima: si todo merece estar, simplemente estaremos concentrando el caos en un espacio más reducido.
3- Estanterías
Una sola balda, bien situada, suele ser más útil que una pared entera cubierta de estantes: cuantas más superficies haya que decorar, más objetos tenderemos a acumular para llenarlas.
Un modelo antiguo con ménsulas de hierro forjado puede recuperar el espacio muerto sobre un radiador y añadir una superficie práctica al alcance del sofá para una lámpara de lectura, mandos a distancia, etc. Sobre un lavabo, en el baño, permite tener a mano lo imprescindible sin el volumen de un mueble cerrado.
4- Revisteros y clasificadores de cartas
Los clasificadores de madera o metal que antaño poblaban oficinas de correos y hoteles hoy resultan perfectos para guardar libros de cocina en la cocina o revistas en el salón. En el recibidor, un modelo mural recoge el correo antes de que emigre a la mesa de la cocina, donde suele quedarse indefinidamente.
Las versiones vintage abarcan desde rejillas metálicas de estética utilitaria hasta piezas decorativas de inspiración Arts and Crafts; la elección marcará el tono: industrial, doméstico o ligeramente excéntrico.
5- Latas y tarros
Las latas esmaltadas de almacenaje fueron un básico en las cocinas desde finales de la época victoriana hasta mediados del siglo XX, y aún es habitual encontrar juegos completos en ferias de antigüedades y tiendas de objetos curiosos.
Una serie alineada sobre una repisa, encima de la cocina o placa, aporta color y orden sin el aspecto más clínico de los botes modernos. Azul, crema y verde son los tonos más comunes; rojo y amarillo, más raros y codiciados. Los conjuntos desparejados funcionan igual de bien, siempre que mantengan una escala similar.
6- Muebles de comercios
Los antiguos muebles de mercería o las vitrinas de farmacia con frente acristalado se diseñaron para organizar género y desempeñan la misma función con elegancia en una vivienda. Encajan especialmente bien en cocinas de aire campestre, donde permiten exhibir colecciones de cristalería protegidas del polvo.
El satisfactorio clic de un tirador de latón o de su cerradura original es un beneficio colateral, pero no por ello menor.
7- Bandejas tipográficas
Las bandejas de imprenta, con su retícula de pequeños compartimentos pensados para tipos móviles, hoy acogen conchas, botones, joyas, dedales, insignias y toda clase de miniaturas. Colgadas en la pared, transforman una colección de objetos diminutos en una composición intencionada, en lugar de simple acumulación.
8- Jarras
Las jarras de gres o cerámica tradicional son fáciles de encontrar y rara vez resultan caras, lo que las convierte en aliadas de estancias donde una pieza más delicada correría peor suerte. Las altas pueden albergar cucharas de madera junto a la placa; las más pequeñas, bolígrafos y tijeras en un despacho; en el baño, sostienen brochas de maquillaje o cepillos de dientes con mucha más gracia que cualquier recipiente de plástico.
Aquí, una pequeña mella o grieta importa menos que en una vitrina: son piezas de uso diario y cierto desgaste forma parte de su encanto.
9- Baúles
Un baúl de viaje a los pies de la cama guarda ropa de cama extra y prendas fuera de temporada, al tiempo que funciona como banco improvisado o como punto final visual del dormitorio. Cuero, lona y madera pintada envejecen con dignidad, y las etiquetas ajadas de destinos olvidados añaden una capa de romanticismo.
También ayudan a corregir proporciones algo ingratas: sobre un armario para ganar altura o junto a un sofá demasiado voluminoso.
10- Cestos trugs
Poco conocidos en España, el tradicional trug de Sussex (Inglaterra) nació para recolectar verduras, pero hoy recoge esa miscelánea doméstica que de otro modo se dispersa, como correas del perro, llaves, herramientas de jardín... lo que haga falta. Su poca profundidad mantiene todo a la vista, lo que es ventaja y trampa a la vez: nada puede esconderse en el fondo.
11- Plateros de pared
Un platero mural es almacenamiento y exposición al mismo tiempo: libera espacio en los armarios y ofrece a la vajilla bonita el lugar que merece. Funcionan mejor con platos de tamaño similar alineados en cada balda, pero con patrones variados (por ejemplo, una serie en azul y blanco sobre otra en tonos crema).
Encajan tanto en cocinas como en comedores y también pueden albergar tablas de cortar, bandejas o esas fuentes grandes que nunca parecen encontrar sitio.
12- Macetas y jardineras
Una maceta de terracota o una jardinera grande demasiado agrietada para el exterior encuentra nueva vida en el recibidor como paragüero o contenedor para equipamiento deportivo. Jardineras vidriadas, maceteros de cobre o antiguas urnas de hierro fundido cumplen la misma función con distintos grados de solemnidad. Los orificios de drenaje pueden dejarse abiertos sobre un plato o sellarse con un corcho.



















