Quién no desea rodearse de objetos bellos y funcionales en una casa que proyecte sensaciones que nos hacen sentir bien. Efectivamente: hasta las personas más desinteresadas en las bondades de la decoración tienden a adquirir piezas con las que conectan, aunque piensen que se llevan a su hogar lo primero que les han sugerido o puesto en sus manos.

Hasta en el más humilde bazar de barrio, la compra de unos sencillos vasos requiere de la suficiente disquisición como para reflejar la sensibilidad de quien los elige y paga. Por tanto, atentos: no existe manera alguna de ocultarse tras una decoración aparentemente neutral o significativamente minimalista. Todo es información, hasta la ausencia de ella. En realidad, ocultarse tras una decoración estándar no parece un comportamiento a la altura de los tiempos, que nos convierte más bien en pequeños narcisos deseosos de mostrar al mundo nuestra personalidad, belleza y buen gusto.

casa iglesia en bilbao rincón de lectura con sillones chester y lámpara con pie de arco
Nerea Moreno

Todo ello a través no solo de la moda, sino también de nuestra casa. Miriam Pérez, modelo, influencer y creadora de contenido de estilo de vida como Honey Dressing, recomienda “dejar que se vean tus gustos para lograr que tu casa tenga alma y personalidad. Que tus gustos se noten es clave para lograr una casa con estilo”. Los pequeños detalles son, de hecho, apabullantemente significativos del carácter y sensibilidad o, al menos, eso es lo que opina Lucía Jiménez, psicóloga y sexóloga, además de prolífica creadora de contenido.

Cómo descubrir la personalidad a través de la decoración

Entre los contenidos que Lucía Jiménez divulga en sus redes sociales, se encuentra una pequeña serie que jugar a identificar distintas personalidades masculinas con determinados diseños de tazas, lámparas, vasos o sillas. Un juego con mucho sentido del humor que, además de darnos pie para conversar sobre clichés que encontramos más o menos molestos, permite etiquetar diseños muy populares con determinadas disposiciones del carácter y asociarlas a un estilo. Si eres de las que tiene dudas a la hora de averiguar qué ambientes reflejan más tu personalidad, este ejercicio puede ayudarte. Y si prefieres tratar de leer el fondo de las almas en ciertos objetos de decoración y menaje, puedes empezar a practicar desde aquí.

Empecemos con las lámparas, uno de los elementos que Lucía Jiménez elige para diseccionar personalidades. En su divertido clip se pregunta: “¿Saldría con estas lámparas?”. Son siete: la clásica de tulipa clara con base a rayas verdes para la mesa; otra lámpara de escritorio aún más clásica, de metal también verde y con brazo móvil; un diseño con un toque infantil, de formas redondeadas y de color amarillo; una enorme lámpara con dos brazos metálicos y dos grandes bombillas enmarcadas en más metal; un bloque de luz cálida con forma rectangular y alargado, de estilo contemporáneo; una lámpara de escritorio siglo XIX, muy romántica; y una lámpara de pie estilizada con pantalla elegante.

Qué dicen de él sus lámparas

Las conclusiones de la psicóloga acerca de los hipotéticos propietarios de esta completa tipología de lámparas no pueden ser más divertidas. “Con esta lámpara me gustaría salir, pero tiene unas ideas muy locas, muy creativas, que a priori me divierten pero luego me generan desconfianza y un poco de locura. Me encantaría salir contigo, pero mi psicóloga no me deja”, concluye sobre la primera.

“Tú eres bastante rígido pero me pones. Por lo menos una noche de amor pasaríamos. Luego ya no sé si podríamos ser novios o no, pero la verdad es que me gustas”, opina sobre la segunda. Con un “tú serías mi colega”, despacha la tercera. Ve a su propietario como: “Una persona divertida, también profunda, con sus cosas raras, pero conectaríamos muchísima. Quizá más como amigo que como otra cosa”.

lámpara de mesa benedetta vintage de tagliabue inspirada en gaudí
Bover

La enorme lámpara de metal con diseño intrincado recibe un diagnóstico despiadado sobre su hipotético propietario: “Te esfuerzas demasiado por demostrar algo y eso hace que se pierda lo que tienes. En realidad tu esencia es muy bonita, pero le pones demasiada energía para demostrar algo que no eres y eso opaca tu belleza”. La quinta se lleva un sí absoluto para su dueño: “Me gustas. Tu luz me tranquiliza”.

El diseño que viene directamente del XIX se convierte en ese amor al que no se olvida: “Eres como ese novio que te hizo sufrir, pero con el que volverías no se sabe cuántas veces solo para volver a sentir aquello”. Pero la lámpara que se lleva todos los aplausos es la última: “Tú eres mi novio: elegante y con un rollo un poco antiguo. Querrías ir todos los domingos a comer en familia cosa que me costaría un poco, pero lo haría por ti. Tienes una belleza natural, interna e externa, buen gusto, te gustan los placeres, eres práctico… Un compendio de todas las cosas que están bien”.

Así son los hombres según sus tazas

No te pierdas el análisis que hace de las tazas o de las sillas, pues califica a sus dueños de psicópatas, pedantes, personas tóxicas que enganchan… Hasta identifica un fiestero, un machista y alguien que se relaciona con demasiada gente. Nos quedamos, sin embargo, con la perspectiva de la psicóloga Lucía Jiménez al respecto de los propietarios de una completa colección de vasos, también objetos muy reveladores para quien los sabe leer.

Taza de Harry Potter
Friki Now

La tipología de diseños es del todo familiar: enumera el vaso básico para el agua que está en cualquier comedor (“Megabásico, me aburriría”, dice Lucía Jiménez sobre su propietario hipotético); un vaso labrado en rombos (“Este es un narcisista: presumido y tóxico”); vasos de colores (“Este tiene cosas que resolver con su familia, pero ha viajado y tiene cultura”); un vaso minimalista, pero con textura (“Me caso: elegante, sencillo, bonito, original, a la vez honesto…”); un vaso minimalista (“Me podría gustar, pero demasiado rígido y un poco desequilibrado mentalmente); con el borde dorado (“Es homosexual, así que no le gusto”); de papel (“Ni en broma”); azul y acanalado (“Tiene algo”); con forma de cara (“No”) y, por último, de tubo (“Es alcohólico”).