Era la primera gran decepción que sobrevenía al visitar ese piso soñado para comprar o alquilar: “Ohhhhh. Tiene gotelé”. Alisar las paredes, un procedimiento nada barato, ha sido para muchas un extra indeseable pero inevitable en el presupuesto de reforma. Vinculémoslo al deseo de minimalismo que desde los años 90 ha ido invadiendo el imaginario aspiracional en cuanto a decoración se refiere, en parte por la irrupción del diseño escandinavo en el shopping popular vía Ikea, en parte por la imparable disminución de los metros cuadrados de las viviendas. Digámoslo claramente: el gotelé y cualquiera de sus actualizaciones funcionan mejor cuanto mayor es la pared (o las paredes) en cuestión. En esta nueva era del gotelé y efectos asociados, la textura no se trata tanto como lienzo sino como protagonista absoluto. La tendencia aconseja resaltarlo.

Vamos con la aplicación actual del gotelé, porque existen novedades que los profesionales pueden implementar para hacerlo más interesante. Con todo, la recomendación general para aquellos que busquen texturizar alguna pared en una vivienda pequeña es optar por un gotelé fino y más bien discreto que no sobrecargue el ambiente. En las casas que dispongan de superficies más amplias, sí se puede dar rienda suelta al tamaño y optar por una gota gruesa, que busque conscientemente la irregularidad en su aplicación. De hecho, no es raro encontrar diseños de interiores en los que se opta por añadir este tipo de gotelé en solo una pared, para que resalte mucho más. En Adam Pintores indican la posibilidad de solicitar un gotelé degradado, en el que “la textura se disuelve suavemente hacia una superficie lisa, un enfoque que añade dinamismo al espacio”.

Arquitectas que sí apuestan por el gotelé

Evidentemente, las bondades del gotelé han de ser muchas para justificar el arraigo que ha tenido en la decoración de las viviendas españolas y vamos a pasarlas por alto. Sin embargo, resulta interesante destacar cómo ha sido una nueva generación de arquitectas la que se ha encargado de rescatar este acabado hasta el momento vilipendiado para hacerlo renacer como tendencia nuevamente reivindicable. Una de ellas es Elena García, directora de proyectos de EGR Arquitectura, quien lo relaciona con el novísimo interés por materiales muy expresivos como la madera, las paredes de ladrillo visto o la arcilla. “Aporta interés visual, ayuda a que las paredes se vean menos planas y es súper práctico, ya que disimula manchas, roces y hasta las irregularidades de la pared", explica.

La arquitecta valenciana Paula Carabal, también muy activa en las redes sociales, posee su propia perspectiva al respecto del gotelé: “No hay cosas feas, sino mal combinadas”, insiste esta verdadera experta en encontrar la armonía de tonos y texturas a través de la decoración. “Es cierto que una pared lisa aporta menos ruido visual, pero también deja ver las imperfecciones de la construcción y del día a día”, explica. “Además que igual tienes una casa con gotelé y no puedes hacer nada.

Para ponerlo a prueba, he cogido interiores que me gustan y con Photoshop (un software de retoque y tratamiento de fotos) les he puesto un gotelé bien grande y la verdad es que me siguen gustando. Entiendo que hace un par de años cuando el estilo por excelencia era el minimalismo el gotelé no pegaba mucho, pero hoy en día el gotelé puede aportar calidez y textura a los estilos coloridos y con muebles de segunda mano que se llevan. Además las modas son un reflejo de la sociedad del momento y estamos en uno que nos invita a pasárnoslo bien”.

No es el gotelé, es la arquitectura

La fascinación por el gotelé de la arquitecta Laura Ortín, al frente de su propio estudio de arquitectura en Murcia, es aún más decidido. De hecho, decidió convertir este texturizado en el protagonista de las nuevas oficinas de su estudio. “¡Pero qué os pasa con el gotelé, si es maravilloso!”, se sorprende Ortín. “Muchas veces he escuchado a personas que se han comprado una casa con gotelé que piensan que quitándolo resuelven los problemas de esa vivienda. No es así. Lo único que ocurre es que eliminas algo que te parece antiguo, pero en realidad la vivienda sigue siendo la misma para bien o para mal. Quitar el gotelé de una casa no va a resolver ningún problema. Es muy costoso y, en realidad, causa efecto es muy poca”.

Efectivamente: por el dinero que cuesta quitar el gotelé de una casa, se pueden lograr avances muy significativos en modificaciones estructurales o incluso en elevar la calidad de los revestimientos cerámicos, por ejemplo. “Recordemos las cajas de zapatos que eran las habitaciones de antes, además de oscuras y probablemente pintadas de verde, azul o lila, no se sabe muy bien por qué”, sugiere Laura Ortín.

pared de gotelé en color amarillo butter
Cristina Uranga

“Por no hablar de los pasillos, esos pasillos mega largos que había en las casas de los 70. Ahí, el problema no es el gotelé, es ese pasillo. No menosprecies le gotelé, porque no deja de ser una textura que puede ser interesante, sobre todo si va acompañada de un espacio interesante. Al final, el problema no es el material sino la arquitectura donde se encuentra ese material. Todo vuelve y eso es lo interesante del diseño: su relectura”.

Por qué el gotelé invadió las casas españolas

Desde los años 60, llenar la pared de gotas se convirtió en un acabado más que conveniente para millones de pintores, enfrentados a la ímproba tarea de dejar presentables paredes necesitadas de mucho trabajo extra. De ahí que, desde entonces hasta prácticamente el inicio de este siglo (y aún hoy), muchas casas hayan lucido gotelé de todos los colores.

El boom de la construcción en los barrios populares de las grandes ciudades españolas hizo del rugoso gotelé un símbolo cultural de la nueva clase media. Aunque ahora nos parezca imposible, hubo un tiempo en el que el gotelé fue aspiracional para millones de familias que deseaban prosperar y veían el gotelé como un elemento decorativo rabiosamente moderno. Hubo, además, importantes razones presupuestarias que popularizaron el texturizado de las gotas hasta el infinito y más allá.

Durante el desarrollismo de los años 60 y 70, con una cantidad ingente de población migrando de las zonas rurales a las ciudades, las promotoras inmobiliarias estaban obligadas a encontrar soluciones de construcción rápida que les permitieran acelerar la entrega de los pisos. Según el Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, en aquellas décadas se construyeron más viviendas por habitante que en ningún otro periodo de la historia española.

El gotelé, una técnica de bajo coste comparado con el enlucido tradicional, se convirtió en el acabado favorito: al aplicarse con pistolas proyectoras, no requería manos de obra especializada. ¿Quién querría contratar técnicos que aplicaran múltiples capas de yeso, pudiendo resolver de una sola pasada?

Ventajas del gotelé que nos siguen interesando

Con todo, el gotelé continúa ofreciendo ventajas inapelables para contratistas y propietarios más allá de lo económico. Ya lo hemos dicho: la naturaleza rugosa del gotelé permite ocultar imperfecciones de las paredes, ya sean grietas, desniveles o muescas. Optar por este tipo de texturización permite reducir el tiempo de preparación de las superficies, no solo el costo de estas operaciones, porque el tiempo de secado se reduce considerablemente.

pared con gotelé en tono caldera
Rizky Panuntun//Getty Images

El enlucido, por ejemplo, requería varios días de curado. Pero, además, las paredes terminadas en gotelé ocultan manchas, roces y pequeños golpes: en suma, el sufrimiento propio de los lugares con mucho tránsito o en hogares con niños. Es uno de los acabados que menos deja ver el paso del tiempo: su desgaste es prácticamente inexistente.

Un consejo que prácticamente no hay que dar, pues los profesionales de la pintura suelen hacerlo así: al aplicar el gotelé, utilizar pintura lavable o plástica en varias capas. Eso permite que podamos frotar con más fuerza a la hora de quitar cualquier mancha. Además, si hay mascotas en casa (sobre todo gatos), el gotelé disimula los arañazos de las uñas que en una pared lisa saltan a la vista. No es ninguna exageración subrayar que el gotelé aporta calidez en espacios más bien desangelados: el relieve de las paredes suaviza la luz y crea sombras naturales que dulcifican el ambiente.

Texturizados de pared más allá del gotelé

En realidad, el renacimiento del gotelé tiene todo que ver con el renacer de los materiales naturales y táctiles, una corriente que apuesta por una vuelta de lo sensorial y que reacciona contra las superficies pulidas y frías que defiende el minimalismo más ortodoxo. Con este tipo de materiales, sean maderas sin tratar o yesos artesanales, lo importante no es tanto cubrir defectos, sino celebrar la imperfección.

Convertir la pared en un elemento más de la decoración gracias a sus volúmenes y personalidad. De hecho, una de las técnicas más requeridas en proyectos especialmente vanguardistas es el revoco a la tirolesa, un gotelé especialmente rugoso, muy grande, capaz de crear protuberancias. De hecho, si se utilizan esferas plásticas y resinas sintéticas con esta técnica, puede lograrse cierta absorción acústica además de una importante protección contra el fuego.