Hay una palabra que se ha vuelto casi obligatoria en los portales inmobiliarios: “piso reformado”. Se cuela en los anuncios, en fotos con gran angular y en descripciones que prometen un sonado “para entrar a vivir”. El problema es que, cuando casi todo está “reformado”, la etiqueta deja de marcar la diferencia. Y en un momento con el volumen de compraventas más alto desde 2007, esa saturación se nota todavía más: hay mucho movimiento, pero también mucho comprador con criterio y con prisa limitada.

La pregunta, entonces, no es si conviene reformar “porque se vende mejor”, sino qué reformas realmente aumentan el precio y cuáles solo maquillan defectos. Porque el coste de la obra también se ha convertido en un factor serio: una reforma integral puede moverse en horquillas amplias (según calidades y complejidad), y cualquier desviación se paga dos veces: en el presupuesto y en el margen de la venta.

Víctor García, cofundador y director del Departamento de Arquitectura de Homely Capital Group, lo plantea desde una idea sencilla: reformar no debería ser “tapar”, sino adaptar. “Reformar no siempre implica crear valor y tampoco debería entenderse como ‘maquillar’ o tapar defectos, sino como renovar aquello que no funciona para adaptarlo a una forma de vivir actual. No se trata solo de actualizar instalaciones, sino de replantear espacios”, explica. Y ahí está el punto que muchos vendedores pasan por alto: lo que crea valor es la lectura del comprador.

Cuándo es rentable reformar para vender

Lo primero que conviene asumir es que no existe una reforma rentable de manera universal. Depende de la tipología, de la zona, del tipo de demanda y del momento. García aterriza esa idea en algo muy cotidiano: hoy hay compradores que prefieren menos dormitorios y un salón más generoso; otros, justo lo contrario. “En la generación de valor es importante tener en cuenta las expectativas del usuario final en términos de calidad, diseño o estilo de vida. Fallar en esa lectura implica hacerlo en todo el proyecto”, afirma.

una cocina alargada con comedor al fondo
María Pujol
Un piso de 45 m2 reformado en Barcelona, con un diseño que hace un guiño al colorido mercado de Santa Caterina

Ese “fallar en la lectura” suele manifestarse de dos maneras: “Se puede sobregastar en elementos que el comprador no va a valorar o, por el contrario, quedarse corto respecto a lo que espera recibir”, resume. La reforma que permite pedir más y sostener ese precio es la que reduce problemas futuros: menos arreglos, menos sorpresas, menos mantenimiento. “Cuando una reforma tiene en cuenta el interés del usuario final y ofrece eficiencia, durabilidad y menores costes de mantenimiento, el valor que genera es tangible y apreciado por el comprador”, dice Víctor García.

Lo que busca el comprador en una casa reformada

Si el objetivo es retorno económico puro, lo intuitivo sería pensar en “lo más caro”: cocina nueva, baños nuevos, materiales de alta gama. Pero García pone el foco en algo menos obvio y, a la vez, muy real. “Hay un elemento diferencial que suele tener un impacto directo en la decisión de compra: el diseño”, señala. Y no habla necesariamente de una inversión desorbitada.

“Introducir pequeños hitos dentro de la vivienda, como un aseo de cortesía con acabados más cuidados, un recibidor con carácter o elementos de carpintería singulares, puede parecer, a priori, un sobrecoste para el inversor. Sin embargo, son precisamente esos detalles los que generan un efecto emocional en la visita y diferencian la propiedad frente a otras viviendas reformadas”, explica. En un mercado lleno de “copias”, gana el piso que tiene un par de elementos diferenciadores.

casa moderna en madrid
Germán Saiz
Este piso en Madrid, reformado por De la Villa Studio, se adaptó a las necesidades del presente conservando su elementos originales como la chimenea y las molduras.

Esa diferenciación tiene un efecto directo en el precio que alguien está dispuesto a pagar, porque mejora la percepción global del inmueble. “Ese ‘efecto wow’ puede ser determinante para que un comprador se identifique con una vivienda frente a otras similares y se sienta cómodo pagando un precio superior”, añade.

Los dos errores más comunes

Víctor García es muy concreto: hay dos fallos típicos y están en extremos opuestos. “El primero es sobregastar en elementos que el comprador final no va a apreciar. Por ejemplo, optar por materiales de gama muy alta en aspectos donde la diferencia de calidad no es perceptible en el uso cotidiano. En estos casos, el incremento de coste rara vez se traduce en un mayor precio de venta”, advierte.

El segundo error es el ‘reformado de anuncio’: “invertir lo mínimo imprescindible para poder anunciar la vivienda como ‘reformada’. Este enfoque puede hacer que el inmueble pierda competitividad frente a otros activos realmente actualizados, obligando a vender a precio de reforma sin ofrecer una calidad equivalente, o incluso dificultando directamente la venta”, afirma.

Y hay un elemento que, según él, se nota enseguida en la visita: si hubo proyecto o si hubo parche: “La intervención de un arquitecto o interiorista permite que el comprador perciba que hay un proyecto pensado detrás, y eso tiene un impacto directo en la valoración del inmueble”.

Qué reformar si el presupuesto es limitado

Cuando el dinero no da para una reforma integral, la estrategia cambia. “Existen soluciones intermedias que permiten mejorar significativamente la percepción del inmueble sin acometer una reforma integral”, explica García. Una de las vías más eficaces es intervenir sobre acabados sin demoler: “Por ejemplo, instalando nuevos revestimientos sobre los actuales para lograr un cambio estético notable con menor intervención en obra”.

También recomienda contener el impulso de redistribuir, porque ahí se disparan partidas invisibles. Y finaliza nuestra conversación con una idea útil para tomar decisiones: “Aprovechar la distribución existente y centrar la inversión en la actualización visual puede ser una estrategia eficaz en determinados casos, aunque lo ideal, siempre que sea posible, sigue siendo abordar intervenciones integrales que garanticen calidad y durabilidad a largo plazo”.

casa decorada en tonos ocre y marrón
Sandra Rojo
En esta casa el estudio de interiorismo de Alex March actualizó los acabados y el mobiliario manteniendo la distribución.

Reformar es estratégico en la ecuación de venta, pero no garantiza automáticamente un mejor precio. Sí puede acortar plazos de venta, reducir negociaciones a la baja y posicionar la vivienda en otro nivel competitivo. La diferencia entre una casa que rota con agilidad y otra que se queda semanas acumulando visitas suele estar en decisiones tomadas mucho antes de colgar el anuncio.