En 1957, el pabellón español de la Trienal de Milán sorprendió al jurado internacional con una arquitectura moderna, austera y perfectamente alineada con el lenguaje europeo del momento. Aquel mismo año, Miguel Fisac experimentaba con hormigón flexible, José Antonio Coderch proyectaba viviendas racionalistas y Javier Carvajal comenzaba a dibujar el mobiliario que acompañaría a esa nueva forma de habitar. España también estaba diseñando, aunque pocas veces se haya contado así.

Mientras el diseño italiano entraba en los hogares a golpe de color y manifiesto, y el escandinavo construía su relato alrededor del bienestar y la vida doméstica, el diseño español de los años 60 y 70 avanzaba en silencio. Sin grandes editoras internacionales ni campañas de comunicación, pero con arquitectos, talleres y pequeñas industrias decididos a ofrecer soluciones modernas para una sociedad que empezaba —muy lentamente— a cambiar.

coleccion de sillas carvajal en proyecto de estudio reciente
Germán Sáiz
Colección de sillas de Carvajal en un proyecto de Estudio Reciente.

Ese contexto explica por qué muchas de las piezas más interesantes de la época nacieron ligadas directamente a la arquitectura. Muebles creados para edificios concretos, luminarias pensadas para despachos profesionales, cerámicas producidas sin firma y con medios limitados. Un diseño funcional, sobrio y profundamente honesto que hoy empieza a despertar el interés de coleccionistas, interioristas y expertos.

“En España el diseño llegó más tarde y lo hizo condicionado por las circunstancias sociales, económicas y políticas”, explica Vicente Serrano, fundador de Studio Vintage, uno de los anticuarios más reconocidos del barrio del Carmen de Valencia. “En España también se diseñó en los 60 y 70 y estas piezas son auténticos tesoros. Ni los países escandinavos ni Italia estaban en el mismo punto que España”,

Un diseño marcado por el contexto

Mientras Italia vivía su momento más creativo y rompedor, impulsado por una potente industria y un fuerte músculo cultural, y el diseño nórdico se integraba con naturalidad en la vida cotidiana, en España la realidad era muy distinta.

“El mueble español de esa época es más austero, más franco y busca sobre todo dar soluciones”, señala Serrano. Muchas piezas nacieron ligadas directamente a la arquitectura moderna del momento. “En numerosos casos se diseñaban expresamente para edificios concretos, incluso por los propios arquitectos”.

detalle de sillas riaza de paco munoz para darro.
DARRO
Detalle de sillas Riaza de Paco Muñoz para DARRO.

La escasez de medios condicionó el resultado final, pero también le otorgó personalidad. “Había todavía un fuerte componente artesanal, porque era lo que estaba disponible. Se aprovechaban esos únicos recursos”, explica. El resultado fue un diseño honesto, funcional y con poco artificio.

Además, se trataba de un diseño en gran parte anónimo. “Hay piezas excelentes, pero no firmas”, apunta Serrano. Ese anonimato —fruto también de una cultura poco acostumbrada a poner nombre al diseño— ha dificultado su investigación y reconocimiento, aunque en los últimos años el interés académico y coleccionista empieza a crecer.

Los tesoros que buscan los expertos

Para quienes saben mirar, el diseño español de los 60 y 70 es hoy un terreno fascinante. “El estilo era más clásico y costó más introducir en la clase media y trabajadora esas nuevas tendencias”. Y especialmente interesante en disciplinas como la iluminación. “Es uno de los campos más potentes”, afirma Serrano. Empresas como Metalarte, Estiluz, Tramo o Fase produjeron lámparas de una modernidad sorprendente, muchas de ellas plenamente actuales. Sus estructuras metálicas, brazos articulados y diseños técnicos se han convertido en auténticos objetos de deseo.

catalogo de h muebles.
COAM
Catálogo de H Muebles.

En mobiliario, los nombres clave suenan con fuerza entre coleccionistas y anticuarios. H Muebles, Darro, Hermanos Vidal, Biok o Martínez Medina —esta última, una firma valenciana fundamental— fueron responsables de introducir la modernidad en los hogares españoles.

“Martínez Medina trajo diseño italiano, produjo iconos como el sillón Granada de Javier Carvajal y colaboró con artistas de la época”, explica Serrano. Fabricaron muebles modernos y de gran calidad, combinando patentes extranjeras con diseños propios. “Debería ser pecado deshacerse de una pieza suya. Son perfectamente heredables”.

Muchas de estas piezas siguen funcionando estructuralmente décadas después, algo que no puede decirse de gran parte del mobiliario contemporáneo.

sillas de salon giratorias granada de javier carvajal para martinez medina, españa, anos 60.
1stDibs
Sillas de salón giratorias Granada de Javier Carvajal para Martínez Medina, España, años 60.

Cerámica y vidrio: el valor de lo anónimo

Si el mueble empieza a ocupar su lugar, la cerámica y el vidrio españoles siguen siendo un territorio por descubrir. “Hay muchísima cerámica anónima muy interesante”, señala Serrano, “por esa manía —o complejo— de no firmar”.

Junto a estas piezas sin autor, destacan nombres fundamentales como Castro o Sargadelos, que produjeron diseños avanzados y arriesgados, o Lladró, cuya faceta moderna sigue siendo poco conocida. “Es una empresa que merece ser redescubierta más allá de su etiqueta clásica”, apunta. Su trabajo de los años 60 y 70 destaca por la calidad técnica, el refinamiento y una modernidad que sorprende.

También figuras como Enric Mestre —aunque su obra más conocida sea posterior— comenzaron ya entonces a desarrollar un lenguaje propio. “Me fascinan sus piezas de primera época y su evolución posterior, más escultórica y arquitectónica”, añade Serrano.

pareja de lamparas de cordech
Luze
Lámparas Cordech.

Un legado que debemos valorar

Quizá el mayor valor del diseño español de los 60 y 70 sea precisamente su honestidad. No pretendía deslumbrar ni competir con nadie. Respondía a una necesidad real y a un contexto concreto. Hoy, cuando el interés por lo auténtico vuelve a marcar el ritmo del interiorismo, estas piezas resurgen como lo que siempre fueron: objetos bien pensados, bien hechos y profundamente coherentes. “El diseño español no tuvo el marketing del italiano ni la narrativa del nórdico”, explica Serrano. “Pero tuvo algo igual de importante: sentido común, oficio y mucha calidad”.

Más de medio siglo después, estos muebles, lámparas y cerámicas siguen brillando con luz propia.