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- Casa Josephine, interioristas, sobre cómo distinguir una antigüedad de buena calidad: “Un exceso de restauración puede matar el aspecto vivo de una pieza”
- Las interioristas Claudia Güell y Silvia López-Madrid, sobre combinar muebles vintage y antigüedades en una casa actual: "Jugar con ellos como puntos focales sin saturar el espacio"
¿Te ha saltado alguna vez haciendo scroll un “chico majo” o una “chica maja” pillados de paseo por el Rastro de Madrid? Si la respuesta es no, tienes el algoritmo muy mal entrenado. Hablamos de la cuenta @todorastro que, desde hace ya algunos años, reivindica el mejor plan dominical de Madrid: darse un paseo entre los puestos de segunda mano en busca de piezas únicas.
Detrás de este perfil que nos descubre a personajes habituales del Rastro y tiendas con historia, se encuentra Alejandra Seijas, una fotógrafa apasionada de Madrid y sus gentes. Como experta en el Rastro, al que considera “su escenario vital y profesional”, hemos hablado con ella para que nos cuente esos trucos de experto para salir de allí con algún tesoro para casa en la próxima visita. Y si te vas con las manos vacías, no pasa nada. Es el Rastro de Madrid y siempre merece la pena el paseo.
“A través de mi proyecto Todo Rastro llevo años documentando su evolución, fotografiando no solo objetos, sino la luz, los personajes y el alma de las cosas”, explica. El Rastro no se entiende únicamente como un lugar donde comprar. Es un ecosistema propio, un barrio que despierta los domingos, una coreografía de calles —Ribera de Curtidores, Mira el Río, Carlos Arniches o Vara de Rey— donde conviven lo popular, lo artístico, lo caótico y lo inesperado. Saber mirar es tan importante como saber dónde entrar.
Cómo reconocer una almoneda auténtica
Para Alejandra, distinguir una buena almoneda de un espacio meramente turístico tiene poco que ver con el precio o el tamaño del local. “La señal definitiva es el criterio”, explica. “Una buena almoneda no es un almacén de cosas viejas, es un espacio comisariado”. Se nota cuando el propietario tiene un ojo propio, conoce cada pieza y puede explicarte su procedencia, su restauración o su historia.
Las tiendas pensadas solo para el visitante ocasional suelen ser previsibles. En cambio, una almoneda de verdad sorprende. “Si el espacio cambia cada semana y hay rotación real, es que detrás hay un buscador auténtico”, afirma.
Qué calles recorrer según lo que busques
Uno de los grandes secretos del Rastro es entender que no todo está en el mismo sitio. Cada calle tiene su carácter y su especialidad.
Diseño Mid-Century y años 50–60
El eje imprescindible es la calle Mira el Río Alta. Allí se encuentra Reno, considerado por muchos un templo del diseño nórdico original, con piezas danesas y escandinavas difíciles de encontrar. Justo enfrente, El 8 es una parada obligatoria si se buscan lámparas icónicas de metal, brazos articulados y formas escultóricas.
Antigüedades españolas y siglo XIX
Para los que buscan piezas con historia nacional, Alejandra recomienda las Galerías Piquer, donde Tomás mantiene vivo el oficio del anticuario clásico. Muy cerca, en la plaza del General Vara de Rey, se encuentra la mítica Antigüedades Ayala. “Charlando con la señora Ayala aprendí por qué hoy vemos tanto objeto francés o italiano y tan poco español antiguo”, cuenta. Durante décadas, comerciantes holandeses compraron mobiliario español del siglo XVIII y XIX para revenderlo en Europa como piezas internacionales. “Por eso, encontrar hoy mobiliario español puro, como ocurre también en Antigüedades Benavente, es un auténtico hallazgo”.
Cerámica y tradición
En el tramo alto de Mira el Río Baja se esconde una pequeña joya: la tienda de José e hijo, especializada en cerámica antigua española. Un espacio auténtico, sin pretensiones, donde cada objeto habla de tradición y territorio. Justo debajo, Antigüedades García completa el recorrido con piezas pequeñas, cuadros y objetos mayoritariamente nacionales.
Estilo industrial
Más esquivo, pero posible. Las Nuevas Galerías de Ribera de Curtidores son el mejor punto de partida para encontrar piezas industriales inesperadas. También el taller de Claudio, en la esquina de Bastero con Carnero, permite descubrir muebles industriales en proceso de restauración.
El alma del Rastro
Quisimos poner a Alejandra en un aprieto preguntándole por una figura o personaje capaz de condensar el espíritu del Rastro en una sola palabra, y no dudó ni un segundo: el trapero. “Es el ADN y el origen de todo”, afirma. Mucho antes de que existieran las almonedas, los puestos organizados o las galerías, el Rastro nació de esas personas que recorrían las casas de Madrid recogiendo lo que otros descartaban para darle una segunda vida. De ahí su nombre: el rastro que dejaban los animales sacrificados camino del antiguo matadero, y después el de los objetos rescatados.
Ese instinto de recuperación sigue latiendo hoy en muchos de los anticuarios del barrio. “Muchos de los profesionales actuales son herederos directos de ese espíritu. Esa cadena de ‘rescate' y reciclaje romántico es lo que hace que este lugar sea un ecosistema vivo y no solo una zona comercial”, explica Alejandra. No solo compran y venden: buscan, restauran, investigan y vuelven a poner en circulación piezas que parecían condenadas al olvido. Un lugar donde conviven el objeto humilde y la pieza excepcional, el pasado popular y el coleccionismo más sofisticado. Ese equilibrio inestable es precisamente lo que lo mantiene vivo.
Consejos prácticos de experta
Para quien se enfrenta al Rastro por primera vez, Alejandra insiste en una idea clave: hay que desaprender el horario turístico. “El Rastro de verdad ocurre entre las 8:30 y las 10:30 de la mañana”, explica. A esa hora todavía no hay multitudes, los puestos se están montando y los anticuarios tienen tiempo (y calma) para conversar. También es cuando la luz entra rasante por las calles del barrio y revela texturas, pátinas y detalles que más tarde pasan desapercibidos.
Ese momento temprano permite mirar con atención y sin prisa. Algo esencial en un lugar donde cada objeto necesita contexto. “Preguntad sin miedo por la historia de las piezas”, recomienda. El anticuario, lejos de molestarse, suele agradecer el interés. “Ama su oficio y siempre tiene una buena historia que contar”.
Volver varias veces al mismo puesto, dejar que el vendedor te reconozca y mostrar curiosidad genuina forma parte del ritual.
El verdadero tesoro
Después de años recorriendo el mercado cámara en mano, Alejandra atesora muebles singulares y piezas difíciles de encontrarse, pero su mayor tesoro a día de hoy es su archivo fotográfico del Rastro. Un archivo construido domingo a domingo que documenta no solo los objetos, sino la luz cambiante, los personajes habituales y la atmósfera irrepetible del mercado. Un retrato emocional y antropológico de un lugar en constante transformación.
Fotografiar el Rastro, explica, le ha permitido comprender que el verdadero valor no siempre está en la pieza, sino en su contexto. En la mano que la ofrece, en la historia que la acompaña, en el momento exacto en que aparece ante ti.
Aun así, hay objetos que guardan un lugar especial. Una mesa de centro encontrada en las Nuevas Galerías (con base de hierro fundido rojo y sobre de madera) y un gran cuadro regalado por Casa Josephine, que hoy preside su dormitorio, demuestran que muchas de las mejores piezas no se compran: se heredan, se intercambian o llegan como gesto de complicidad. Ahí reside la magia del Rastro. Nunca sabes qué vas a encontrar. Pero casi siempre sales con algo, aunque sea una conversación.


















