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Después de contarnos sus secretos para decorar casas pequeñas, la interiorista Raquel Chamorro cuenta sin tapujos cuáles son los muebles y piezas decorativas por las que pagaría bien a gusto su precio, por alto que fuera.
Todo coleccionista, y también los amantes del diseño y la decoración, prefieren adquirir objetos atemporales y con un valor añadido que pueda sobrevivir con soltura el paso del tiempo. Las directrices de esta experta en interiorismo son certeros, ¡toma nota!
Si el dinero fuera finito, ¿en qué pieza de autor invertiría?
Pensaría en aquellas que no solo den identidad inmediata, sino que sean elementos decorativos que puedan trascender modas y temporadas, que resistan veinte años con la misma elegancia. La primera pieza sería, sin duda, un sofá de líneas depuradas, de una firma de diseño consolidada, tapizado en lino o terciopelo en tonos visón o arena, que sean neutros pero cálidos, que aporten serenidad y amplitud al espacio. Para mí, un sofá es mucho más que un asiento: es el corazón del salón, el lugar donde confluyen la vida diaria, las visitas y la contemplación. Elegir un sofá de calidad significa apostar por la comodidad y por la estética a largo plazo; debe ser generoso en proporciones y tener una silueta que soporte distintos estilos de decoración: desde una estética minimalista hasta un interior más clásico o ecléctico.
Al pensar en los próximos veinte años, ¿en qué elemento seleccionaría para dar identidad a un espacio?
Mi segunda pieza de inversión sería una mesa de comedor o de centro de autor, preferiblemente de madera noble, mármol o metal trabajado, con presencia escultórica y cierto peso visual. Esta pieza no solo organiza el espacio, sino que establece jerarquías y diálogos con otras piezas. Recuerdo un proyecto en un piso pequeño en Madrid: la mesa de centro de mármol blanco con base de latón fue suficiente para dar identidad a toda la sala, rodeada de muebles sencillos y textiles discretos. La mesa se convirtió en el hilo conductor que permitía combinar sofás, alfombras y sillas de manera coherente y elegante.
¿Tiene en el radar alguna pieza especial más?
Una lámpara icónica, de esas que parecen joyas para el espacio. Puede ser de suspensión, de pie o de sobremesa, pero debe tener carácter y proporciones adecuadas al espacio. La luz, bien elegida, es la que da vida a los materiales, hace que los colores respiren y que los objetos dialoguen entre sí. Una lámpara de diseño transforma una habitación de forma inmediata y, en casas grandes o pequeñas, el efecto es el mismo: aporta calidez, personalidad y ese aire de casa pensada, nunca improvisada.
Si piensa en decoración, ¿en qué elementos ahorraría sin tener sensación de culpa?
En complementos textiles, cojines, pequeños muebles auxiliares o accesorios decorativos. Aquí no hace falta invertir en nombres ni en firmas, siempre que se mantenga una coherencia cromática y material. Por ejemplo, un plaid de lana asequible, cojines de lino o una alfombra de fibras naturales pueden aportar frescura y calidez sin comprometer la sensación de lujo discreto que aportan las piezas de autor. La clave está en la proporción: lo importante es que las inversiones principales sean atemporales y de calidad, y que los elementos secundarios puedan renovarse sin esfuerzo, aportando dinamismo y personalidad.
Más información: Raquel Chamorro Estudio.














