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En 2025 empezamos a notar algo curioso en los proyectos de muchos interioristas. Junto a sofás de diseño modernos y cocinas minimalistas empezaron a aparecer cómodas antiguas, sillas con historia, mesas heredadas y piezas que mostraban (con orgullo) sus años. Lejos de ser anecdótico, en 2026 esta mirada al pasado se consolida como una de las grandes tendencias en decoración. No es casualidad. Tras años saturados con fotografías de interiores tan perfectos que parecen renders y de imágenes generadas por inteligencia artificial, donde nada está fuera de lugar, los profesionales están yendo justo en la dirección opuesta. Los interioristas están creando espacios "imperfectos", en los que se nota la mano humana, con capas de historia y objetos que no encajan del todo, pero aportan interés al espacio. Interiores vividos y muy personales, donde el vintage y las antigüedades son los aliados perfectos para aportar alma.
Dentro de esta recuperación del pasado hay un elemento que destaca especialmente y que empieza a verse cada vez más en salones, comedores e incluso dormitorios: los tapices verdure. Estos tapices tienen su origen en la Europa medieval y renacentista, especialmente entre los siglos XV y XVII, cuando comenzaron a popularizarse como una forma de llevar la naturaleza idealizada al interior de castillos y palacios, con escenas protagonizadas por bosques frondosos, ríos y, en ocasiones, con pequeños animales. La paleta cromática de los tapices verdure solía moverse entre los verdes claros y oscuros, ocres, marrones y toques de crema o dorado. Flandes fue uno de los grandes centros de producción, con talleres en ciudades como Bruselas, Brujas o Amberes, famosos por la calidad de sus tejidos y la complejidad de sus diseños. En Francia, Aubusson se consolidó como otro referente imprescindible, desarrollando un estilo propio algo más luminoso y delicado.
Décadas más tarde, en los años 60 y 70, estos tapices vivieron un inesperado revival. En plena fiebre por lo artesanal y lo bohemio, volvieron a colarse en los hogares, en versiones más accesibles y enmarcadas, colgadas como si fueran cuadros. Hoy podemos ver estos tapices con escenas de caza o paisajes boscosos en series y películas ambientadas en esa época, presidiendo salones o comedores. Ese aire adorablemente kitsch durante años horrorizó y enamoró a partes iguales. Ahora, estos bucólicos tapices viven un segundo revival, pero regresan en su versión original, mucho más sofisticada. Los vemos integrados con naturalidad en proyectos de interiorismo contemporáneo, combinados con muebles minimalistas o piezas de diseño actual, creando contrastes interesantes y nada obvios. Un gran tapiz verdure (como este a la venta en Rue Vintage 74) puede convertirse en la pieza estrella de un salón moderno, aportando textura y profundidad.
Además, no solo hablamos de antigüedades. Muchas marcas están reinterpretando los tapices verdure para adaptarlos a los interiores actuales. H&M Home, por ejemplo, incluye en su nueva colección un sillón lounge y una lámpara de pie con estampado botánico en verde y blanco que recuerda claramente a estos tapices, pero con un lenguaje fresco y contemporáneo. Zara Home apuesta por cojines con estampados florales y un efecto envejecido que hace que la tela parezca extraída directamente de un tapiz antiguo. Y Westwing propone una alfombra de lana con motivos florales que funciona casi como una ampliación XXL de un fragmento de verdure, perfecta para quienes quieren incorporar esta tendencia de forma más sutil pero igualmente evocadora.






















