Durante años, la estantería fue poco más que un mueble funcional, un lugar donde alinear libros y acumular a veces cacharros que no sabíamos dónde poner. Sin embargo, en el interiorismo contemporáneo, este elemento ha ganado un protagonismo inesperado y hoy se concibe casi como un lienzo vertical, algo así como un espacio que podría servir para trazar un perfil de las personas que viven en esa casa. Porque más allá de su misión práctica, la estantería se ha convertido en un pequeño escaparate doméstico capaz de mezclar libros, objetos, recuerdos, piezas de arte y hallazgos personales. Y llegados a este punto, no se trata tanto de ordenar como de componer, de decidir qué se pone y cómo dialogan los elementos entre sí. Estas cinco ideas abordan la estantería desde el estilismo, entendida como una composición viva que admite cambios, juegos visuales y cierta dosis de intuición.

1- Composición monocromática con matices

estanteria en un comedor disenado por lorenzo castillo
Pablo Sarabia
Librería en un comedor diseñado por Lorenzo Castillo.

Trabajar la estantería a partir de una paleta cromática concreta aporta una sensación de orden casi inmediata. Si decides que la estantería “respire” en una sola gama, hazlo de verdad, sin quedarte solo en los jarrones. El truco está en aplicar el color tanto a los objetos como a los libros. Puedes agruparlos por tonos (blancos y crudos, arenas, negros) o, si prefieres algo más orgánico, escoge un color dominante y permite pequeñas variaciones alrededor. En los libros funciona especialmente bien retirar las sobrecubiertas más estridentes, girar algunos con el lomo hacia dentro para suavizar el conjunto, o alternar filas donde predominen lomos claros con otras más oscuras. Luego rematas con piezas que sumen textura, como cerámica mate, vidrio ahumado, piedra, madera lavada o metal cepillado.

2- Pequeñas piezas de arte y objetos con historia

estanteria decorada por el estudio blanat deco
Pablo Sarabia
Estantería decorada por el estudio BlaNat Deco.

Una estantería puede convertirse en una especie de galería doméstica. Fotografías enmarcadas, grabados, piezas de arte en pequeño formato o recuerdos de viajes aportan una dimensión muy personal. Aquí no importa tanto la perfección estética como la carga emocional de los objetos. Pero para que la estantería funcione como una pequeña galería, cada pieza tiene que "colocarse" como si tuviera pared propia. Con las fotos, lo más fácil es decidir primero si quieres relato o atmósfera. Si buscas relato, agrúpalas en un solo tramo de la estantería, a la altura de los ojos cuando estás sentado o de pie cerca de ella, y mantén una coherencia en los marcos (misma familia de madera, negro fino o metal) para que el conjunto no parezca un tablón de anuncios. Tres a cinco fotos suelen ser suficientes para que haya intención; más de siete, salvo que sea una serie muy pensada, empieza a diluir el foco. Si prefieres atmósfera, dispersa dos o tres imágenes y repítelas a distintas alturas, como notas sueltas.

Las piezas de arte en pequeño formato ganan si tienen "aire" alrededor: una sola obra por balda o por hueco suele funcionar mejor que varias compitiendo. Si hay más de una, que formen pareja por afinidad (tema, técnica o marco) y que el tamaño no exceda, como regla visual, un tercio de la altura libre del módulo. Pueden convivir con libros, pero como escenario, no como rivales: un par de volúmenes en horizontal debajo y nada más.

Los recuerdos de viaje funcionan cuando tienen sentido. Mejor uno potente (una cerámica, una piedra bonita, una mini escultura) que cinco souvenirs. Y si por ejemplo quieres añadir velas, que sean pocas, sin etiquetas visibles, y que aporten textura o altura, no perfume como protagonista.

3- Naturaleza integrada en la composición

5 maneras decorar estanteria
Pablo Sarabia

Introducir elementos vegetales suaviza la rigidez de la estantería y añade frescura. Pero no hay que volverse loco haciendo un jardín vertical con la estantería del salón. Así, las plantas colgantes funcionan mejor en los extremos o en las baldas superiores, dejando que caigan de forma natural para romper la geometría sin invadir el resto de la composición. Conviene elegir especies de hoja pequeña o caída ligera, para que no oculten libros u objetos. Las macetas, mejor pocas y bien escogidas: cerámica artesanal, barro cocido, gres o piedra, siempre con acabados mates. Colocadas de manera aislada, actúan casi como esculturas vivas. Las ramas secas, por su parte, aportan verticalidad y ritmo. Funcionan especialmente bien en jarrones estrechos y altos, situados en un lateral.

4- Juego de alturas y volúmenes

libreria en un dormitorio diseñado por monica bustamante.
María Primo de Rivera
Librería en un dormitorio diseñado por Mónica Bustamante.

Una estantería interesante suele huir de la simetría perfecta. Alternar piezas altas con otras casi planas evita el efecto escaparate y da profundidad al conjunto. Los libros apilados en horizontal sirven para bajar el peso visual y crear pequeñas plataformas sobre las que colocar objetos más ligeros. Un jarrón esbelto junto a una caja baja, una escultura compacta frente a una fila de libros finos… ese contraste construye ritmo. Conviene pensar cada balda como un pequeño paisaje, dejando que los volúmenes dialoguen, destaquen y otros acompañen.

5- Dejar espacio al vacío

estanteria con libros en un salon de adriana lopez barajas
Pablo Sarabia / HEARST
El salón-comedor de la interiorista Adriana López - Barajas.

No todo tiene que estar lleno. El vacío también forma parte del estilismo y es fundamental para que la estantería no resulte abrumadora. Dejar baldas parcialmente despejadas, con solo uno o dos objetos bien elegidos, permite que el conjunto respire. Pero ojo, porque el vacío también se planifica. Para que una estantería no se sature, trabaja con una regla simple: deja al menos un 30–40% de cada balda sin ocupar. En la práctica, eso significa evitar la fila continua de objetos y crear “zonas” claras. Por ejemplo, en una balda de 120 cm, ocupa solo 70–80 cm y deja un lateral limpio. Otra pauta que funciona es el ritmo: una balda llena, otra media, otra casi vacía. Si tienes módulos, reserva uno entero como "respiro" y úsalo con un único elemento protagonista. Elige piezas con presencia (un jarrón alto, dos libros apilados) y evita lo pequeño disperso, que se lee como desorden. Mantén visibles los fondos y laterales, y no pegues todo al borde delantero: retrasa algunos elementos 3–5 cm para que haya profundidad.