La carretera que lleva a Comillas se abre entre prados y mar, y la arquitectura aparece poco a poco, con esa mezcla tan propia del norte entre tradición rural, herencia modernista y paisaje abierto. A pocos minutos del centro histórico, La Casería de la Mar ocupa una antigua vaquería reconvertida en hotel boutique, rodeada por una finca privada de diecinueve hectáreas con vistas hacia los Picos de Europa. El proyecto marca el debut hotelero del Grupo Mentidero y plantea una estancia vinculada al territorio, al ritmo pausado del entorno y a una escala deliberadamente contenida.

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Casería de la Mar

El edificio, construido originalmente en 1996 y ahora rehabilitado, mantiene la estructura doméstica de la casa original, reinterpretada mediante una intervención que prioriza la luz natural, los materiales nobles y una atmósfera tranquila. El interiorismo, desarrollado por Chesu Puente (Intermiso), trabaja con una estética cálida y atemporal donde las proporciones amplias y la continuidad visual hacia el paisaje adquieren un papel central. El hotel cuenta con ocho habitaciones, todas con baño privado.

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Casería de la Mar

Las zonas comunes se organizan en torno a salones con chimenea y espacios pensados para una estancia prolongada, mientras que el área de bienestar introduce un spa panorámico con sauna infrarroja, baño frío y pileta termal orientados hacia el exterior. La finca forma parte activa de la experiencia, invitando a recorrer caminos y a entender la escala abierta del entorno cántabro.

Dirección: Rioturbio s/n.

Un poco de turismo

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D.R.

Comillas concentra en muy poca distancia un patrimonio arquitectónico poco habitual en una localidad costera de su tamaño. El recorrido puede comenzar en la Universidad Pontificia, un conjunto monumental levantado a finales del siglo XIX que domina el paisaje desde lo alto y permite entender la importancia económica y cultural que alcanzó la villa durante ese periodo. Muy cerca, el Palacio de Sobrellano y su capilla-panteón, proyectados por Joan Martorell, introducen el lenguaje neogótico en un contexto inesperado, ligado al mecenazgo del marqués de Comillas y al desarrollo burgués de la época.

El casco histórico conserva casas solariegas, plazas pequeñas y una relación constante con el mar que se percibe en la proximidad del puerto y en la playa de Comillas, abierta y extensa, muy vinculada a la vida local. El cementerio, situado frente al Cantábrico, ofrece otra lectura del lugar, con esculturas funerarias y vistas abiertas sobre la costa. El Capricho de Gaudí aparece en este recorrido como una parada natural dentro del conjunto monumental.

Un sitio para comer

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Restaurante El Remedio

A pocos minutos de Comillas, en Ruiloba, el restaurante El Remedio ocupa una casa situada junto a una ermita del siglo XIX, rodeada de jardín y con vistas abiertas al mar Cantábrico. Al frente de la cocina está el chef Samuel Fernández, que trabaja con producto de temporada seleccionado directamente para construir una propuesta centrada en el sabor y en una elaboración cuidada. La cocina se desarrolla a la vista, tras una gran cristalera que permite seguir el trabajo del equipo, reforzando una relación directa entre cocina y comedor. La carta combina tradición y una mirada contemporánea, con platos bien definidos y una atención especial a la materia prima y al ritmo de la temporada.

Dirección: Barrio Liandres, s/n. Ruiloba.

En busca de arte

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Iñigo Villafruela

En Comillas, la visita imprescindible es El Capricho de Gaudí, una de las primeras obras construidas por Antoni Gaudí y uno de los ejemplos más singulares del modernismo europeo fuera de Cataluña. Levantado entre 1883 y 1885 como residencia de verano para Máximo Díaz de Quijano, el edificio muestra ya muchas de las ideas que marcarían la trayectoria posterior del arquitecto. La fachada combina ladrillo visto, cerámica policromada y motivos vegetales inspirados en el girasol, mientras que la organización interior responde a un estudio preciso de la luz natural y de la orientación solar. La torre mirador y los detalles ornamentales revelan un lenguaje experimental que conecta artesanía, arquitectura y naturaleza. La visita permite entender cómo Gaudí ensayó aquí soluciones constructivas y formales que después desarrollaría en obras posteriores, convirtiendo el edificio en una pieza fundamental dentro de su evolución creativa.

Dirección: Barrio de Sobrellano s/n.