Mi madre y yo compartimos el mismo gusto por la decoración (he de confesar que me lo ha inculcado ella con el paso de los años). Y, por suerte, también compartimos los mismos gustos así que lo que una encuentra, rápido lo comparte con la otra para que también lo vea. Esta es la razón de que la decoración de nuestra casa comparta parte de los elementos porque siempre nos los compramos igual.

Es cierto que yo tiendo más por un toque entre lo rústico y lo mediterráneo y ella se mantiene fiel al estilo clásico con toques rústicos así que, aunque tenemos muchas cosas igual, las casas en sí no se parecen para nada.

Eso sí, a la hora de decorar si hay algo que nos gusta a las dos es rendir todo el homenaje que podamos a la vida en el pueblo de la España vacía donde hemos crecido, a nuestras abuelas. Y elogiar esa vida lenta a la que aspiramos ambas. Así que, intentamos decantarnos por piezas hechas con mimo, con materiales naturales y, sobre todo, piezas que puedan estar con nosotras muchos años. Y si nos pueden recordar a la abuela, mejor que mejor.

Precisamente todo eso es lo que hemos conseguido con una de las últimas adquisiciones que compartimos porque nos lo compramos igual: una manta de punto, de estas que valen para todo, que no nos puede recordar más a la colcha de ganchillo que presidía el dormitorio principal de la abuela.

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La manta de punto vintage más bonita

Esta manta nos ha parecido una buena opción para nuestra casa por varias razones. La primera tiene que ver con el precio, pues no supera los 67 euros. Decimos esto porque la manta en cuestión está fabricada 100% en algodón y esta es la segunda razón de habernos hecho con ella. Tenemos claro que es, por un lado, una pieza que estará con nosotras toda la vida y, por otro lado, estamos totalmente convencidas de que aguantará el paso del tiempo casi sin inmutarse, pues al estar hecha con este material natural, no crea bolitas, ni se deshilacha.

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Manta milo de punto fino

La tercera razón de hacernos con ella es, como he indicado, su aire totalmente vintage. Es cierto que no está hecha a mano como la colcha de la abuela, pero también es cierto que su punto tejido y trenzado lo imita casi a la perfección. Además, el acabado lleva una onda que le aporta bastante elegancia.

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Y la cuarta razón de habernos hecho con ella es que es muy versátil gracias a su tamaño de 150 x 200 cm: en mi caso la guardo como manta para el sofá porque es bastante calentita, pero en el caso de mi madre ha optado por colocarla a modo de colcha en la habitación de invitados. Aunque también es perfecta para colocar como cubrecama e, incluso, como arrullo para un bebé.

Está disponible en este crudo tan bonito que tenemos nosotras y también en gris perla, gris oscuro y color arena.