Soy tan portuguesa como española y tan española como portuguesa. Y mi apellido, que en realidad es Dos Santos, me delata. Es lo que tiene nacer en la zona fronteriza de Extremadura, entre España y Portugal. Cuando me instalé en Madrid para estudiar la carrera, me presentaba y decía que era de Valencia de Alcántara, pero que mi familia descendía de Portugal. El 95% de ellos me espetaban: “Las toallas y las vajillas de mi casa son de Portugal”. Entonces, yo no tenía proyecto de comprarme una vajilla pero, con el paso de los años, desarrollé una especie de afición, casi como un coleccionista.

Mis vajillas (porque ahora he decidido quedarme solo con dos) no son portuguesas, son de IKEA y todo aquel que viene a mi casa y se sienta a la mesa me dice, en tono de satisfacción (como el que ha acertado todo el rosco de Pasapalabra): “¿A que estas vajillas te las has traído de Portugal?”.

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Cortesía de IKEA

Supongo que la confusión tiene una explicación bastante sencilla. Durante años hemos asociado la cerámica portuguesa con ese acabado ligeramente irregular, con esmaltes que no son completamente uniformes y con piezas que parecen hechas a mano. Ese punto imperfecto, que ahora mismo es pura tendencia, hace que la mesa tenga más personalidad. Y, curiosamente, hay vajillas de IKEA que reproducen muy bien ese efecto artesanal.

Una vajilla tan natural como bonita y resistente

La serie GLADELIG es la que suelo sacar cuando vienen amigos a casa y siempre pasa lo mismo: alguien mira el plato, alguien toca el borde del cuenco y alguien acaba preguntando si me la compré en Galegos, una pequeña aldea fronteriza, o tuve que acercarme a Portalegre a por ella.

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Cortesía de IKEA
Vajilla GLADELIG

La explicación está en su vidriado reactivo, un acabado que reacciona durante la cocción y genera variaciones naturales en el esmalte. Eso significa que cada pieza tiene matices ligeramente distintos: zonas con más brillo, otras un poco más mates, pequeñas irregularidades que hacen que la vajilla no parezca producida en serie.

Está hecha de gres con vidriado coloreado, un material resistente que además funciona muy bien en el día a día. Y eso es algo importante, porque hay vajillas muy bonitas que luego da miedo usar. En este caso no pasa: se puede meter en el microondas y en lavavajillas sin problema.

Otro punto a favor es que la colección es bastante amplia. Hay platos, cuencos, tazas, fuentes, jarras e incluso moldes para horno, así que es fácil construir toda la mesa con la misma estética. Está disponible en gris y en azul, dos colores muy versátiles que funcionan bien tanto con manteles neutros como con mesas más informales.

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Cortesía de IKEA
Vajilla GLADELIG

Y quizá por eso tiene tanto éxito cuando hay invitados. No es una vajilla básica y tiene ese toque artesanal que hace que parezca una vajilla heredada.

La vajilla sencilla que siempre queda bien en la mesa

La segunda vajilla que tengo en casa es la serie FÄRGKLAR, que juega en otra liga estética. Si GLADELIG tiene un aire más tradicional, esta apuesta por un diseño mucho más limpio y contemporáneo.

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Cortesía de IKEA
Vajilla FÄRGKLAR

Su forma es sencilla, práctica y la base perfecta para cualquier mesa. Es de esas vajillas que no cansan nunca porque combinan bien con todo: con otras piezas de colores, con cristalerías distintas o incluso mezclando varios tonos entre sí.

Ahora mismo está disponible en lila, rosa claro y azul claro, tonos suaves que iluminan la mesa sin resultar demasiado estridentes. De hecho, una de las cosas más divertidas de esta colección es precisamente mezclar los colores, algo que hace que la mesa parezca más relajada y menos rígida.

breakfast setup on a bedside table featuring coffee a savory dish and a yogurt bowl
Cortesía de IKEA
Vajilla FÄRGKLAR

El diseño es de Maria Vinka y, aunque el estilo es minimalista, también tiene ese detalle artesanal que tanto gusta ahora mismo. De nuevo aparece el vidriado reactivo, que hace que cada plato tenga ligeras variaciones y que el acabado nunca sea completamente uniforme. Y como ocurría con la otra, también se puede meter en el microondas y en el lavavajillas.

Los vasos que siempre llaman la atención

Pero si hay algo que termina de completar la mesa y que genera comentarios son los vasos KLIPPLAX. No fallan. Siempre hay alguien que los coge, los mira un momento y pregunta dónde los he comprado. A primera vista parecen vasos muy sencillos, pero tienen un detalle que marca la diferencia: por fuera son completamente lisos, mientras que la textura está en el interior del vidrio, inspirada en las ondulaciones suaves que provoca la brisa sobre el mar. Ese relieve interior hace que la luz se refleje de una forma muy bonita cuando están llenos.

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Cortesía de IKEA
Vasos KLIPPLAX

El vidrio es fino y elegante, de hecho es soplado a máquina, pero tiene un toque delicado, razón por la que nadie adivina su precio. Y ese es precisamente su punto fuerte: son lo suficientemente asequibles para usarlos a diario, pero también tienen estilo para sacarlos cuando hay invitados. Están disponibles en rosa o transparente, y funcionan igual de bien con agua, limonada, té helado o cualquier bebida fría.

beverages served with pastry on a tray
Cortesía de IKEA
Vasos de KLIPPLAX

Al final, montar una mesa bonita no tiene tanto que ver con gastar mucho dinero como con elegir bien las piezas. Un buen diseño, un material agradable y algún detalle artesanal pueden hacer que todo parezca mucho más especial.