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En su búsqueda de una casa de playa para disfrutar de las vacaciones en Alicante, esta familia con tres niños y un perro de la raza golden retriever, encontró mucho más que una segunda residencia. Gracias al proyecto realizado por la arquitecta María Brotons Lozano, del estudio Casalinga Espacios con Alma, el inmueble se transformó en un verdadero hogar que toma como referencia la personalidad de sus habitantes. ''Se trata de un diseño basado en un trabajo colaborativo con los clientes donde el fin último es el bienestar y la felicidad de los mismos. El primer paso, e ineludible, es conocer la personalidad, necesidades, inquietudes, anhelos... de todos los integrantes de la familia'', explica la arquitecta.
El padre y la madre son médicos de profesión, y se consideran unos apasionados de la música, la lectura o la pesca. Los pequeños de la casa son dinámicos y enérgicos, y comparten con sus padres la afición por la música y la lectura. A su vez, a todos ellos les encanta pasar tiempo juntos. Por este motivo, la cocina de color amarillo se convirtió en el alma del hogar. Aunque más que un lugar para cocinar, es un espacio de encuentro, juego y lectura. La flexibilidad espacial, la luz natural y la vegetación son los pilares estéticos del proyecto, mientras que el color amarillo, como elemento clave, despierta los cinco sentidos.
Al tratarse de una vivienda adosada de tres plantas con vistas al mar, la planta baja se diseñó como un espacio polivalente donde todas las actividades se pudieran fusionar disfrutando de una maravillosa luz natural y ventilación cruzada.
Para potenciar los espacios de almacenaje en la cocina, se eligió un mueble alto con puertas abatibles que albergan dos frigoríficos, una amplia despensa y un espacio para utensilios de limpieza o similar; una isla central con cajones; un mueble alto semipanelado que contiene el fregadero, el lavavajillas y todo lo relacionado con el ritual del desayuno y el café; un mueble colocado en altura, liberando espacio y permitiendo aumentar el almacenaje; un mueble/estantería donde ubicar juegos, libros, recuerdos...; y por último, un mueble bajo donde almacenar y situar el televisor. Todos ellos conformando un espacio ordenado, útil y fácil de usar. Requisito indispensable para el bienestar general.
La familia quería una casa luminosa, donde el color fuera el rey. En este caso, el amarillo potencia la luz natural, aportando frescura y vitalidad, y además, encaja con su personalidad. El resto de la estancia deja total protagonismo al blanco, junto con la encimera del mueble central.
La vegetación, presente en distintos rincones de la cocina y del resto del hogar, promueve el bienestar y la conexión con la naturaleza.
¿Qué te parece el resultado? ¿Te atreverías con una cocina amarilla?
Arquitecta: María Brotons Lozano, del estudio Casalinga Espacios con Alma.



















