Los propietarios de este dúplex, un joven matrimonio afincado en Washington, querían reinventar el espacio que unía el salón con la cocina abierta, ya que éste daba directamente a la puerta de entrada.
Ambos buscaban un estilo nórdico en tonos muy claros, así que la paleta de colores se centró en los blancos, los azules y los grises, con detalles dorados que añaden un puntito glam.
La pareja se decidió por una cocina blanca, con horno y microondas compacto que mantuviera el ambiente minimalista del entorno. Aunque el foco principal, sin duda, fue la creación de una península en la que poder cocinar a sus anchas.
Por otro lado, se ocupó una pared con armarios de lado a lado y techo a suelo sin tiradores, que sirvieran como almacenaje de electrodomésticos, para así disponer de una pared más decorativa encima del fregadero.



















