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Hace unos años, el aparador era la pieza protagonista del comedor. Allí se guardaba la vajilla bonita heredada que solo se usaba en la mesa de Navidad, las copas buenas o el mantel de las ocasiones especiales. Después, casi sin darnos cuenta fue perdiendo terreno hasta casi desaparecer o ser un mueble secundario. Sin embargo, en 2026 algo ha cambiado. Con el maximalismo instalado en nuestros interiores, la vuelta de la decoración de la abuela y la necesidad de tener en nuestras casas objetos que cuenten algo y nos transmitan sensaciones, el aparador ha encontrado el momento perfecto para regresar.
Hablamos con el interiorista Xavier Martinell, director de Luzio Studio, sobre esta vuelta. Un regreso triunfal no solo como mueble funcional, sino como pieza que organiza, muestra y, de paso, da a la estancia presencia y carácter. El experto lo tiene claro: “Vuelven porque responden a una necesidad muy contemporánea: la de aunar belleza y utilidad. El aparador reaparece como una pieza capaz de almacenar con una fuerte personalidad estética. Aporta orden, pero también alma. Y eso, en decoración, siempre termina regresando”.
El aparador vintage como una pieza emocional de la casa
Por eso, si tienes uno en el trastero o en el piso de tu madre, míralo con otros ojos porque, aunque los modernos también vienen pisando fuerte, son los que presidían el comedor de nuestras abuelas los que prefieren los interioristas. Piezas heredadas que llevan en la familia, incluso, varias generaciones, de maderas oscuras y tiradores dorados. Muebles que evocan recuerdos y cuentan una historia.
“Los aparadores tradicionales vintage otorgan una presencia serena, casi escenográfica a comedores y salones. Suelen ser muebles de cierta envergadura, con una gran capacidad para ordenar, pero también para vestir el espacio. Más allá de su función práctica, son piezas que presiden las estancias nobles de la casa y les imprimen carácter, profundidad y memoria”, argumenta el experto.
Estas piezas del pasado encajan muy bien con la forma de ver y disfrutar la casa actual. Ya no se trata de que sea perfecta, tampoco de que sea un calco de la del vecino o tu mejor amigo, sino que tenga algo, ese algo que la hace diferente y convierte un piso en un refugio. Y ahí la decoración vintage tiene mucho que aportar porque, como dice Martinell, “introduce una dimensión emocional que difícilmente puede ofrecer una pieza nueva. Recuperar muebles antiguos resulta enormemente gratificante, especialmente cuando están ligados a la historia familiar y se convierten en pequeños legados. Son objetos con pátina, con relato, con una belleza imperfecta que hace más auténtico el espacio”.
Diseños con puertas, cajones o ambos que muestran el paso del tiempo
Aunque puedes optar por uno actual, con madera natural, formas limpias y patas que lo elevan del suelo, aportando un plus de ligereza, son los vintage los que tienen un hueco de honor en la decoración actual. “Hoy vemos un especial interés por los aparadores realizados en maderas recuperadas, precisamente por la textura y la verdad material que aportan. Funcionan muy bien los modelos con puertas, con combinación de cajones y puertas, aquellos que incorporan frentes de vidrio para dejar entrever su interior o. incluso. los que incluyen huecos abiertos para exhibir libros y objetos decorativos. Se buscan piezas con presencia, pero también con versatilidad”, afirma el experto.
Al tratarse de un mueble antiguo, puede ser que esté deteriorado o tenga alguna pequeña ‘herida de guerra’. Ante esto, el interiorista recomienda “valorar el tipo de deterioro. Si hablamos de roturas o daños estructurales, conviene repararlo, pero siempre desde el respeto absoluto a su forma, su carácter y su historia. En otros casos, puede ser suficiente con una intervención delicada: decapar, retirar un barniz envejecido o aplicar una nueva pátina que la revitalice sin desvirtuarla. Lo importante es valorar bien su estado y, ante la duda, confiar en la mirada de un restaurador especializado”.
Cómo integrarlo sin que parezca un mueble de exposición
A la hora de incorporarlo al comedor, aunque hay hueco para él en otros rincones de la casa, la idea es verlo en su conjunto, de forma que lo que va encima y lo que lo rodea también tiene importancia. “Precisamente ahí reside parte de su encanto. Un aparador vintage en una casa moderna crea un contraste ecléctico, sofisticado y muy expresivo. Funciona especialmente bien cuando se le concede protagonismo: acompañado, por ejemplo, de una gran obra de arte contemporáneo sobre la misma pared, el diálogo entre ambas piezas resulta riquísimo. La mezcla de tiempos aporta tensión estética y hace que el conjunto cobre mucha más vida”, señala Xavier Martinell.
El todo a juego ya no es tendencia, ahora la mezcla, siempre que se sepa hacer bien, y la fusión de estilos y colores te ayuda a crear interiores más personales y auténticos. El interiorista explica el poder de la diferencia: “No necesariamente tiene que conjuntar con algo. De hecho, muchas veces su fuerza está en que sea la pieza singular del espacio, esa nota con identidad propia que rompe la uniformidad. No hace falta que combine de manera literal con otros muebles; basta con que encuentre su lugar dentro de una composición equilibrada. Cuando se presenta casi como un hallazgo, añade un matiz distintivo y muy personal”.
Una vez que compruebes el efecto de ese aparador vintage en el comedor o en el pasillo, estamos seguros de que no podrás resistirte a otros muebles que a priori no veías en tu piso moderno. Eso sí, tampoco se trata de perderte en el encanto de lo antiguo y abarrotar tus estancias, sino de seleccionar. "La casa de la abuela suele ser un pequeño tesoro decorativo. Además de mesitas auxiliares o carritos para las bebidas, merece la pena rescatar espejos cornucopia, lámparas, sillitas ocasionales, cómodas pequeñas, vajillas, cristalerías o mantelerías con encanto. Son piezas que, bien integradas, aportan una capa de sofisticación y de memoria muy difícil de imitar. En interiores contemporáneos, precisamente ese contrapunto heredado es lo que los vuelve únicos", aconseja Xavier Martinell. Hazle caso y ve a la caza del tesoro vintage.
















