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Calella de Palafrugell es una de esas localidades de la costa mediterránea que, pese a la gran afluencia de gente, sigue conservando su encantadora esencia de pueblo de pescadores. Su imagen de casitas encaladas con las contraventanas pintadas de azul o verde es una de las más icónicas del Baix Empordà, o la foto de postal en la playa del Canadell con los conocidos como guardabotes, unos "garajes" a pie de playa con puertas de colores y en los que se guardaban las barcas o el material de pesca.
Allí, con vistas al mar, encontramos esta casa en primera línea de la Costa Brava que Verónica Mimoun Studio ha transformado en un refugio mediterráneo de verano. La luz de Calella, sus barcas meciéndose en la orilla y el ritmo pausado de la vida junto al mar inspiran una forma de habitar serena y luminosa. Precisamente ese espíritu mediterráneo —hecho de colores naturales, brisa salina y calma— es el que la interiorista ha sabido capturar y trasladar al interior de esta vivienda, convirtiéndola en un auténtico oasis frente al mar.
Una casa de genuino estilo mediterráneo
La intervención ha consistido en una reforma integral en la que, con las aguas de Calella como telón de fondo, se ha buscado establecer un diálogo entre los espacios interiores con las vistas sobre el mar. La interiorista ha replicado en cada detalle y en cada espacio las notas más características del entorno, en una suerte de homenaje al Mediterráneo y al pueblo. Por ejemplo, encontramos los arcos de medio punto que dan forma a la mayoría de los vanos de la casa y funcionan como hilo conductor entre los distintos ambientes y los clásicos arcos de Calella, dotando al conjunto de una identidad mediterránea rotunda y coherente.
"Queríamos que cada rincón de la casa respirara el Mediterráneo. No como decoración, sino como una forma de vivir: despacio, con luz, con color y con el mar siempre presente", explica Verónica Mimoun. Para ello recurrió a una paleta de blancos, arenas y roble natural, que se matiza con pinceladas de verde agua, terracota y rojo coral, evocando sutilmente los tonos del entorno marino. Como la propia interiorista afirma, "este proyecto es quizá uno de mis trabajos más luminosos".
La terraza, la gran protagonista
La idílica terraza asomada al mar es probablemente el espacio más especial de toda la vivienda: un amplio porche cubierto orientado a la bahía de Calella. Desde aquí, las vistas panorámicas abarcan el perfil del pueblo y las embarcaciones fondeadas, y el horizonte se pierde en el azul del mar Mediterráneo. Sus generosas dimensiones han permitido crear una zona de estar y un comedor exterior.
En la primera, dos sofás en blanco, con cojines en rojo, se disponen alrededor de un fuego a suelo que actúa como punto focal. Con la intención de crear una zona de estar que se pueda disfrutar en cualquier momento del día, la interiorista no descuidó detalle, como un ventilador de techo que refresque las tardes más calurosas: el escenario perfecto para disfrutar del día completo, desde el primer café hasta las largas sobremesas al atardecer, siempre con el Mediterráneo como telón de fondo.
Un salón a doble altura
El salón es el corazón social de la casa, conecta con la terraza y, por lo tanto, con las vistas sobre el mar. La decoración deja el protagonismo a ese telón de fondo mediterráneo y por eso se ha planteado con una base neutra con los sofás tapizados en algodón de un suave tono blanco roto. El resto de los materiales se han elegido naturales, como la mesa de centro, una pieza escultórica en roble natural y una alfombra de yute que aporta textura. Los textiles, en tejidos de inspiración mediterránea, suman calidez, mientras que una chimenea de ladrillo visto introduce un guiño a la tradición.
La cocina y el comedor integrados también disfrutan de vistas sobre el mar, gracias a que se han ubicado en una suerte de mezzanine, una entreplanta que hace que el espacio del salón cuente con doble altura, creando unas zonas comunes con una distribución muy ágil y original, conectadas visualmente pero a diferentes niveles. El comedor, articulado en torno a una mesa de madera natural, se orienta hacia las ventanas con mallorquinas, desde donde el mar vuelve a ser protagonista.
El dormitorio principal diseñado en espacio abierto
La suite principal merece mención aparte. Se ha concebido como una secuencia totalmente abierta con el baño integrado, generando una sensación de amplitud y continuidad. En la zona de cuarto de baño, un mueble suspendido en roble natural sostiene dos lavabos de travertino, acompañados de grifería en latón dorado mate y espejos ovalados colgantes. Este volumen constituye en sí mismo un elemento separador entre el área de dormir y la de aseo.
Todos estos detalles han dado como resultado es un hogar donde la luz, los materiales naturales y la conexión con el exterior definen cada espacio, potenciando la privilegiada ubicación de la vivienda y transformándola en un refugio veraniego cálido, acogedor y lleno de carácter. En definitiva, un proyecto donde arquitectura e interiorismo se funden con el paisaje para crear una experiencia de vida profundamente ligada al mar.
















