Va a significar apenas un titular para la ciudadanía de Atenas, pero será un gran hito para la familia real griega. Hablamos de la reapertura de Tatoi, el legendario palacio de verano de los reyes Pablo y Federica y el paraíso perdido de Constantino, Sofía e Irene, sus tres hijos. La que antaño fuera residencia real sufre desde hace algunos años un proceso de restauración que aspira a borrar las huellas del abandono estatal para convertirlo en un polo de atracción turístico.

El Ministerio de Cultura griego no ha desvelado aún la fecha exacta de su reapertura, pero sí que será en este 2026. Entonces se mostrará no solo un palacio redivivo, sino una colección de entre 70.000 y 100.000 objetos pertenecientes a la familia real. La lista de objetos recuperados y restaurados es interminable: el vestido de novia de la reina Federica, vestidos de gala de la reina Ana María o de las princesas Sofía e Irene, uniformes militares, obras de arte, vajillas de porcelana, la bicicleta del rey Jorge I….

Tatoi en sus tiempos de esplendor

El exhaustivo inventario que los técnicos del ministerio de Cultura griego han facilitado a los medios de comunicación no deja lugar a dudas: la visita a Tatoi permitirá realizar un viaje en el tiempo en toda regla. Además de todo tipo de efectos personales de la familia real que quedaron allí abandonados tras su apresurada salida del país, se podrán contemplar piezas de mobiliario originales, carruajes protocolarios de los siglos XVIII y XIX o automóviles históricos.

El origen de Tatoi se remonta a 1873, cuando el rey Jorge I de Grecia, aconsejado por el arquitecto Ernst Ziller, adquirió unos terrenos en las faldas del monte Parnés, al noroeste de Atenas, para construir su palacio de verano. El lugar no puede ser más idílico, pues está rodeado de una abundante vegetación, hogar de ciervos y zorros, pero tampoco está demasiado lejos de la capital: le separan solo 27 kilómetros. De hecho, este es uno de los diez parques nacionales del país por sus bosques de robles y pinos, al que se añaden rutas senderistas, grutas desconocidas o viñas de calidad. En el corazón de la finca, la reina Olga mandó construir la residencia real: un edificio inspirado en el palacio Peterhof, en San Petersburgo. Era sobrina de Alejandro II, zar de Rusia.

Fue también la reina Olga la que decidió erigir un templo (la Iglesia de la Santa Resurrección) y un cementerio en la finca, tras la muerte de su hija Alexandra. Desde finales del siglo XIX Tatoi ha sido el lugar de enterramiento de reyes y príncipes helenos. En sus terrenos reales están enterrados los reyes Pablo I, muerto en 1964, y Federica, fallecida en 1981, y sus abuelos y bisabuelos.

palacio tatoi reina sofia infancia
Evans//Getty Images

Tatoi fue también la casa familiar de Felipe de Edimburgo, esposo de Isabel II de Inglaterra, hasta que huyó al exilio con su familia con tan solo 18 meses. Por este motivo, también está enterrado en el cementerio real el padre del duque de Edimburgo, Andrés de Grecia y Dinamarca. El bisabuelo de Constantino falleció en 1944.

Los momentos trágicos de Tatoi

En 1916, durante la I Guerra Mundial, la casa sufrió un incendio, posiblemente instigado por la policía secreta griega. La familia real fue sospechosa de simpatizar con la causa alemana debido al parentesco de la reina Sofía con el Káiser: era su hermana. En 1920, la propiedad ya no estaba bajo control de los monarcas, pero en 1936 fue devuelto al rey Jorge II.

Durante la II Guerra Mundial, con la familia real en el exilio y el país ocupado, Tatoi sufrió todo tipo de espolios: una cantidad ingente de arbolado fue talado y se abrieron allí fosas comunes. A finales de 1948, con la vuelta de los monarcas griegos a territorio nacional, Tatoi se convirtió en residencia permanente. Pablo y Federica atendían las recepciones oficiales en el Palacio Real de Atenas, pero su vida familiar la desarrollaron en Tatoi, que recuperó poco a poco su antiguo esplendor.

El parecido de Tatoi con Marivent

Son estos años los que la reina Sofía evoca durante sus veranos en Marivent, el palacio de Palma de Mallorca en el que disfruta de sus vacaciones familiares en España y que comparte con Tatoi la cercanía al Mediterráneo. Su niñez es inseparable del romero y la jara o de los animales de granja, vacas y gallinas, que se criaban en sus inmediaciones.

Más que de un solitario palacio hablamos de un complejo con unos 40 edificios, entre los que se contaban una lechería, una carnicería, una herrería e incluso un hotel, construido en una finca de alrededor de 4.200 hectáreas. Fue allí donde Irene de Grecia y la reina Sofía, en sus tiempos estudiantiles, hicieron varios descubrimientos arqueológicos que dieron lugar a la publicación de dos estudios académicos: 'Cerámicas en Decelia' y 'Miscelánea arqueológica'.

jackie kennedy federica pablo grecia tatoi
Bettmann//Getty Images

Tatoi quedó deshabitado en 1967, cuando un pelotón de paracaidistas del Ejército dio un golpe de Estado en Grecia. Inmediatamente, los militares asaltaron el palacio de Tatoi y desalojaron a los jóvenes monarcas, Constantino y Ana María. En ese momento, la Reina estaba embarazada de ocho meses de su segundo hijo. Tras la definitiva abolición de la monarquía griega en 1973, el palacio pasó a ser propiedad del Estado y quedó abandonado.

El incendio que casi destruye Tatoi

El olvido de Tatoi se interrumpió trágicamente en agosto de 2021, cuando un gran incendio arrasó más de 16.000 hectáreas de bosques y rodeó el palacio. El palacio se salvó milagrosamente del fuego, pero cinco de las cuarenta construcciones de la finca se vieron afectadas y se quemaron varios contenedores con objetos históricos. Es probable que la misma familia real realizara alguna petición de auxilio en nombre de la que fuera su hogar, aunque no han trascendido detalles de este tipo de gestiones.

constantino grecia ana maria tatoi
Keystone//Getty Images

Sea como fuere, el daño del abandono se ha reparado ahora gracias a una inversión de alrededor de 15 millones de euros. Un gesto debido de cuidado del patrimonio, un regalo para los turistas del futuro y, para la familia real griega, un momento histórico. Aunque el Gobierno les permitió volver al país en 2013, la reapertura este año de Tatoi supone, al menos simbólicamente, la normalización de su presencia en Grecia.

Es de esperar que la reina Sofía pueda disfrutar de todo este reverdecer de su lugar favorito en el mundo antes de la inauguración: sería un detalle para con la única persona viva que puede recordar cómo fue Tatoi en su época de esplendor. También, permitiría borrar del recuerdo la triste imagen de la reina Sofía frente a la tumba de su hermana, azotada por el frío viento de invierno ateniense y abrazada una bandera griega, reposo de sus lágrimas.