- 25 reformas espectaculares: antes y después
- 20 cerramientos de cristal para separar ambientes
- 50 cocinas en color verde: ideas y ejemplos para reformar
La geisha que preside el comedor de este piso de Chamberí, tiene una historia muy especial: la madre de la propietaria, que padecía alzhéimer, pasó sus últimos años hablando con ella. Ese vínculo –y la fascinación de la clienta por la cultura oriental– fue uno de los puntos de partida de una reforma que tenía además otro condicionante inamovible: un suelo hidráulico hexagonal en tonos verdes, hueso y granate que recorre la primera parte de la casa.
Con esos dos elementos sobre la mesa, la interiorista Silvia Trigueros empezó a trabajar en un inmueble muy compartimentado, sin luz natural y lejos del carácter que merecían sus techos altos y su planta generosa. El primer paso fue recuperar ese lenguaje clásico desde la estructura: grandes cornisas y rodapiés que el piso había ido dejando atrás y que ahora vuelven a darle la escala que le corresponde.
Cómo pasar de una distribución compartimentada a un plan abierto
La planta original dividía el piso en dos áreas separadas por una gran corredera: una primera con dos habitaciones que funcionan como despachos y un baño de visitas; y una segunda –cocina, salón-comedor, cuarto de lavandería, dormitorio y baño– que es el ámbito realmente habitado. Esta estructura se mantuvo y se potenció, ya que respondía bien al uso casi individual de la casa. A partir de ahí, toda la propuesta de materiales y color arrancó desde las baldosas hexagonales.
La cocina es la gran apuesta de esta reforma. Lejos de quedar relegada a un rincón funcional, se convierte en el centro del proyecto y actúa de nexo visual entre el resto de estancias. El mobiliario en verde salvia, que incluye una península con barra de desayuno, recoge directamente los tonos del suelo hidráulico y los traduce en clave contemporánea, aportando frescura y un sensación de calma. "Integra los colores de la vivienda y transmite vitalidad y paz a la vez", describe la interiorista.
Un cerramiento en esquina resuelve con elegancia la entrada de luz, con perfiles en dorado que enmarcan el acristalamiento y establecen el primer guiño a un elemento que se repite a lo largo de todo el proyecto. Los toques dorados, siempre sutiles, aparecen también en herrajes, molduras y accesorios, añadiendo ese punto de clasicismo que el inmueble reclamaba y que ahora recorre cada estancia sin imponerse.
Cómo se decoró el salón-comedor con la geisha como referencia de color
El salón-comedor está resuelto con una lógica de ajuste: todo el mobiliario responde a la escala real de la estancia y al uso que se hace de ella, sin forzar una amplitud que no corresponde. La geisha preside el conjunto desde la pared principal, y sus colores –ocres, verdes apagados, tierras– se repiten en tapicerías y piezas decorativas, funcionando como paleta de referencia que ordena cada decisión posterior.
Las paredes se visten con molduras sencillas que enmarcan las obras de arte sin robarles protagonismo. En la gran embocadura, un espejo amplía visualmente la estancia y multiplica la profundidad. La sensación de amplitud que el piso no tenía antes de la reforma se consigue así, sin tocar la estructura, solo con la disposición acertada de los elementos.
En el comedor, las curvas toman el relevo con la elección de una mesa de madera con sobre circular y base de palillería. La acompañan cuatro sillas de terciopelo en tonos verdes con ribeteado rojizo y patas de madera. El hilo dorado aparece también aquí en los detalles de la iluminación, reforzando la coherencia con el resto del proyecto.
En la zona de trabajo, separada del área privada por la corredera, las dos habitaciones que funcionan como despachos mantienen el mismo lenguaje de molduras y rodapiés. El baño de visitas se plantea con un tratamiento más neutro que no interfiere con la personalidad del conjunto, pero que comparte los mismos materiales y acabados.
Qué materiales y soluciones a medida se eligieron para el dormitorio y el baño
Al cruzar al dormitorio, la paleta cambia de registro. Los verdes y huesos de la zona de día dan paso a una combinación de azules y tierras que rebajan la intensidad y preparan para el descanso. La presencia oriental, que la clienta siente como algo íntimo, se materializa aquí en un mural en blanco y negro en la pared del cabecero y en el papel pintado del baño.
El espacio es ajustado, y por eso prácticamente todo el mobiliario fue diseñado a medida: el cabecero, las mesitas de noche, el armario y el mueble de baño responden a las medidas exactas de cada rincón. También el baño, donde el papel pintado con motivos orientales en la misma gama de azules y tierras del dormitorio mantiene la continuidad entre espacios y cierra el círculo que abre la geisha en el salón.
Los suelos de madera combinan lamas rectas con diseño en espiga, este último, reservado para el área de salón-comedor. En las paredes donde no hay papel pintado, el color de la pintura es un blanco roto que multiplica la luminosidad natural sin restar ni un ápice de calidez. A ese efecto de claridad también contribuyen los espejos, situados estratégicamente en algunos puntos de la casa.
El resultado es un piso donde cada elección tiene una razón de ser. "Era importante que la casa se sintiera suya desde el primer momento", resume la interiorista. Y lo es: la geisha conserva su lugar, el suelo hidráulico se mantiene intacto en la entrada de la vivienda, y la paleta cromática va cambiando de registro sin perder nunca el hilo.

















